Las dos jóvenes desean expresar su frustración: después de años de espera, de idas y venidas, de preguntar y mandar cartas a la Fiscalía, los abusos sexuales que sufrieron cuando eran niñas –y que se animaron a denunciar de adultas– prescribieron. La reparación que esperaban del sistema judicial jamás llegó.
Según la ley que estaba vigente cuando se cometieron esos ataques, el tiempo de prescripción –12 años– corría desde el momento en que se cometían los hechos. Ahora corren a partir del momento en que la víctima puede denunciar. Para una niña, un abuso sexual es “una bomba en su subjetividad”, según la descripción de Bettina Calvi, psicóloga especialista, y no sólo ella: así lo indica toda la bibliografía existente.
A fines de 2021, Luz envió una carta al Ministerio Público de la Acusación. La agrupación Juntas y a la Izquierda convocó a una manifestación frente a la Fiscalía. Ella se reunió con el fiscal Roberto Olcese. “Él me dijo que no podían ni siquiera meterlo preso, entonces yo le dije: ‘Vos me estás diciendo que me lo voy a seguir cruzando por la calle’. Me dijo que sí, que él no podía meterlo preso porque no tenía el material probatorio”, se indigna.
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Es que Luz supo que su padrastro quedaría en libertad el mismo día que hizo la declaración en Cámara Gesell. Lo había denunciado por abusos sexuales sufridos desde que tenía 4 años y hasta los 19. Olcese dictó la prescripción porque se cumplieron 12 años del delito que Luz detalló en su denuncia, ocurrido cuando ella tenía 5. Hoy tiene 28. Presentó la denuncia el 6 de febrero de 2019.
Luz estudia Psicología y sabe perfectamente que el tiempo subjetivo no se rige por el Código Penal. Por eso, considera que los abusos deben ser imprescriptibles y concentra sus críticas al funcionamiento del sistema: “El problema es que a mí nunca se me avisó cómo sucedieron los hechos, ni siquiera cuando yo iba, ni cuando llamaba. Me decían que no me podían avisar el procedimiento de la causa porque era una manera de cuidar a la víctima. Que yo no podía saber qué pasaba”, asegura. Cree que no haberse constituido como querellante la alejó de la información.
En la Fiscalía aseguran que todas las víctimas tienen derecho a la información, más allá de su decisión de convertirse en querellantes. Así lo define el Código Procesal Penal de la provincia de Santa Fe, que en su artículo 80 establece los derechos de las víctimas. Son varios, pero a los fines de esta nota, se destacan el artículo 3 (“A obtener información sobre la marcha del procedimiento y el resultado de la investigación”) y el 8 (“A obtener la revisión de la desestimación de la denuncia o el archivo y a reclamar por demora o ineficiencia en la investigación, ante el Fiscal Regional, y ante la negativa de éste, ante el Fiscal General, sin perjuicio de formular, cuando correspondiere, queja ante la Auditoría General del Ministerio Público de la Acusación”).
Esos derechos sólo pueden ejercerse si se conocen. ¿Cómo hacen dos jóvenes que no están en condiciones de pagar un patrocinio jurídico para llevarlos adelante?
Cada historia tiene sus particularidades. Una de las entrevistadas está asustada: sufrió hostigamiento familiar y prefiere, directamente, que se omita cualquier detalle de su historia. “No quiero volver a estar en el radar de esa gente”, dice, con lágrimas en los ojos. La mueve una convicción: su denuncia presentada en 2017, que intentó reactivar en 2019, corre la misma suerte que muchas otras. En 2021 le informaron que había prescripto.
En el relato de las dos entrevistadas, el núcleo de la queja está en las demoras, las dilaciones, las negativas que culminaron en la prescripción. Tras la manifestación frente a la Fiscalía, que se realizó con el lema “Los delitos sexuales no prescriben”, la Asociación de Fiscales hizo un comunicado. Expresaron que la Unidad Especial de Violencia de Género, Familiar y Sexual de Santa Fe “se ha caracterizado por llevar adelante la actividad fiscal en estricto cumplimiento del deber de debida diligencia reforzada. En tal cometido, los órganos fiscales que la integran han actuado de manera oficiosa, exhaustiva, imparcial e independiente, procurando el íntegro goce de derechos de las víctimas”.
Hay un abismo entre la vivencia de Luz y las afirmaciones de los fiscales.
En la Argentina rige la ley 27.206, de 2015, que modifica los plazos de prescripción de los delitos de abuso sexual cometidos contra niños, niñas y adolescentes. “Se suspende la prescripción mientras la víctima sea menor de edad y hasta que, habiendo cumplido la mayoría de edad, formule por sí la denuncia o ratifique la formulada por sus representantes legales durante su minoría de edad”. El plazo ahora corre a partir del momento en que se presenta la denuncia.
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La que rige, sin embargo, es la ley vigente en el momento en que se cometió el delito, porque ninguna norma se puede aplicar en forma retroactiva.
La diputada nacional (mandato cumplido) por Río Negro, Lorena Matzen, presentó en 2018 un proyecto para que estos delitos sean imprescriptibles. Primero perdió estado parlamentario y ni siquiera fue tratado en la Comisión de Legislación Penal. Volvió a presentarlo en 2021 y ahora deberá tratarlo esa misma comisión, sumada a la de Familia.
La exlegisladora radical fundamenta que se trata de delitos que tienen un impacto duradero en la subjetividad, “sobre todo si se tiene en cuenta que el 80% de los abusos ocurren en el ámbito intrafamiliar”.
Esta iniciativa tenía un motivo fundamental: denunciar un abuso sexual sufrido en la infancia es difícil, muchas veces las víctimas recién pueden identificarlo como tal a partir de una terapia. Así lo dice Luz en su denuncia: “Con el último tratamiento supe con certeza que todo esto había sido un abuso sexual”.
En diálogo con AIRE, Luz abunda: “Como futura profesional, sé que las víctimas tienen un tiempo, no todas se animan a hablar y no es fácil, no me podía estar diciendo que había un tiempo límite para denunciar, cuando a mí me dijeron que no hay tiempo límite, estos delitos no prescriben”. Lo pone en primera persona: “Ojalá pudiera cruzar una puerta y no tener miedo, no tener asco, pero lamentablemente no hay una puerta al mundo mágico”.
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