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Política Omar Perotti | Seguridad | Ministerio de Seguridad

Perotti: una gestión que siempre corrió de atrás y nunca pudo establecer un plan claro en seguridad

A Omar Perotti lo corrieron los problemas coyunturales. Pasaron cuatro ministros por el área de Seguridad, que fue de las más criticadas de la administración provincial.

Uno de los puntos más flacos de la gestión de Omar Perotti fue la seguridad. Las estadísticas lo muestran de manera clara -los homicidios se incrementaron desde 2019 y llegaron a marcar un récord en 2022 con 288 asesinatos en Rosario-, pero más allá de la dinámica de la violencia que supura del narcotráfico, Perotti perdió una oportunidad inigualable de generar reformas de fondo, luego de que finalizara el ciclo del Frente Progresista que se inició en 2007.

El lema “paz y orden” que había planteado en la campaña electoral se transformó en una sombra sobre su gestión. La designación de Marcelo Sain al frente del Ministerio de Seguridad generó expectativas en un principio por la experiencia del bonaerense en el ámbito académico y en su paso por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

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Sain había desembarcado durante la gestión del actual gobernador electo Maximiliano Pullaro como asesor. Luego, obtuvo por concurso el cargo de titular de la Oficina de Investigación del MPA. En su primer discurso en la Asamblea Legislativa, Perotti advirtió que había que “romper el vínculo del Estado con el delito”.

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Omar Perotti le toma juramento a Marcelo Saín como ministro de Seguridad.

Omar Perotti le toma juramento a Marcelo Saín como ministro de Seguridad.

Sain había tenido influencia en esa parte del discurso, que apuntaba a marcar una raya con las gestiones anteriores del Frente Progresista, que tenía mayoría en la Cámara baja. Esa frase también apuntaba a la propia tropa, con Armando Traferri como uno de los rostros más visibles de esa oscuridad.

Desde ese momento, el foco del gobierno fue centrar su mirada en esas relaciones complejas, a través de investigaciones que se originaron en el MPA con causas como las de juego clandestino. Se puso una energía desmedida en esas tramas que después generaron más problemas para el gobierno.

A pesar del descanso que había dado la pandemia, que vació las ciudades, el gobierno no desarrolló un plan de seguridad pública efectivo, que produjera cambios sobre todo en el accionar de la policía.

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El gobierno presentó tres leyes para cambiar la matriz de la fuerza, regida por una ley vetusta de la década del 70. El paquete de leyes nunca se trató en la Legislatura, como era esperable, pero la gestión de Saín no logró aportar cambios operativos que mejoraran tanto los niveles de violencia en ascenso en Rosario ni la inseguridad cotidiana.

Los escándalos públicos del ministro, adepto a vomitar frases descabelladas por Twitter o en audios de WhatsApp, que luego trascendían, sumaron argumentos a la oposición, no solo política, sino judicial y empresaria, para presionar, para no darle demasiado margen a Perotti para mantenerlo en el cargo.

Luego, se inició una causa contra el propio exministro y su entorno por supuesto espionaje ilegal que nunca prosperó, más allá de la exhibición en algunos medios de los diálogos del exministro, que poco tenían que ver con la investigación judicial.

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Jorge Lagna, que se desempeñaba en un cargo menor en el ministerio, quedó a cargo de la seguridad. No estaba preparado para esa función y mostró otra forma de improvisación del gobernador. Mientras tanto, los jefes policiales también cambiaban. Nadie tenía el control de la Policía y sobre todo de la calle, que empezaba a mostrar, más allá del problema endémico de la violencia narco, un crecimiento de la inseguridad.

Perotti con Lagna
En plena pandemia, Omar Perotti le tomó juramento a Jorge Lagna como ministro de Seguridad.

En plena pandemia, Omar Perotti le tomó juramento a Jorge Lagna como ministro de Seguridad.

