La consulta con mujeres que viven en barrios populares de Rosario y Santa Fe deja en claro que la precariedad de la vida es también un factor de riesgo en la prevención del cáncer de mama.
“La realidad de las compañeras es que la mayoría hoy en día tiene que salir a buscar el plato de comida y si vos tenés que ir primero a sacar un turno al dispensario para que te atienda la generalista o ginecóloga, ahí perdés medio día o tal vez un día entero”, cuenta Romina Saavedra, referente del Movimiento Evita en el barrio La Lagunita de Rosario.
“Después tenés que ir a ver cuándo te dan el turno, por ejemplo, para una mamografía. Tenés que ir toda la semana a ver si conseguís ese turno, porque la lista de espera es un montón”, relata.
“Entonces, ahí ya perdés otro día y después, si vas a la mamografía, llegás y tenés la máquina rota, perdiste un día y ahí tenés que volver a esperar el turno, que lo vuelven a sacar desde el centro de salud”, siguen las peripecias.
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Durante el mes de octubre, un dispositivo del Ministerio de Salud se acerca a los barrios con el objetivo de mejorar indicadores de cáncer de mama.
Estas dificultades se multiplican para quienes viven al día: “Como la mayoría de las compañeras de los barrios trabajamos en negro, no lo recuperás. Después, bueno, tenés que hacer magia. Ya hacés magia con lo poco que ganás, imaginate si perdés uno o dos días al mes”.
Enfermarse sin poder parar
A veces, ni siquiera con diagnóstico y tratamiento se puede dejar de trabajar. “Hace muy poco pasó el caso de una vecina que tuvo cáncer de mama y ella, el día que le hacían la quimioterapia no trabajaba, pero al otro día tenía que ir a laburar igual”, contó.
Que el mismo día no podía trabajar era un hecho, porque “salía muy descompuesta, mal”. “Pero al otro día sí iba a trabajar igual, porque tenía los pibes que mantener. Los espacios sociales del barrio se encargan de tratar de ayudar, pero no es lo mismo”.
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Esos espacios sociales hoy están supliendo ausencias del Estado. “Eso juega muy en contra para los vecinos y las vecinas que tengan problemas de salud, que no solo es el cáncer de mama, tenemos cáncer de útero, que hace unos años explotó todo y eso también generó un montón de casos, porque no se podían hacer el control anual que te tenés que hacer, el papanicolau, porque una prefiere ir a trabajar antes de ir a hacerse un control porque sabés que si no, no llegás”.
La salud postergada
El trabajo no registrado es una constante en esos barrios. “Las mujeres que trabajan en casas particulares viven el día a día. Si un día no trabajan, no comen. He tenido entrevistas con mujeres que me dicen: ‘Yo para ir al médico tengo que estar por demás enferma, prefiero ir al trueque a hacerme una moneda para darle de comer a mis hijos, que ir al hospital y estar esperando tres o cuatro horas para que me atiendan y que me digan que no tienen medicamentos’”, aporta Sole Orduñaz.
No puede olvidar lo que ocurrió el año pasado con una vecina: “He tenido una señora a la que operaron y le tuvieron que extraer las mamas. Fue muy arriesgado el tratamiento, no conseguía los medicamentos, el traslado; al ser una madre soltera, le resultaba muy dificultoso llegar al hospital, el costo que le ocasionaba”, enumera.
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Desde el gobierno provincial niegan que haya demora en los turnos.
“Muchas veces la hemos ayudado para que pueda llegar a hacer sus tratamientos hasta que se pudo operar. Es muy difícil, cuando son madres solteras que dependen de un trabajo informal, elegir hacer un tratamiento o darle de comer a los chicos”, cuenta la vida cotidiana de las mujeres del barrio.
Y suma: “Más el costo de los colectivos y tener que estar en el hospital a las cinco o seis de la mañana, ya tener que hablar de un remís, que sale 10.000 pesos más o menos”.
Cuidarse o trabajar: un dilema cotidiano
La experiencia de Vanina Leguizamón, en la zona oeste de Rosario, es que muchas mujeres deben elegir entre parar la olla y atender su salud. “Trabajo en una cooperativa de limpieza por la mañana, estamos con monotributo y la obra social no cubre nada, y lo que hacemos es ponernos en contacto con la asistente social del barrio y tratar de acelerar esos pasos, porque si no, se pierden los días laborales”, relata los padecimientos de las mujeres de su barrio.
Ella también es promotora de género y salud. “Principalmente acá en los barrios populares, tenemos ese problema: las compañeras trabajan el día a día, cobran el día y, por ahí, si pierden el día de laburo, es la única entrada que hay en la casa”.
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“A veces, cuando hacemos campañas en el barrio, hay compañeras que ni siquiera tienen puesta una vacuna. Hace poquito hicimos un control de salud y había compañeras a las que les faltaban casi todas las vacunas; una mujer que tiene que salir a laburar se deja estar, no hace los controles mensuales ni anuales”, sigue Vanina.
El esfuerzo de los centros de salud
Tanto Vanina como Romina, de Rosario, reconocen la tarea de las y los profesionales del Centro de Salud municipal Luchemos por la Vida, con el que trabajan en conjunto. “La verdad que nos sacamos el sombrero con los profesionales, porque trabajan mucho con el territorio, con los vecinos, trabajan para los vecinos”, dice Romina.
