La historia de resiliencia tras el brutal femicidio de una santafesina: el legado de Jesica Caparrós en las voces de su madre y su hija
Memoria VIVA | Tras el femicidio que marcó sus vidas para siempre, dos mujeres transforman el dolor en una bandera de lucha. Un relato cronológico sobre la pérdida, la fuerza de los vínculos y el presente.
Norma Flores (66) y Araceli Figueroa (19), mamá e hija de Jesica Caparrós, víctima de femicidio.
El vacío que dejó el femicidio deJesica Caparrós no es un silencio, es un eco que resuena en cada rincón de la casa de su madre y en los sueños de su hija. Su historia es la de muchas, pero su legado es único.
A Jesica la mataron en su lugar, en su refugio: su propio negocio de ropa en barrio Guadalupe Oeste. Un 27 de octubre de 2012, la violencia le arrebató el futuro. Apenas 160 pasos separan el local de la casa donde hoy su madre y su hija mantienen viva su memoria.
El quiebre de una realidad y el pedido de Justicia
Un 27 de octubre, la violencia machista le arrebató el futuro a Jesica Caparrós.160 pasos es la distancia que separaba el local de la casa donde hoy su madre Norma Flores (66) y su hija Araceli Figueroa (19) mantienen viva su memoria y hoy parece una herida abierta en el mapa.
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La tarde del crimen, el mundo se detuvo. Exequiel Figueroa, quien fuera su pareja y padre de su hija, ingresó al comercio y le disparó a quemarropa con un revólver calibre 38. Escapó, pero la justicia terminó alcanzándolo.
En mayo de 2015, el juez Enrique Álvarez dictó una sentencia ejemplar: prisión perpetua. Las pruebas fueron contundentes, desde los remitos del negocio hallados en la billetera del asesino hasta el testimonio de 30 personas que dieron cuenta de un pasado de violencia y sometimiento.
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Araceli se planta frente al micrófono para hablarle a todas las mujeres que hoy viven bajo el miedo y la opresión.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
"Fui a llevar a mi nieta al baño y cuando volví al local los vecinos me decían que no entrara, tenía a mi nieta en los brazos que lloraba sin parar y mi hija tirada llena de sangre, hasta ahora no me puedo olvidar", relató Norma Flores.
Según contó la entrevistada, se enteraron de todo lo que él le hacía cuando la policía le abrió el Facebook. "El siempre la trató mal, la golpeaba pero ella no contaba nada", expresó.
“Mi hija vendía joyas, perfumes, ropa, de todo, con tal de criar a su hija. Sentí que me arrancaban el alma, que el mundo ya no tenía sentido sin su risa”, recuerda hoy Norma Flores, la madre de Jessica.
Para ella, esos 160 pasos que separaban el local de la casa se convirtieron en un camino de lucha diaria. Los padres de Jesica y su pequeña hija Araceli Figueroa transitaron los pasillos de tribunales en una búsqueda incansable de Justicia.
En medio de ese escenario de leyes y audiencias, se gestaba una resiliencia inquebrantable.
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A la izquierda, la última foto tomada a Jesica antes de que sea asesinada. A la derecha, junto a su pequeña hija Araceli.
160 pasos de distancia y un legado que florece en casa
La historia de Jesica no terminó en aquel juicio. Su madre y su hija tomaron una decisión que define su fortaleza: trajeron el sueño de Jesica a casa. Hoy, aquel negocio de ropa "Arita Modas" que fue escenario de la tragedia renació.
Ya no está a la vuelta, está adentro del hogar. Ambas atienden el local propio, continuando con el oficio que Jesica amaba. Es su forma de decir que la violencia no pudo cerrarlo todo, que el trabajo y la dignidad permanecen bajo el mismo techo donde hoy se abrazan.
"Tengo muy pocos recuerdos con mi mamá, tenía 5 años", dijo Araceli con los ojos humedecidos. "Mis abuelos tomaron un rol muy importante para mí, tuvieron que contarme que mi mamá se murió. Estoy contenta que ellos me adoptaron, fue difícil vivir mi adolescencia sin mi mamá".
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La certeza de que a Jesica no la vencieron, porque su luz sigue brillando.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Esa cercanía con el mundo judicial desde tan temprana edad marcó profundamente a Araceli Figueroa, hija de Jesica. Al recordar el proceso, reconoce que el contacto constante de su familia con los abogados durante toda la etapa de búsqueda de Justicia fue lo que despertó su vocación.
Hoy estudia abogacía con un objetivo claro: está convencida de que, desde ese lugar, podrá brindar a otras familias el apoyo y la ayuda necesaria para atravesar situaciones tan complicadas y dolorosas como la que le tocó vivir a ella: "Quiero que mi nieta estudie, que tenga un título, que se sepa desenvolverse sin necesitar de nadie".,
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Según contó su madre Norma Flores, Jesica crió con mucho esfuerzo a su hija Araceli, trabajando en el negocio de ropa, vendiendo joyas, etc.
Un mensaje de fuerza: el pedido de la hija de Jesica
En un momento de profunda valentía, Araceli de 19 años se planta frente al micrófono para hablarle a todas las mujeres que hoy viven bajo el miedo y la opresión: “Les pido a todas las chicas que hoy sienten miedo, que sienten que no pueden más, que denuncien y le cuenten a los padres para que no suceda lo que pasó a mi mamá . No se queden calladas ante cualquier situación de violencia de género, por mínima que parezca", concluyó Araceli emocionada hasta las lágrimas.
El camino no fue fácil pero hoy, al mirar hacia atrás, estas dos mujeres no caminan solas. El asesinato de Jesica Caparrós intentó borrar una vida, pero sembró una semilla de Justicia que hoy florece en una futura abogada y en un perchero de ropa que sigue contando historias.
El amor de una madre que no olvida y de una hija que se empodera es el tributo más grande: la certeza de que a Jesica no la vencieron, porque su luz sigue brillando a solo 160 pasos de donde todo comenzó.