jueves 20 de enero de 2022
Santa Fe abuso sexual | abusos sexuales | Infancia

Por qué es difícil hablar de los abusos sexuales en la infancia

A veces, pasan años y hasta décadas desde que una niña sufre un delito contra la integridad sexual hasta que puede contarlo. La escucha adulta, el acompañamiento y la acción restitutiva de la justicia son claves para habilitar la expresión de ese sufrimiento, que tiene un efecto traumático duradero.

Irene sufrió abusos sexuales de parte de su abuelo durante diez años, desde los 8. A los 17, pudo contarlo. “La policía que me tomó la denuncia me preguntó por qué no había denunciado antes. Y yo dije: porque mi abuelo decía que se iba a matar. Eso me lo decía mucho, muchísimo. También me decía que a mi abuela le iba a dar un paro si se enteraba”, cuenta.

Sus padres la acompañaron, se inició una causa judicial, pagaron una abogada y nueve años después -en agosto de 2019- la Cámara Penal confirmó la condena a diez años para su abusador. Irene viene de una familia de clase media, contó con asistencia psicológica. Y escuchó muchas veces esa pregunta ¿por qué no denunció antes? “Yo sentía que tenía que dar una respuesta que me liberara de cierta responsabilidad que, en ese momento, yo sentía que era mía”, destaca la joven.

-¿Cuál creías que era tu responsabilidad?

- Ante la duda, todo. En esa instancia, no haber hablado antes. En la instancia previa, el abuso mismo. Al repensar sobre esto, puedo pasar en limpio tres etapas. La primera, cuando era muy pequeña y no entendía nada de lo que estaba pasando. En mi caso, fue un abuso por parte de un familiar en el que supuestamente tenía que confiar, hacerle caso y todas esas cosas. Entonces, no entendés nada, solo accedés. En general, es muy de a poco. Vos no sabés hacia adonde vas, ni podés prever cosas.

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En Aire de Santa Fe, una joven (el caso M) contó los abusos sexuales que sufrió de su tío durante su infancia, en una entrevista con Luis Mino. Luego de su valiente testimonio, hubo una explosión de 12 denuncias de abusos en Rincón.

En Aire de Santa Fe, una joven (el caso M) contó los abusos sexuales que sufrió de su tío durante su infancia, en una entrevista con Luis Mino. Luego de su valiente testimonio, hubo una explosión de 12 denuncias de abusos en Rincón.

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La segunda etapa que describe Irene es cuando van sucediendo cosas. “Empezás a entender un poquito el mecanismo de la situación, y ya estás adentro. Es demasiado tarde, ya sentís que hiciste algo malo. Que sos responsable y todo eso. Después, como hiciste algo malo, la tercera etapa sería la de negación, olvidarse, despersonalización, creer que no me pasó a mí. O pensar, bueno, a todo el mundo le pasa. O cómo me van a creer si ni yo sé bien qué pasó. O, no es tan grave, otra gente la debe tener peor. Si ya tardaste un poco en hablar, eso le suma unos cuantos años”.

El relato en primera persona ayuda a entender el difícil camino de poner en palabras el abuso sexual en la infancia. Irene amplía sus respuestas, como un aluvión: “Es importante pensarlo desde la perspectiva de una persona pequeña, porque eso a vos te rompe la cabeza”.

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Lo más relevante -y poco escuchado- que Irene quiere decir es que hay un entorno -lo llama “cultura de la violación”- que naturaliza la violencia sobre los cuerpos de niñas y mujeres. Y ese caldo de cultivo también silencia a quienes padecen estas violencias.

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El apoyo a las víctimas y la escucha activa es fundamental para que se denuncien los casos.

El apoyo a las víctimas y la escucha activa es fundamental para que se denuncien los casos.

“Hay que tener en cuenta que el abuso sexual en niñes es un hecho altamente traumático, que desarma todo lo que un niñito o una niñita tenía armado en su cabeza, toda su vida cotidiana. Sabemos que la mayoría de los abusos se producen dentro de la familia o con alguien muy allegado y esto hace que todos los niños y las niñas sientan un gran desconcierto. Esperan que esas personas adultas les protejan, y no comprenden cómo les están lastimando”, consideró Bettina Calvi, doctora en Psicología, docente titular de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario y directora del Centro de Estudios sobre Violencia y Abuso Sexual de la Facultad.

Calvi indica que cada persona puede hablar de sus padecimientos a su tiempo. "Algunos pueden contarlo cuando sucede y a otros, es tan alto el sufrimiento que eso les genera, que lo callan por años. El abuso es muy enloquecedor para las víctimas", insistió.

El 90% de los abusos sexuales contra las infancias son cometidos por personas de la familia, y se extienden en el tiempo.

La especialista subraya: “También depende de la reacción del entorno cuando niñas y niños se atreven a hablar”. La escucha atenta, darle crédito a la palabra infantil, es una forma de la protección adulta.

