El fiscal de la Unidad de Homicidios Estanislao Giavedoni presentó la acusación contra un hombre de 33 años, acusado de haber asesinado a Gisela Fiamaca, su esposa, de un puntazo en la vivienda familiar que compartían en Santa Rosa de Lima.
Gustavo Ponce de León se encuentra en prisión preventiva desde el 22 de julio de 2020 y la causa se resolverá a través de un juicio oral y público.
El acusado es defendido por el abogado particular Ignacio Alfonso Garrone, quien desde un primer momento cuestionó la responsabilidad de Ponce de León en el ataque. Gisela Fiamaca fue trasladada por el hombre y otro familiar al hospital, donde falleció a las pocas horas.
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Tras dar por concluida la investigación, la Fiscalía presentó la acusación contra Ponce de León como autor de homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género- femicidio, y ahora se aguarda que la Oficina de Gestión Judicial fije fecha para que se concrete la audiencia preliminar.
A la madrugada y entre cuatro paredes
Gisela perdió la vida por una herida punzante en el costado del tórax, que le lesionó el corazón. El ataque ocurrió en la casa de calle Tucumán al 4600, donde vivía junto a su marido Gustavo y la hijita de ambos, el domingo 19 de julio de 2020 a las tres y media de la mañana.
Gisela pidió ayuda. A los gritos, llamó a su vecina, quien les alquilaba la casa y vivía en la parte posterior. Cuando la mujer entró en la pieza, que tenía la puerta cerrada, Gisela estaba sentada en la cama, Gustavo estaba al lado de ella presionando su costado; la hija de Gustavo, de ocho años de edad, y la pequeña que habían tenido juntos, estaban en la camita de al lado.
Gisela le dio el teléfono a la vecina y le pidió que llame a la ambulancia. Ni ella ni Gustavo dijeron una palabra sobre lo que había pasado. Como la ambulancia no llegaba, Gustavo fue a pedirle ayuda a un tío de Gisela, con quien había estado cenando: “Vamos al hospital. Gisela está descompuesta”.
Cuando llegaron al nosocomio dijo lo mismo: está descompuesta. Los médicos advirtieron la herida en el costado y la sometieron de urgencia a una cirugía, pero no fue suficiente y Gisela falleció algunas horas después.
Violencia de género
Las sospechas sobre la autoría del ataque a Gisela recayeron enseguida sobre su marido: no había otra persona con ellos en la casa y ya era sabido por la familia que Gustavo era violento con ella. La familia de Gisela rechazaba el vínculo, lo que generaba peleas y distanciamientos.
Los testimonios brindados por una de las hermanas y la mamá de Gisela remarcaron el silencio que siempre mantuvo la joven ante las agresiones de su marido, a pesar de que era habitual verla con el rostro lastimado. Ese silencio que, tal como sostuvo la fiscal Cristina Ferraro cuando solicitó la prisión preventiva de Ponce de León, y valoró la jueza Susana Luna, es una de las mayores manifestaciones que pueden expresar las mujeres sometidas a la violencia machista. “¿Por qué pedirle ayuda a gritos a su vecina y no a su marido, que estaba al lado de ella?”, se preguntó Luna al momento de resolver.
Gisela siempre se mantuvo en silencio, hasta el último momento de su vida. Ese silencio era un claro síntoma de vulnerabilidad y de sometimiento. A partir de los golpes, su cuerpo dijo lo que su boca no pudo poner en palabras. Gustavo siempre estuvo presente. Esa asistencia que le brindaba para demostrar su poder: estoy acá, al lado tuyo. No digas nada. Y Gisela no dijo nada.
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