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Santa Fe Coronavirus | cuarentena |

Como animales

"... Las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias..." – Miguel de Cervantes Saavedra

“...Esto es ciencia ficción en la realidad amigo, ya no es el juego de la 'play', lo logramos, lo hicimos, llegamos, entramos en la pantalla y todo eso que sucedía ahí en mil dimensiones, es esto que nos está pasando ahora...”. Leyó el mensaje así como estaba escrito y apagó el celular. No quiso hablar más del tema: la distancia y el aislamiento forman un muro infranqueable para poder estar más cerca de sus hijos. Giró hacia el balcón y de aquel páramo gris le volvió una imagen real: animales caminando por la calle, en grupos de a diez más o menos. Ya dudaba entre sí estaba dentro de la play, afuera o en otro mundo sin necesidad de irse de este mundo.

Perros, gatos, roedores, caballos, vacas, algunos peces saltando de alguna fuente a donde llegaron desde el río, que empezó a volver limpio a la ciudad, cambiándole los cursos climáticos de vuelo a nubes multicolores de aves que flotaban en el aire de un lado para otro. El paisaje empezaba a parecerse al de un zoológico con los humanos adentro de las jaulas y los animales viviendo libres por la ciudad.

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Bien, al salir de esta imaginaria y (digamos con mucho cuidado) absurda irrealidad, para pararnos frente a esa posibilidad desde una fábula. ¿Qué estará sucediendo en el mundo animal frente a este panorama de humanos modificando costumbres, hábitos, espacios, tiempos, comidas, tensiones cotidianas, etc. ¿Qué preguntas se estarán haciendo a sí mismos? O, si las tuvieran… ¿Cuáles serían sus insondables emociones?

Nora la perra de calle que se quedó para siempre en las oficinas públicas del sur, ya no soporta el alimento balanceado que le sirven los policías de turno.

—¿Qué le pasa a esta gente que nadie se mueve de la casa? Hace semanas que no sale más que uno del hogar y permanecen todo el tiempo yendo y viniendo de los picos de agua lavándose las manos, al tiempo cruzan por algún ambiente nos observan soltando "qué bien la están pasando ustedes" y continúan con un "esta vez zafaron" , a lo que cuelan esa frase con expresión claramente envidiosa, algo contemplativa, pero muy elocuente que los hombres no la están pasando bien, tienen miedo, mucho más de la cuenta.

Nora, la perra de calle que se quedó para siempre en las oficinas públicas del sur, ya no soporta el alimento balanceado que le sirven los policías de turno en las puertas del dispensario de registros, que hace tres días ya nadie visita, pues el Estado aumenta a diario las restricciones para el trabajo de empleados públicos en sus oficinas. Su problema es que pasaron dos semanas consecutivas y Nora sabe que ya no es verano para que la ausencia de la directora de Asuntos Estratégicos la deje sin comer carne de verdad, la que todos los días recibe desde el arribo de aquella funcionaria, luego del traslado de personal a ese edificio. El lugar era y es horrible para las personas, sin embargo para Nora la llegada de gente y de su amiga a aquel sitio fue la vida misma ofreciéndosele en bandejas de huesos después de tanto desamparo urbanístico del que le quedaba poca vida hasta ese entonces.

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Junior y Tomás son un par de gatos muy mimosos que dos niños adoptaron para su hogar. Les encantaba pasar horas y días revolcados en los sillones con sus dueños, sentían que ser mascotas era un regalo maravilloso de todo eso que los humanos llaman naturaleza. Refugiarse, comer y sentir el cariño de esas manos puras sobre su lomo para Junior y Tomás era algo sagrado y tanto la vida como la conservación de tal rutina significaban un valor a defender con todos sus integrantes adentro frente al acecho de cualquier alteración, con uñas y dientes, aunque por estos días ya tengan la certeza que esa casa no solo era de ellos sino también de esas personas que parece que no saldrán nunca más del hogar. Ahogados y preocupados empezaron a maullar con desesperación a la hora en la que más especies cantan para acallar en las piezas donde reposan los humanos de a ratos -las cuchas- viéndolo del lado de los animales, persuadiendo a otros gatos del barrio y convocar una peña en el galpón de chapas que se encuentra en el centro de la manzana. Competir todos los días con todos los humanos y con todas sus locuras no es algo que el gremio felino esté observando con tranquilidad.

Sin dudas las experiencias de animales que van llegando de afuera hacia adentro y de adentro de las casas hacia afuera son alarmantes para el mundo animal.

Negrucho es un viejo perro callejero. Su hogar es el umbral del local bancario donde los humanos pasan a sacar dinero de los cajeros automáticos. Tiene un collar rojo, duerme entre las colas de gente…. A partir del aislamiento y desde hace unos días come de algunas bolsas de residuos y lo que a veces pasa a dejarle otro perro callejero de una estación de servicios que queda a la vuelta. Ambos comparten el barrio, deciden a qué auto que pase por la esquina perseguir para ladrarle las cubiertas, si otros perros pueden pasar por la zona sin que se lleven unos mordiscones y además se ganan la changa cuidando la cucha del ciruja que paga tirando un par de bifes que de vez en cuando liga. Ya no pueden jugar con la puerta que se abre y se cierra y correr para que el oficial de seguridad no alcance a ponerles la pierna y así entrar al banco sobre todo en invierno cuando los humanos usan la calefacción. Ahora, esa torre de vidrios parece toda una inmensa casa de lujo, algo así como un castillo para dos perros mendigos que empiezan a sentirse en el castillo mágico de un rico de raza.

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Sin dudas las experiencias de animales que van llegando de afuera hacia adentro y de adentro de las casas hacia afuera son alarmantes para el mundo animal. También de los bosques, mares, desiertos, selvas y cualquier otra superficie del planeta llegan reportes que transportan en sus picos las aves migratorias. Los comentarios vienen siendo cada día más sorprendentes.

Las costumbres humanas seguramente han sido siempre raras para los animales. Acá el problema es que se han puesto distintas de verdad, y el hombre en ese estado puede disparar para cualquier lado: su instinto de conservación está fuera de control, es lobo de sí mismo. Desconoce y se desconoce.

Luego de volver a leer en el celular el mensaje que le había enviado su hijo, volvió hacia el centro de la habitación, dejó de mirar por la ventana donde se había quedado colgado unos minutos pensando en ese mundo con animales sueltos y personas encerradas que casi como regresando de un sueño comenzó a silbar bajo la canción de Chico Novarro “Carta de un león a otro” y al pasar por quinta vez en diez minutos por el living empezó a cantar entre murmullos la última estrofa que se le venía pegando en los labios desde hacía unas tardes: "Volver a la naturaleza sería su mejor riqueza, allí podrán amarse libremente y no hay ningún zoológico de gente. Cuidate hermano, yo no se cuando, pero ese día, ¡viene llegando!".

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