Lo cierto es que el lunes 9 de septiembre, los 20 seleccionados no solo por tener buenas ideas, sino también por pensar en soluciones viables, se encontrarán para poder dar forma a una idea que tenían en la cabeza, conseguir clientes, ampliar sus mercados, modificar la unidad de negocios o darse cuenta de que su emprendimiento simplemente no va a funcionar.
“En cualquier caso, para mí se trata de casos de éxitos porque no hay nada peor que insistir con algo que no es viable y perder tiempo y energía en eso. Nueve de cada diez startups no sobreviven más de tres años. Nosotros queremos bajar ese índice de mortalidad”, indica Tomas Volonté quién, junto a Damián Sánchez, creó Novolabs, la primera escuela argentina de startups, que apunta a validar paso a paso cada una de las ideas para disminuir la ratio de fracaso y evitar que sus creadores pierdan tiempo y dinero en proyectos inviables.
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¿Cómo anotarse?
Cada curso –o edición– dura cuatro meses y requiere de un pago por única vez como en cualquier curso, carrera o posgrado. Cada uno de los proyectos que son elegidos son sometidos previamente a presentaciones y una entrevista de selección.
Lo que Tomás Volonté y Damián Sánchez quieren lograr es que los emprendedores puedan trabajar en tres puntos de dolor que tienen actualmente las startups.
“Por un lado, porque muchos emprendedores construyen algo que nadie quiere. Se trata de soluciones que directamente no tendrían que haber existido. No es que les vaya mal porque se idearon en un contexto adverso, tuvieron mala suerte o explican mal la idea. Sencillamente es porque se lanzan soluciones al mercado que nadie está necesitando. Lo que sucede mucho es que alguien dice “tengo una idea” y en vez de comenzar a investigar si es viable o si el mercado la está pidiendo, destinan recursos a armar la aplicación”.
Damián Sánchez y Tomás Volonté en un reciente encuentro de Novolabs.jpg
Tomas Volonté y Damián Sánchez crearon Novolabs, la primera escuela argentina de startups.
“Luego y muy ligado al primer punto de dolor, es que los emprendedores se quedan sin dinero y sin energía antes de encontrar el producto que la gente quiere y que muchas veces no tiene nada que ver con la idea original. Entonces los emprendedores la consideran buenísima, apuestan todo y cuando la lanzan al mercado se dan cuenta que no sirve, pero ya no hay dinero para hacer los cambios, se desgastaron mentalmente y carecen de motivación para encontrar el producto que tiene el potencial para ser exponencial”.
“Finalmente, otro de los grandes problemas son los desacuerdos entre los socios que no son conversados desde el principio y que aparecen cuando llega el momento de formalizar la empresa y constituirse como sociedad. Ya hay un desgaste por los años de trabajo, la empresa vale mucho y no hay acuerdos entre los founders en relación hacia dónde quiere llegar cada uno a nivel personal y empresarial. Cuando llegan al objetivo, algunos socios se sienten realizados y quieren sacar el pie del acelerador y otros no. Hay que hacerse preguntas introspectivas sobre la empresa de arranque porque si no después se corre peligro de tener que cerrar al no encontrar puntos en común”, sentencia Tomás Volonté.
Novolabs recibe proyectos que están en fase de idea y también los que están un paso más avanzados pero que no cuentan con clientes y necesitan buscar mercado. “Lo que nosotros miramos es que pueda existir dicha necesidad y lo más importante es que tengan en el mercado los contactos para poder hacerlo. Que tengan un networking previo. Nuestro criterio de selección tiene que ver con preguntarnos: ¿A quién creemos que le podemos mover la aguja? ¿Cuál es el emprendimiento que realmente va a cambiar el rumbo luego de su paso por Novo Labs?, indican desde la escuela.
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En esta selección de emprendedores hay proyectos de todo tipo, color y procedencia. Entre ellos, algunos se destacan por su originalidad, el problema que apuntan a resolver o el sector al que pertenecen.
Uno de ellos es Fantastic Foils, de Santiago Omar Scaine, que creó una tecnología para construir lanchas que vuelan hasta 2 metros por encima del agua. Ya tiene un prototipo funcional en San Isidro y está intentando encontrar el mercado.
O también Daily Health, del español –nacido en Zaragoza– Álvaro Suárez, quien cuenta con una tecnología patentada para crear suplementos alimenticios personalizados, imprimirlos diariamente y que la gente los consuma en forma de chupito, adaptados a sus déficits y necesidades rutinarias de estudio, deporte, etc.
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“Lo importante es participar” es una frase que escuchamos a menudo. La mayoría quiere ganar y en el mundo emprendedor eso, a veces, es un problema que impide poder ver con claridad cuándo es momento de cambiar a otra unidad de negocios. Sin embargo, “aun cuando sucede eso, yo creo que todos los finales son exitosos porque, aunque una idea no sirva, darte cuenta te permite dejar de gastar recursos en algo inviable”, dice Tomás Volonté.
Pero para aceptar eso hace falta un mindset que permita ver en el error y el fracaso una situación de ventaja. Más allá de ser un genio, de tener una revelación o de inventar la mejor solución del siglo, los mejores atributos son “la humildad, la resiliencia y la capacidad de adaptación; ser una buena persona, trabajadora y saber escuchar. Obviamente que lo técnico sirve, pero sin estas soft skills no se va a llegar muy lejos. Sin humildad es imposible que puedas armar un equipo ganador y lograr consensos. Todas las empresas que hoy veneramos, como por ejemplo AIRBNB o Instagram nacieron para otra cosa o tuvieron muchos lanzamientos porque supieron pegar el volantazo a tiempo. Cuando uno está enamorado del problema puede cambiar mil veces hasta encontrar la solución para resolverlo”, finaliza el founder.