No alcanza. “Para hacer mamografía, ellos no tienen acá, tienen que derivar a otro lado y mayormente en el año, el aparato se rompe dos veces y tenés que esperar dos o tres meses para que lo arreglen”, asegura.
Desde la Secretaría de Salud municipal aseguran que tienen una estrategia para aumentar el acceso a los controles de las adscriptas a los centros de salud, donde hay 16.000 mujeres en edad de hacerse los estudios. Entre 2024 y 2025 aumentaron del 30 al 50% las que accedieron a la mamografía.
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Entre los datos oficiales y los relatos del territorio hay una brecha: la vida cotidiana de las personas.
Un relevamiento en Santa Fe
Carolina Aquino, de Alto Verde, también promotora de género y salud formada en la Universidad de La Plata e integrante de la organización político-sanitaria Irma Carrica, de Patria Grande, realizó un relevamiento entre julio y agosto sobre las deficiencias del sistema de salud, especialmente en el primer nivel.
Ese trabajo se realizó en cinco barrios populares de Santa Fe —Alto Verde, Santa Marta, Playa Norte, Camino de San José y Los Hornos—, en 114 hogares. “El 66% mencionó tener dificultades al ir a atenderse en salud pública; para el 61% era por el escaso horario de atención, para el 57% por la falta de especialidades, para el 20% por la distancia del centro de salud y el 22% por maltratos”, reflejó los resultados.
En ese barrio hay tres centros de salud. “En el más grande, que tiene casi todas las especialidades, el tema del horario es fatal porque hay gente que va de las seis o siete de la tarde para conseguir un turno al otro día a la mañana. O sea, hace cola hasta el otro día a las siete de la mañana para conseguir turnos, y se dan diez por día”, cuenta.
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La cantidad de profesionales tampoco alcanza, sobre todo por el incremento poblacional. “En 2016 hicimos un relevamiento: había casi 15.000 habitantes y ahora son casi 22.000”, sigue Aquino.
También Sole Orduña asegura que la demora para hacerse una mamografía ronda los dos meses. “Las mamografías y las ecografías se hacen en Cemafé. Te piden turnos programados y específicamente tenés que esperar uno o dos meses para que te demos turno”, dice.
El trabajo del Estado
Desde la Agencia Provincial del Cáncer, Silvina Correa niega que haya demora en los turnos. “Siendo octubre, tenemos turnos para mamografías para los primeros días de noviembre”, afirma.
Correa cuenta sobre la estrategia Agendá Salud, un dispositivo del Ministerio de Salud que tiene el objetivo de mejorar indicadores de cáncer de mama, de cérvix y de colon, pero que a su vez es “un modelo nuevo de atención”.
Agendá Salud se hizo como prueba piloto en la ciudad de Santa Fe, pero hoy se extiende a otros lugares de la provincia. “Es un modelo nuevo de atención, porque todas las semanas tenemos tres o cuatro centros de forma simultánea, donde hacemos controles integrales de salud: la parte de controles cardiovasculares, glucemia, se saca el Índice de Masa Corporal, se hace el papanicolau, se entregan turnos de mamografía ya con día y hora a distintos mamógrafos según donde vos vivas y los colectivos que lleguen, y también se entrega, si está en edad, el test de sangre oculta en materia fecal”, puntualiza la funcionaria.
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Simultáneamente, los centros de salud ese día arman consejerías de diferentes temáticas, según los profesionales disponibles o los problemas que quieran fortalecer en el barrio.
“Todas las semanas atendemos 40 pacientes por centro de salud, o sea que se les hacen controles integrales a entre 150 y 160 personas todas las semanas”, apunta.
“Es un modelo de atención nuevo. La ministra siempre nos pide que nos acerquemos al territorio, escuchemos a la gente, le hagamos más fácil el acceso, y la verdad que tenemos encuestas de satisfacción: son todas positivas”, afirma.
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El Cemafé tiene dos mamógrafos, con 34 turnos a la mañana y 34 a la tarde.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Detalló que Cemafé tiene dos mamógrafos, con 34 turnos a la mañana y 34 a la tarde, donde se hacen estudios de corrido de 7.30 a 17.45. En el hospital Sayago también empiezan a las 7.30 y terminan a las 16.45, con 15 turnos por turno.
“También hemos sumado movilidad, a través del 107, con minibuses que traen a mujeres de otras localidades cercanas, donde no hay mamógrafo en los efectores”. Correa asegura que “no hay demanda insatisfecha en cuanto a mamografía”.
Las dificultades diarias
La funcionaria reconoce que “las mujeres que tienen trabajos informales son un montón”, algo que se ve en los centros de salud cuando ofrecen los turnos. “Llevo turnos de mañana, de siesta y de tarde. Entonces, la mujer puede elegir”.
En esas situaciones, escucha a las mujeres decir: “El jueves no trabajo a la mañana y puedo ir a la mañana; otro día puedo ir a la siesta”. Esa estrategia permitió que hubiera “menor deserción en los turnos, o sea, que la gente no falte”.
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Antes, llevaban turnos para el día siguiente, y las pacientes no podían ir. “¿Por qué? Porque la mujer no se pudo organizar”, cuenta.
Así fue que hicieron “una encuesta en 16 mujeres que habían faltado, de qué les había pasado, y bueno, la mayoría tuvo un problema que no pudo resolver en su vida diaria y no pudo concurrir. A veces porque tenía trabajo, no tenía ese día la plata para el colectivo o porque no había cobrado. O sea, hay multiplicidad de cosas que pasan”.