jueves 16 de julio de 2020
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La historia de Celestina, la beba de Calchaquí que llegó al mundo en plena cuarentena

Cómo debieron organizarse Pilar, Matías y sus mellis para llegar a Rosario para el nacimiento de la nueva integrante de la familia en tiempos de aislamiento obligatorio y restricciones vehiculares.

Son 370 los kilómetros que separan Calchaquí de Rosario, algo más de cuatro horas en auto. Es una ciudad que está ubicada en la esquina noreste de la bota santafesina y tiene unos 11 mil habitantes. Esta historia es sobre cinco de ellos. En realidad, es sobre cómo cuatro de ellos debieron organizarse en tiempos de aislamiento obligatorio y restricciones vehiculares para cruzar la provincia. Y así llegar a ser cinco.

“Hoy me cuesta dimensionarlo, pero va a ser una historia para contar por generaciones”. Pilar Imhoff no puede evitar emocionarse, y emocionar a quien la escucha, cuando cuenta cómo fueron sus últimos días. Hace 72 horas fue mamá de Celestina, una beba que llegó a este mundo en uno de sus momentos más convulsionados. No hubo flores ni tarjetas en este nacimiento: la recién llegada deberá esperar unos días para conocer a sus hermanos, e incluso algo más para poder hacer la ronda de bienvenida con tíos y abuelos.

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Pilar y su marido Matías Cavallotti.

Pilar y su marido Matías Cavallotti.

Esta historia comienza en julio del año pasado, cuando Pilar y su marido Matías Cavallotti (más conocido como Rulo) se enteran de que están otra vez embarazados. No, en realidad, esta historia tiene muchos inicios. Una escena podría ubicarse en Esperanza, el 21 de febrero de 2009, cuando la pareja se conoce en la sede Esperanza de la Universidad Nacional del Litoral. Pilar había llegado desde Gálvez para estudiar Agronomía y Rulo de Calchaquí para estudiar Veterinaria. Tienen varios amigos en común. Y nace el amor. Cuatro años más tarde, se casan y se mudan juntos a Calchaquí. Varias páginas de esta historia se dedican a su deseo de ser padres, que es fuerte pero no se concreta. Llegan entonces los tratamientos de fertilidad en Rosario. El primero no funciona, pero pronto hay revancha. Y qué revancha. Tras el segundo tratamiento, llegan los mellizos Lucio y Fermín que nacen en julio de 2018.

Volviendo, entonces, a julio del año pasado: durante el primer cumpleaños de los mellizos es probable que se haya colado algún travieso deseo infantil al soplar las velitas. Un test de embarazo confirma ese mismo día lo inesperado: pronto serían cinco. Un curioso guiño de la naturaleza, ya que esta vez es sin intervención médica.

Pasan los meses y la panza va creciendo. La decisión de Pilar es volver a Rosario para tener su parto en el Sanatorio de la Mujer. La experiencia previa de traer bebés a este mundo había sido compleja (un parto natural de mellizos, con el segundo de cola) pero feliz. La familia quiere que su nuevo integrante también llegue al mundo con el equipo y en el espacio que la había contenido en aquel momento.

Pero, como en toda buena historia, siempre hay un malvado. En este caso, uno conocido y detestado por todos: el Coronavirus(también conocido bajo el seudónimo “Covid-19”). “La primera bomba fue enterarme de que mi médico no iba a poder atenderme”, cuenta Pilar. Alberto Leroux, quien trajo al mundo a seis de los ocho bebés de la nueva camada de los Imhoff, tiene más de 65 años. La derivan entonces a otro médico del mismo equipo.

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Pilar embarazada de Celestina, junto a sus dos hijos Lucio y Fermín.

Pilar embarazada de Celestina, junto a sus dos hijos Lucio y Fermín.

El último control, con 37 semanas, es el viernes 20 de marzo, primer día de cuarentena impuesta por el gobierno nacional. Pilar y Matías protagonizan un viaje extraño con sus mellizos, de Calchaquí a Rosario. “Cuando la cuarentena y las restricciones se fueron complicando, la situación de viajar 400 kilómetros por ruta sin poder ingresar con nenes a ningún pueblo ni poder parar en estación de servicio me dio miedo”, resume. Pero llegan a la cita médica y allí reciben la noticia de que deberían regresar el martes 24 de marzo para internarse y tener a la beba el día siguiente.