En agosto de 2022, Lagna no renunció a causa del crecimiento de los homicidios en Rosario, sino por una serie de pintadas, con la leyenda “plomo y humo”, que nada tenían que ver con la mafia narco, que se estamparon en edificios públicos y puntos clave. La falta de reacción de la policía quedaba más que patente.

El reemplazo de Lagaña fue un verdadero desastre: el experimento de poner como ministro al excomisario, Rubén Rimoldi, fue un fracaso. Desde el gobierno pensaron que un hombre que había pertenecido a la fuerza podía despertar mayor acción de la policía en la calle de las principales ciudades de la provincia.

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Rimoldi renunció en febrero de 2023 después de protagonizar un rol deslucido en la Legislatura de Santa Fe, donde quedó demostrado que no tenía la talla para conducir un Ministerio. Se sumaron otras gotas al vaso, como las balaceras contra edificios públicos en Rosario, que volvió a dejar patente la falta de reacción de la policía.

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Omar Perotti tomándole juramento a Rubén Rimoldi como ministro de Seguridad.

Omar Perotti tomándole juramento a Rubén Rimoldi como ministro de Seguridad.

Lo que ratificó el paso de Rimoldi por la cartera de Seguridad fue la falta de un plan integral en un problema que aparecía como la principal preocupación de la población, como mostraban las principales encuestas. Esta deficiencia provocó luego fuertes repercusiones en el plano electoral.

Perotti siempre se sintió incómodo en Rosario, con escaso diálogo con la prensa más allá del plano puramente institucional. Y ese déficit empeoró la mirada crítica de la población, que además de la crisis económica enfrenta el miedo en la calle a no ser víctima del robo de un celular, algo que es central en la vida cotidiana y de cada vez más difícil acceso.

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La llegada de Claudio Brilloni mejoró en ese plano de la comunicación. El excomandante de Gendarmería, hombre serio y formal, no dudó en poner la cara siempre ante los problemas. Al principio de su gestión se vio una mejora en los patrullajes, pero al poco tiempo, como le ocurrió a la mayoría de las gestiones en la última década, se empezó a sentir ese vacío en la calle de la fuerza de seguridad.

El rol de las fuerzas federales en Santa Fe también transitó por distintas etapas de desconcierto. El propio Perotti le pidió a la entonces ministra Sabina Frederic que tenían que tener mayor visibilidad los operativos de los gendarmes.

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Omar Perotti le toma juramento a Claudio Brilloni como ministro de Seguridad.

Omar Perotti le toma juramento a Claudio Brilloni como ministro de Seguridad.

Se instalaron puestos de control en arterias muy transitadas a horarios que nada tenían que ver con la lucha contra el crimen organizado. El ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, reforzó con un puesto móvil de Gendarmería, ubicado en la zona norte de Rosario, la presencia de esa fuerza en la ciudad, después de un hecho que generó conmoción a nivel nacional como fue el ataque al supermercado del suegro de Leonel Messi.

La violencia narco no sólo no creció en los últimos cuatro años, con un pico en 2022 con 288 homicidios, sino que también se amplificaron las actividades ligadas a una mafia cercana a lo tradicional, que se sigue manejando desde las cárceles, donde la tecnología que se instaló al final de la gestión no dio los resultados esperados.

Perotti tuvo una oportunidad única en la historia reciente de la provincia, pero no logró establecer un plan claro en materia de seguridad. El contexto siempre marcó la cancha de una gestión que nunca pudo mantener una línea durante mucho en este tema, siempre cascoteada por la urgencia.

Maximiliano Pullaro llega a la gobernación con el efecto proselitista que aprovechó tras el fracaso del gobierno del PJ. Así, el dirigente radical logró blanquear sus propias falencias cuando le tocó gestionar durante la administración de Miguel Lifschitz.

En la Argentina hasta ahora se ensaya el apotegma: “todo lo que viene es peor”. El desafío de Pullaro es quebrar esa tendencia. Va a ser complicado tolerar un nuevo fracaso en el área de seguridad. No hay demasiado margen.