Masculinidades y una pregunta incómoda: qué lugar ocupan los varones en el debate sobre la violencia de género
¿Qué pueden hacer los varones frente a la violencia de género? El debate sobre masculinidades vuelve al centro de la escena.
“¿Qué podemos hacer los varones? Esa ya es una buena pregunta para empezar”, sostuvo Villaverde sobre la violencia de género.
Los femicidios de Agostina Vega, en Córdoba, y de Dulce María, en Misiones, volvieron a generar conmoción en todo el país. Como ocurre cada vez que una mujer o una niña es asesinada por razones de género, la atención pública se concentró en las víctimas, en sus historias y en las circunstancias que rodearon los crímenes. Sin embargo, en paralelo comenzó a aparecer otra discusión que suele quedar en segundo plano: cuál es el lugar de los varones frente a estas violencias y qué responsabilidad tienen en la construcción de prácticas, discursos y conductas que forman "parte de una cultura machista que atraviesa a toda la sociedad".
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Ese fue uno de los ejes abordados por Luciano Villaverde, licenciado en Políticas Públicas e integrante de una comunidad de masculinidades que reúne a varones, mujeres y disidencias para debatir sobre género, vínculos y convivencia, en diálogo con el programa Santa Siesta, por AIRE.
“Siempre se pone la atención en la víctima o en el lugar de la madre, pero poco y nada en el lugar de los varones. Esa es la deuda que tenemos como sociedad: poder abrir el debate de las masculinidades”, sostuvo.
La deuda pendiente: hablar de los varones
Para Villaverde, uno de los principales obstáculos es que los hombres suelen pensar que las discusiones sobre género involucran únicamente a mujeres y diversidades.
“Cuando hablamos de género, generalmente está asociado a la mujer, a lo femenino o a las diversidades, pero nunca a nosotros como varones. Y esa falta de reconocernos también como sujetos atravesados por el género hace que muchas veces no nos cuestionemos determinadas prácticas”, explicó.
Según señaló, la construcción de la masculinidad comienza desde edades tempranas y está atravesada por múltiples espacios de socialización. La familia, la escuela, los clubes deportivos, los grupos de amigos y los ámbitos laborales contribuyen a consolidar modelos de comportamiento que muchas veces se presentan como naturales.
“Ya hay una asignación de género y eso lleva también a un modo de socialización, a aprender qué conducta se le asigna a un varón. Todo eso se va acentuando con el tiempo”, afirmó.
Los pactos silenciosos de la masculinidad
Uno de los conceptos que más atravesó la entrevista fue el de las complicidades cotidianas entre hombres. Villaverde planteó que las violencias extremas no aparecen de manera aislada, sino que se desarrollan en contextos donde determinados comportamientos son tolerados, celebrados o simplemente ignorados.
“Muchas veces se festeja el chiste misógino, homofóbico o transfóbico para no ser excluido del grupo de los machos. O muchas veces nos callamos porque no sabemos qué decir ”, señaló.
Frente a esas situaciones, sostuvo que el primer paso puede parecer pequeño, pero resulta significativo. “No abrir la boca, callarse y no festejar ese chiste ya es un paso”, expresó.
Para el especialista, la discusión debe darse precisamente en aquellos espacios donde los hombres construyen pertenencia y vínculos.
“Tenemos que hablar de estas cosas en la peña, en el grupo de WhatsApp, en el tercer tiempo después de jugar a la pelota. Ahí es donde se sostienen muchas de estas complicidades ”, afirmó.
Entre la responsabilidad individual y la acción colectiva
Durante la entrevista surgió una pregunta recurrente: qué puede hacer un hombre que no ejerce violencia, que rechaza determinadas conductas, pero que sigue formando parte de ámbitos donde esas prácticas continúan reproduciéndose.
La respuesta de Villaverde apuntó a evitar tanto la indiferencia como el aislamiento. “La salida nunca es individual. Tiene que ser con otros. Tenemos que empezar a pensar estrategias para habilitar la palabra y la escucha”, sostuvo.
Y agregó: “No necesariamente la solución es cerrar el vínculo. Tal vez la oportunidad está en generar una conversación para que ese otro pueda empezar a ver algo que no está viendo ”.
En ese sentido, remarcó que los cambios culturales requieren procesos largos y sostenidos, capaces de cuestionar hábitos profundamente naturalizados.
“Muchas veces ejercemos determinadas prácticas sin saber que lo estamos haciendo. Ahí está el mayor poder de la cultura: que naturalizamos cosas sin darnos cuenta”, señaló.
Romper el pacto
La comunidad de masculinidades de la que forma parte Villaverde surgió años atrás a partir de espacios de trabajo vinculados a políticas públicas y actualmente funciona como un ámbito abierto de intercambio y reflexión.
A raíz de los recientes femicidios, sus integrantes comenzaron a elaborar un documento que llevará por título “Romper el pacto y asumir el género”.
La iniciativa busca poner en palabras una inquietud que, según consideran, todavía encuentra pocas respuestas dentro de los propios grupos de hombres.
“¿Qué podemos hacer los varones? Esa ya es una buena pregunta para empezar ”, sostuvo Villaverde.
Y concluyó: “Tenemos que empezar a romper esos pactos de silencio. Así como existe una complicidad entre varones para sostener determinadas prácticas, también tiene que existir una complicidad para decir que eso no está bien. Ahí hay un camino posible”.