Para no viajar los 800 kilómetros de ida y vuelta a Calchaquí en tan poco tiempo y en circunstancias tan adversas, deciden hacer base en la localidad de Gálvez, a 133 kilómetros de distancia, algo más de hora y media de viaje desde Rosario. Ahí vive otro protagonista en esta historia: el papá de Pilar, Rubén, viudo desde hace 5 años. Pese a ser grupo de riesgo, se ofreció como mejor opción para resolver el tiempo de espera.

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Pilar embarazada junto a su papá Rubén.

Pilar embarazada junto a su papá Rubén.

Mientras se acerca el 24, fecha de la internación, hay que resolver otro acertijo: dónde dejar a los mellizos de año y medio mientras sus papás se internaban para traer a su hermana a este mundo. Primero evalúan dejarlos en el departamento de una hermana de Pilar que vive en Rosario, con su marido y dos nenas. Luego analizan llevarlos a San Martín de las Escobas, a 178 kilómetros y dos horas de viaje de Rosario, donde vive otra hermana. Pero mientras el debate se extiende se endurecen las medidas de aislamiento social y el acceso a este último pueblo es bloqueado por montañas de tierra. Opción tachada.

Pilar admite que hubo varios momentos difíciles. “Me dio miedo de que pusieran un estado de sitio, que los bebés quedarán en un lugar y yo en otro. Sentí que se me iba de control mi estado emocional, tenía que resolverlo para poder concentrarme en dar a luz”, recuerda. “Fue cuando decidí que volvieran a mi casa con los abuelos, los padres de mi marido”, resume.

Los calchaquisenses Mirta y Lolo entran entonces como personajes secundarios en esta historia. El 24 de marzo por la tarde van de Calchaquí hasta Gálvez para buscar a los mellizos, con sus juguetes, su ropitas, sus vasitos, sus pañales y emprender el viaje de regreso. En paralelo, Pilar y Matías viajan a internarse a Rosario.

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La familia reunida en Gálvez a días del nacimiento de Celestina.

La familia reunida en Gálvez a días del nacimiento de Celestina.

“Una vez en la ciudad, dudé de mi capacidad para enfrentarme a otro parto por estar inmersa en todo esto, estaba atemorizada. Pero entré en confianza gracias al apoyo de los profesionales. Mientras me hacía la epi, la anestesista me contaba que estaba afligida porque volvía a su casa, se sacaba ropa y pensaba en sus chiquitos y en sus padres, con complicaciones de salud. Lo mismo la puericultora, que me contaba que vive pegada a sus hijas y nietas, y que las nenas no entendían de restricciones”, precisa.

Celestina, indudable protagonista de esta historia, llegó para aportar su rayito de luz a este caótico mundo el miércoles 25 de marzo, gracias a la ayuda del obstetra Adrián Carrizo, quien consiguió un papel pequeño pero clave en el guión gracias a tener menos de 65 años. La beba nació un ratito antes del mediodía y pesó algo más de 3 kilos.

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Lucio y Fermín esperan a su hermana Celestina.

Lucio y Fermín esperan a su hermana Celestina.

“Me movilizó mucho la primera noche con ella en brazos, cuando escuché los aplausos de las nueve de la noche al personal de salud. Me emocioné mucho porque es el reconocimiento hacia la gente que pone todo de sí, incluso en riesgo su salud. Todos tienen familia y tendrían complicaciones si se contagian”, agradece Pilar.

Esperando los controles de rutina que le permitan abandonar el sanatorio, reflexiona sobre la montaña rusa de emociones que vivió estos últimos días. “Cuando me enteré del embarazo imaginaba el momento ideal en que los hermanos conocieran a la beba, que es un momento que aún no llegó. No fue el ideal con flores en el sanatorio. Estoy ansiando encontrarnos todos. Pero cuando y donde sea va a ser un momento de unión familiar, solo habrá que esperar un poco”, concluye. Y este es el final de la historia. Un final que, en realidad, es un comienzo.

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