Piden 18 años de prisión para un asistente escolar por el abuso sexual de una niña en la escuela Macagno
Las partes expusieron sus pretensiones en los alegatos de clausura del juicio por abuso sexual. Los acusadores piden una condena de hasta 18 años de prisión y la defensa pide la absolución.
El asistente escolar de 30 años enfrenta una posible condena a 18 años de prisión por abuso sexual
El juicio que se le sigue a un asistente escolar por abuso sexual infantil en la escuela Macagno tuvo este lunes la jornada de alegatos de clausura.
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El bloque acusador solicitó un pedido de condena de hasta 18 años de prisión para Tadeo Azcurra, mientras que la defensa reclamó que sea absuelto de culpa y cargo.
El juicio se realiza en los Tribunales de Santa Fe ante el juez Lisandro Aguirre; Azcurra llegó al juicio acusado de autor de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de una niña de siete años.
La acusación es representada en el juicio por la fiscal Jorgelina Moser Ferro y los abogados querellantes Agustina Taboada y Matías Pautasso. En tanto, Azcurra es asistido por el abogado defensor Santiago Banegas.
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Según la acusación, el hecho ventilado en el debate ocurrió el 19 de abril de 2024 en una cuarto de limpieza de la escuela Macagno; por su parte, la defensa insiste en que la niña no fue víctima de abuso sexual.
Condena por abuso sexual
Al finalizar el debate, la Fiscalía y la querella mantuvieron el pedido de condena a Azcurra como autor de abuso sexual infantil. La acusadora pública solicitó una pena de 15 años de prisión, mientras que la querella reclamó 18 años de prisión.
"¿Qué ocurre cuando la palabra de una niña, la secuencia de cámaras, el espacio físico de la escuela, la intervención médica inmediata y la prueba bioquímica se encuentran todos en el mismo punto? La respuesta es clara: ocurre que el hecho está probado", sostuvo la querella en el inicio de sus alegatos.
Los acusadores sostuvieron que el hecho está probado a través de la convergencia de pruebas y no por fragmentos aislados; uno de los puntos claves del juicio fue el relato de la niña, que se integra lógicamente con las cámaras de seguridad, el espacio físico de la escuela y las pruebas bioquímicas, según destaca el bloque acusador.
En cuanto al hecho, el acusado, quien actuaba como portero en la escuela, aprovechó que la niña le pidió papel higiénico y le propuso "un juego" en el cuarto de limpieza, en un punto ciego que no era alcanzado por las cámaras de seguridad.
Esa propuesta fue en realidad un abuso sexual disfrazado de un juego infantil, sostienen los acusadores: "La violencia sexual contra niñas muchas veces opera de otro modo: mediante confianza, engaño, asimetría, manipulación y falsa apariencia de juego", destacó la querella. "Esto no fue un juego que salió mal. Fue un abuso disfrazado de juego", insistió.
El abuso, según lo relató la niña, contó con corroboración científica, ya que se halló semen y espermatozoides en la boca de la niña. En los alegatos, los acusadores aclaran que la ausencia de un perfil de ADN masculino analizable no invalida la existencia del semen.
En cuanto a la modalidad del develamiento del hecho, que la niña relató con mayor detalle en una segunda Cámara Gesell, es propio de las víctimas de abuso infantil (debido al miedo y la vergüenza) y no un signo de contradicción o contaminación, advirtieron los acusadores.
Finalmente, los acusadores enfatizaron que el acusado Azcurra utilizó su posición de autoridad dentro de la escuela respecto a una alumna de siete años, y el conocimiento de la dinámica escolar para ejecutar el abuso en un lugar que él sabía que no estaba vigilado.
Absolución
Por su parte, el abogado defensor sostuvo en sus alegatos que la acusación es inconsistente con los datos objetivos y que el hecho, tal como fue relatado, no pudo haber ocurrido. Sus ejes principales son:
La defensa sostiene que la "ventana de tiempo" en la que la niña y el acusado estuvieron fuera de cámara fue de apenas 65 segundos. Descontando el tiempo de desplazamiento, el lapso restante es insuficiente para realizar la compleja maniobra de abuso descrita por la fiscalía.
Durante esos segundos, la escuela estaba en pleno movimiento, con alumnos y docentes circulando cerca del cuarto de limpieza, lo que hace inverosímil que ocurriera un hecho así sin que nadie notara nada.
El punto más crítico para la defensa es que, aunque la bioquímica informó semen, la prueba genética no encontró ningún rastro de ADN masculino, ni siquiera una señal mínima o "ruido" en el sistema.
La defensa sostiene que la frase "probé algo" apareció tardíamente (10 meses después) y tras múltiples interrogatorios familiares y estatales, lo que sugiere una construcción influenciada por adultos y no un recuerdo real.
El abogado defensor sugiere que la niña pudo haber usado elementos de videos de YouTubers que consume (juegos de ojos tapados y adivinar sabores) para explicar por qué aceptó un chupetín de un adulto, algo que tenía prohibido por sus padres.
Finalmente, criticó que el Estado asumió la culpabilidad de Azcurra desde el inicio, ignorando protocolos (como no realizar extendidos en portaobjetos) y descartando pruebas que podrían haberlo exonerado; remarcó que el acusado estaba trabajando, que la niña entró al cuarto a pedir papel para secarse las manos, él le pidió que saliera, ella le pidió un chupetín, él se lo dio y la niña regresó al aula normalmente.
El juez Lisandro Aguirre dará a conocer el veredicto este miércoles a las 8:15.