En la Argentina está vigente la ley 27.206, de respeto a los tiempos de las víctimas de delitos contra la integridad sexual. Fue sancionada en noviembre de 2015, a partir de un proyecto de la entonces senadora nacional Sigrid Kunath. Determina que la prescripción de una causa judicial por estos delitos empieza a correr en el momento en que la víctima puede denunciar (y no cuando se cometió).

Calvi pone el abuso sexual contra infancias en términos que han sido aceptados por Unicef. “Tiene el efecto de una bomba en el psiquismo infantil”, considera la psicóloga.

A veces, cuando se habla de abuso sexual contra las infancias, se tiende a relativizar la magnitud del daño si no hubo acceso carnal. “Es una idea que circula lamentablemente todavía, y que es errónea, porque en realidad cualquier acción que arroje a las niñes al ejercicio de la sexualidad adulta, ya sea como partícipes activos o pasivos, es abuso y constituye un delito. No es menos grave un manoseo, consumo de pornografía, sexo oral o lo que fuere que una violación. Todas constituyen abuso y todas dañan profundamente, tanto el psiquismo como el cuerpo del niño”, dice la especialista.

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Calvi subraya el valor de la denuncia. “Para la subjetividad de la víctima, tiene una importancia fundamental, un efecto restitutivo”, dice para enfatizar que, si la respuesta es incredulidad, o una desmentida, la persona es revictimizada. El fantasma de las denuncias falsas se agita, pero no tiene asidero: de su experiencia de trabajo con fiscales especializados, Calvi asegura que “son muy pocas”.

Abuso sexual infantil
Para los chicos, los abusos sexuales de personas que deberían protegerlos y cuidarlos son una bomba en su psiquis infantil.

Para los chicos, los abusos sexuales de personas que deberían protegerlos y cuidarlos son una bomba en su psiquis infantil.

La fiscal de la Unidad Especial de Delitos Sexuales de Rosario, Carla Cerliani, enumera una serie de condiciones que pueden inhibir a una persona a hablar. “En general, los casos de abusos sexuales en la infancia empiezan como juegos, entonces eso lúdico se confunde, porque un niño o una niña de muy corta edad no puede saber o distinguir lo que está bien de lo que está mal, sobre todo cuando el abusador es el padre, el abuelo”, relata.

Tanto en las estadísticas internacionales, como en la experiencia de quienes atienden estas denuncias, el 90% de los abusos sexuales contra las infancias son cometidos por personas de la familia, y se extienden en el tiempo.

El temor a que no les crean, o a que no se les pueda ayudar, dificulta denunciar. “Muchas veces, las víctimas viven en un contexto de violencia de género, y ven que no pueden pedir ayuda, o que el agresor, aunque sea denunciado, siempre vuelve. Eso es desalentador”, dice la fiscal.

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Cerliani subraya que “recién en estos últimos años, el abuso sexual empezó a ser una cuestión social, donde al culpable del hecho se lo juzga incluso socialmente. Pero históricamente, las víctimas de abusos sexuales eran culpables de los hechos, era algo vergonzoso, las convertía en mujeres impuras, generaba un estigma, una marca en las propias víctimas. Daba mucha vergüenza poder decirlo”. El "Ni Una Menos" amplió ese horizonte. “Desde 2015 es bien importante el momento social que propicia la visibilización”, plantea Cerliani.

La primera condición para que alguien pueda hablar, es que haya una escucha.

Cuando se trata de infancias, la clave es una escucha adulta activa. “Hay niños y niñas que no pueden hablar, las consecuencias de lo traumático inciden muchísimo, los paraliza. Se requiere de algún adulto a alguna adulta que esté mirando, que esté prestando atención. Tiene que ser alguien que esté alerta, que sepa escuchar, que respete los tiempos”, plantea Cerliani.

Cuando la familia no puede escuchar, un espacio privilegiado es la escuela. “Ayuda mucho la Educación Sexual Integral y las intervenciones de la escuela”, planteó la fiscal.

En diciembre de 2019, el Ministerio de Educación de Santa Fe informó que -gracias a la Educación Sexual Integral- se habían detectado 493 situaciones de abuso sexual infantil y adolescente durante ese año. “Cuando se trabaja en ESI, muchas niñas y niños identifican que sufrieron una práctica abusiva, porque en realidad antes no se le ponía palabras a eso, no se charlaba”, considera Marina Salomón, coordinadora del equipo de ESI de Santa Fe en la zona sur de la provincia.

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El trabajo en las aulas tiene un efecto bien inmediato. "Cuando pueden identificar, sobre todo en primaria, el tocamiento de las partes íntimas, que nadie las puede tocar sin tu permiso, a partir de eso surgen relatos de abusos”, contó Cerliani.

La primera condición para que alguien pueda hablar, es que haya una escucha. Escuchar activamente a niñas y niños, darle lugar a su palabra, es también una forma de prevenir años de silencio y sufrimiento.

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