Una pregunta clave sobre la violencia de género: qué pueden hacer los varones para frenar los femicidios
El femicidio de Agostina Vega abrió una conversación: el rol de los varones en la violencia de género y la necesidad de involucrarse para erradicarla.
Del “no todos los hombres” a “los varones tenemos que entrar en esta conversación”, el femicidio de Agostina Vega mostró un incipiente cambio en los medios y en la calle: voces masculinas dispuestas a interpelarse sobre violencia de género. Por primera vez con esa intensidad, el foco está en los varones que no son femicidas.
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Eial Moldavsky en el streaming, Mario Pergolini en la televisión y el actor Martín Garabal salieron a reflexionar sobre la violencia machista como un fenómeno estructural.
“El varón es el principal problema de este asunto”, dijo Eial Moldavsky. Es poco, pero es un primer paso.
Después viene algo de lo que les toca en su cotidianidad: no dar por sentado que merecen cuidados, no sentirse los “dueños” de las mujeres que los rodean, dejar de festejar chistes machistas, pararle el carro al amigo que habla despectivamente de su pareja o de su ex, no asumir que todas las mujeres son “locas” y quieren “perjudicar a los varones”, pagar la cuota alimentaria y cuestionar a quienes incumplen esta obligación con sus hijos.
Y ya no se puede preguntar qué tiene que ver eso con un femicidio. Porque el primer Ni Una Menos fue en 2015, hace once años, y desde entonces quedó claro que estos crímenes son el último eslabón de una cadena de violencias que empieza por pequeños gestos y escala, a veces sin límite.
Que haya habido muchos más varones en las marchas de Ni Una Menos también es un dato.
La interpelación masculina
“Con el caso de Agostina apareció todo un algoritmo o un jaque a seriamente preguntarse qué hacemos o dejamos de hacer como varones. Nunca antes, ante un caso de femicidio, vi esa interpelación hacia los varones desde los mismos varones”, escribió por WhatsApp el psicólogo Ignacio Rodríguez, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social y responsable del dispositivo para varones que ejercen violencia hacia las mujeres de la Municipalidad de Rosario, creado en septiembre de 2015.
En ese entonces hubo algunas críticas a la utilización de dinero público para intervenir sobre los actores de la violencia machista. Hoy se revela que es imprescindible.
A Rodríguez le entusiasma que esta semana hubo “albañiles, standuperos, conductores de televisión que pusieron sobre la mesa la necesidad de reflexión”.
Claro que es más tranquilizador considerar que Claudio Barrelier es “un monstruo”, hablar del “psicópata” y confinar la violencia machista a un problema individual.
Un problema estructural
El movimiento Ni Una Menos marchó en 2015 con demandas al Estado, pero también a la sociedad. Dejó en claro que la violencia machista es estructural, que no hay “enfermos” ni “monstruos”, sino una estructura jerárquica que genera violencia al promover varones dominantes y mujeres sumisas, una sujeción a través de diferentes formas de violencia.
Y por eso, entre las demandas de la primera movilización masiva, el 3 de junio de 2015, estaba la aplicación efectiva de la Educación Sexual Integral en todo el territorio nacional.
Porque la ESI —desfinanciada por el gobierno nacional, que directamente no le asigna presupuesto— cuestiona los estereotipos de género, brinda espacios para debatir sobre los roles y permite develar las violencias. Es un espacio de transformación que habilita preguntas, por ejemplo, sobre por qué las nenas son consideradas “débiles” y los varones “fuertes”, entre muchos otros mandatos.
No es mezclar todo, sino unir piezas que forman parte del mismo rompecabezas: no habrá Ni Una Menos mientras subsistan la discriminación y la posesión.
Por eso, para erradicar los femicidios y todas las violencias machistas, hace falta que los varones cambien. Primero, que quieran cambiar.
Y hay varones que vienen trabajando en ese sentido. En la Argentina existe la Red de Espacios de Masculinidades (REMA), integrada por catorce organizaciones. En los días previos al 3 de junio, esta red lanzó un comunicado que condena “todo ejercicio de violencia machista y a los pactos de complicidad patriarcal en la que se sostienen las mismas”.
Esa red plantea “la necesidad de recuperar y/o profundizar los espacios de encuentro, reflexión y transformación personal, colectiva y relacional entre pares”.
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En ese documento, al que se puede adherir por medio de un formulario, se subraya el papel del Estado. “Las desigualdades y violencias de género son problemas estructurales y requieren de respuestas y soluciones estructurales”, describen.
Sostienen: “El Estado es responsable y sin políticas públicas para el trabajo con hombres, toda apuesta autogestionada va a resultar insuficiente”.
Todo el comunicado está escrito en primera persona. “Nuestra vocación por participar de estas luchas y reconocer nuestra desorientación e incomodidad sobre cómo hacerlo de manera respetuosa y efectiva”.
Saben que no pueden “ser indiferentes” y plantean, “más allá de estas fechas”, la necesidad “de promover formas más igualitarias de ser varones, cuestionando los mandatos machistas que reproducimos y enfrentando, junto al movimiento de mujeres y diversidades, las reacciones conservadoras contra las políticas de igualdad y abordaje de las violencias”.
Organizarse para cambiar
Ariel Sánchez es parte de REMA y uno de los fundadores del Instituto de Masculinidades y Cambio Social.
“Nos parecían muy sinceras las intervenciones de muchos varones que están en medios de comunicación o que tienen cierta referencia en redes, plantear la incomodidad y ciertas soluciones como hablar con tus amigos, hablar en tu grupo de pares, en el grupo de WhatsApp, que nos parece bien, pero queda como en algo siempre de lo individual”, plantea sobre los discursos que se escucharon en los medios.
Lo que consideran necesario es que los varones “se organicen”. Y que el Estado tome un rol.
Existen desde hace mucho tiempo organizaciones que trabajan con varones y hubo políticas públicas de género orientadas a ellos. En algunos distritos, como Buenos Aires y Santa Fe, siguen vigentes.
“Hay que hacer un llamado a los varones a poder organizarse más colectivamente en estos temas”, considera Sánchez.
Lo que quiere subrayar es que “se habla de cuestiones muy individuales y poco de los procesos colectivos y más políticos”.
Sánchez es licenciado en Comunicación Social y, sobre todo, quiere señalar que la violencia de género es “una problemática de violación a los derechos humanos, de salud pública”.
Por eso convoca a exceder el repudio al “hecho puntual de un femicidio”, como el de Agostina Vega o los 105 que se produjeron en el país solo en lo que va de 2026.
“Un repudio puede ser muy sentido, pensando en qué se está haciendo como varones, o también la mirada muy ajena de ‘no soy el femicida’, y si bien me gusta mucho más el que se piensa a sí mismo, hay que dar un paso más”.
“Estamos hablando de la vida, de los proyectos de vida, del futuro en un contexto donde hay un gobierno que está avasallando todos esos derechos cotidianos y los pactos sociales de la dignidad de las personas”, afirmó Sánchez.
Por eso subraya que es importante sumarse a la lucha de los feminismos —con respeto y sin avasallar— “involucrándose en todos lados”.
Por eso convoca a entender que la violencia machista forma parte de nuestra vida.








