En mayo del año pasado, cuando todes les jugadores estaban en carrera y todavía había tiempo para evitar más errores no forzados, publicábamos una nota titulada “Ni Alberto ni Cristina, el círculo rojo económico prefiere a Larreta o Massa”.
El dato surgía de una reunión de la mesa chica de IDEA que preparaba el coloquio de octubre y fue expresada por su vicepresidenta 1° Gabriela Renaudo, CEO de Visa Argentina. ¿La secuencia ideal? Horacio Rodríguez Larreta primero, Sergio Massa después y si recordamos bien, un par de meses después (reaccionando a la demanda y con acuerdo de su partido), el actual ministro de Economía le aclaraba a las corporaciones agro-empresarias que “no pensaba ser candidato en 2023, pero sí en 2027”.
Pero hay otros factores de poder supranacionales –los empresarios que exportan y presionan por una devaluación lo único que tienen de nacionales es el capital original de sus unidades productivas, a veces ni el domicilio particular o fiscal– que también votan antes que nuestros lectores y los millones de habilitados en el padrón electoral.
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Con buena data, el periodista Alejandro Bercovich reproducía hace un mes una conversación entre la vicecanciller de Joe Biden y Sergio Massa, en una escala de la que estuvo al tanto el presidente Alberto Fernández, en República Dominicana. Después de aclararle al tigrense que ofrecía avales institucionales y políticos, le afirmó y preguntó: “En quien confiamos nosotros es en vos, ¿te vas a presentar como presidente?”.
También le subrayó que “cuiden la alternancia ordenada, por favor, mirá que Estados Unidos no quiere otra experiencia como la de Bolsonaro o Bukele”, es decir Larreta o vos, ejecutando prácticamente el mismo programa, no Javier Milei u otro experimento que carezca de solidez técnica y emocional, que aspire a ser algo más que una colectora.
¿Y Wado de Pedro? Entre los informantes de las principales agencias del gobierno americano también hay consultoras, las mismas que operan para los precandidatos y –sin importar cuán racional y mesurado parezca, el más “fiable” de La Cámpora– no mide lo suficiente como para ganarle a Milei como candidato más votado en las PASO (la razonabilísima objeción de Massa cuando pide fórmula de unidad que no disperse votos) y mucho menos para ganar un balotaje.
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Un informe del IERAL, que preside un antiguo informante del FMI Carlos Melconián, denunciado por Guillermo Moreno en 2011 cuando era presidente de MACROVIEW Consultora, les asegura que “Cristina (Kirchner) no tiene herederos (con votos), si no es Cristina no es el que dice Cristina, ninguno retiene sus votos y la experiencia de 2019 marca un punto no retorno para la política del elegido”. Wado puede crecer un poco más y medir entre 15% al 17% y ganarle una interna a Scioli, pero en la general entraría tercero.
En el FMI ven con menos preocupación la delicada situación del Frente de Todos, y la forma en la que dilata las definiciones que le urgen a Massa lo demuestra. La consolidación del modelo ideado por Matías Kulfas y retocado por Sergio Massa, que combina altos niveles de empleo y actividad económica con salarios bajos, con niveles inflacionarios altos pero una baja “presión social negativa”, motivó un regateo que decepciona al gobierno nacional.
El jefe de la misión del FMI en Argentina fue el encargado de comunicarla: se adelantarían la mitad de los desembolsos previstos para 2023 antes de los vencimientos del 21 y 22 de junio; serían 5.000 millones de dólares de los cuales un 20% (1.000 millones) podrían usarse para intervenir en el mercado de cambios y sujetar los paralelos.
En el Staff Técnico argentino liderado por Lisandro Cleri (vicepresidente del Banco Central) valoran el gesto, pero saben que no alcanza y es lo que piensan pulsear en Washington a mediados de mes (Massa viajaría recién la última semana), saben que la oposición puede estar en su peor momento en cuanto a definiciones ideológicas y estrategias políticas, pero seguirán fogueando corridas contra el peso y puede que las municiones no alcancen.
El tablero de control que marca el ritmo de las negociaciones
Lo habíamos anticipado en la nota con Federico Zyrulnik, el EMA (Estimador Mensual de Actividad) marcó un 1,3% de crecimiento para marzo, no se cae, se decrece y según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA, las restricciones importadoras, el inminente retoque de la tasa de interés y la baja del poder adquisitivo, estarían preanunciando una caída del 3% del PBI para 2023. En dos cuadros del último informe de la consultora MATE vemos el desempeño de dos variables mencionadas: crecimiento económico y salarios contra IPC.
Finalmente, en ese mismo relevamiento del BCRA, fechado en abril pasado, se proyecta una inflación por encima del 126% y –considerando una deriva en línea con esa inflación– un dólar oficial de 395,9 pesos nominales para diciembre de este año.
Más allá de los yuanes convertibles y lo que aporte el FMI para sujetar el “dólar electoral”, la Secretaría de Agricultura de la Nación relevó que de la magra cosecha afectada por la sequía –pero que asciende a 21 millones de toneladas– alrededor un 50% (poco más de 10 millones) sigue retenida en silobolsas.
Las liquidaciones por las devaluaciones preferenciales del dólar soja sólo aceleran el goteo (son las más bajas en cinco años) y demuestran que los exportadores tienen espalda para seguir empujando una baja de retenciones (a la que el mismo FMI se opone), una devaluación brusca o simplemente el recambio de gobierno que condicionan a diario y votarán en octubre.
Al incumplimiento de las metas fiscales y de reservas (la pérdida total del primer trimestre alcanzó los 6.000 millones de dólares), se sumó una asistencia del BCRA al tesoro que superó la meta establecida con el FMI. Todo esto estará sobre la mesa de negociaciones el 15 de junio venidero, para evaluar una asistencia que debería llegar sobre el cierre de listas e impactar en las expectativas de los electores que se pronuncien el 13 de agosto.
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Juan Grabois y Daniel Scioli pueden hacer una o dos cosas, pero en el pizarrón de Cristina la jugada está dibujada: Massa como único candidato es la jugada ideal, el vice lo pondría Cristina y puede ser un o una dirigente de La Cámpora, o también un gobernador afín (que refleje la inserción federal que reclaman Omar Perotti y Jorge Capitanich para el binomio presidencial).
¿Y el albertismo residual? Ajustado a su inoperancia para operar políticamente: últimos para el reparto.
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