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Policiales Rosario |

Los narcos que buscan generar conmoción para aparecer en los medios y sembrar miedo en Rosario

El crimen de la madre de la profesora de danza, las amenazas a los fiscales, los ataques a edificios municipales y el arma con la que hirieron al policía Sanabria. Una lucha entre bandas que busca causar pánico social.

Las preguntas aparecen todavía sin una respuesta clara. Sólo surgen indicios de un problema que es cada vez más grave, pero que no disipa algo peligroso, que es acostumbrarse al miedo. En Rosario hay una suerte de terrorismo narco, que escala sin que aparezca un límite. ¿Por qué los grupos criminales buscan generar un estado de conmoción pública en Rosario? ¿Qué beneficio obtienen con la generación de un terror que se trasluce en hechos que podrían estar ligados al terrorismo urbano? ¿Cuál es el motivo que llevó a estas bandas criminales a matar o a amenazar con el único fin de provocar caos? ¿Dónde está el negocio?

Cerca de las 19 del 23 de julio pasado, Claudia Dedebbio decidió acompañar a su hija Virginia Ferreyra, una profesora de danzas árabes de 32 años a la parada del colectivo en la plaza Rodolfo Walsh, a metros del Parque del Mercado, en la zona sur de Rosario.

Aparecieron dos autos, un Peugeot 308 y un Chevrolet Corsa, desde donde en un principio comenzaron a disparar contra la torre 11 de los monoblocks. Uno de los tiradores se dio vuelta y les preguntó a las mujeres: “Ustedes qué miran”. Madre e hija se quedaron inmóviles por el miedo. Lautaro Cortez comenzó a disparar a mansalva. Claudia murió casi en el acto. Virginia terminó gravemente herida. La operaron tres veces desde ese día y aún lucha por su vida en la sala de terapia intensiva del Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. Otro chico que estaba en la plaza recibió un tiro en un brazo.

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Virginia Ferreyra, la bailarina de 32 años que fue baleada el 23 de julio pasado en la ciudad de Rosario.

Virginia Ferreyra, la bailarina de 32 años que fue baleada el 23 de julio pasado en la ciudad de Rosario.

¿Qué llevó a que estas dos mujeres indefensas que esperaban un ómnibus fueran blanco de un ataque narco? Sólo estar en la calle, el lugar donde se pretendía sembrar terror. El fiscal Patricio Saldutti lo dejó en claro en la audiencia imputativa. Se sospecha que René Ungaro, preso en el penal de Ezeiza, pagó para que Fernando Cortez, de 45 años, y su hijo Lautaro dispararan “con el fin de causar temor en la zona y herir o matar a cualquier persona ajena al conflicto para asegurar el territorio”.

Lo llamativo es que se sospecha que una de las armas que se usó –según señalaron fuentes judiciales a AIRE que esperan las pericias– en este asesinato fue la que se disparó el domingo 4 de setiembre pasado contra el frente del Centro Municipal de Distrito Sur, de Uriburu y Buenos Aires. Los Cortez fueron detenidos el 8 de setiembre pasado. Podrían haber participado también en el ataque al edificio municipal, según se desprende de un testimonio clave en la causa. A simple vista no parece haber relación entre un hecho y otro salvo por la conmoción que se quería generar.

Cuatro días antes de que balearan el Centro Municipal de Distrito Sur habían lanzado piedras contra las puertas y ventanas, con el objetivo de llamar la atención para que no pasaran desapercibidos los papeles con amenazas que habían dejado los atacantes.

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Uno de los panfletos con amenazas contra los fiscales Pablo Socca y Matías Edery.

Uno de los panfletos con amenazas contra los fiscales Pablo Socca y Matías Edery.

Las amenazas estaban dirigidas contra los fiscales Matías Edery y Pablo Socca. Los panfletos no sólo aparecieron en ese edificio municipal sino también en otras dependencias, como la Agencia de Investigación Criminal, el Pami II y en el hospital de Niños Zona Norte, en el otro extremo de la ciudad.

La fiscal Valeria Haurigot imputó el viernes a dos jóvenes que quedaron presos: Juan Manuel Santa Cruz, de 26 años y Leonel Denis, de 19. En la investigación se detectó que en el plan participaron más personas. Las cámaras de seguridad registraron que dos mujeres llegaron en moto hasta la sede de la Agencia de Investigación Criminal el 31 de agosto, donde dejaron 21 hojas A4. En los papeles quedó la huella de Santa Cruz, que no había distribuido los panfletos, pero que había estado a cargo de preparar las amenazas, que también se dejaron en una bolsa en la puerta de un canal de televisión.

Santa Cruz fue detenido en un aguantadero en Molino Blanco, en el sur de Rosario. En esa casa se secuestraron varias armas y municiones, entre ellas, la ametralladora casera que se usó para dispararle al policía Gabriel Sanabria el 27 de mayo pasado, que fue herido de diez disparos y estuvo en grave estado hasta que logró recuperarse. El ataque al suboficial no tuvo ninguna lógica por fuera del móvil de causar conmoción. En esa casa de Molino Blanco fue detenido otro de los pibes de la llamada banda de Los Picudos, conformada en su mayoría por menores de edad.

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Gabriel Sanabria, el policía atacado a balazos en Rosario el 27 de mayo, logró recuperarse en el Hospital Clemente Álvarez (Heca). Hoy está en su San Javier natal.

Gabriel Sanabria, el policía atacado a balazos en Rosario el 27 de mayo, logró recuperarse en el Hospital Clemente Álvarez (Heca). Hoy está en su San Javier natal.

“Los panfletos no fueron una amenaza simple, sino que hay un intento de amedrentar y manejo de información. Sobre la relación con otras causas y otras bandas, debemos esperar el resultado de la extracción de los datos de teléfonos que hemos extraído", señaló la fiscal Haurigot.

La panfleteada narco se produjo horas después de que finalizara una audiencia en el Centro de Justicia Penal contra 32 integrantes de una banda que copó el barrio Ludueña y parte de Empalme Graneros. Días antes se habían ordenado por parte del MPA y del fiscal federal Javier Arzubi Calvo una serie de allanamientos en esa zona fracturada por la violencia.

El grupo apuntado por la justicia fue el que dirige desde la cárcel Mauro Gerez, un soldadito de Los Monos, que pretende ganar espacio en el territorio a los tiros. Su rival Francisco Riquelme, también preso, jugaría para la banda de Alvarado, aunque estos engranajes rústicos de las bandas criminales tienen escasas lealtades.

Todo este contexto atravesado por crímenes terribles, como el de Claudia Deldebbio, víctima inocente junto con su hija, que pelea por su vida, y la ola de amenazas y ataques contra edificios públicos está perforado por peleas entre bandas que ya no dirimen sus conflictos entre ellos a los tiros, sino que necesitan generar conmoción pública.

“Lo que queda claro es que estos grupos operan con la agenda pública. Quieren estar en los medios, porque esa aparente fama de mafiosos les da mayor poder en los territorios y además los ayuda a mantener las lealtades desde la cárcel, donde a muchos les cuesta seguir con el liderazgo de los grupos criminales”, advirtió Haurigot en diálogo con AIRE.

En las causas judiciales se ve con frecuencia el interés de los soldaditos narco por aparecer en los medios, que utilizan para escalar en jerarquía dentro del mundo criminal. Esta dinámica basada en el terror lleva a que escalen los niveles de violencia, con blancos que están por fuera de ese universo, como los edificios púbicos y los fiscales. La naturalización de la violencia ayudó a que esto no tenga por ahora un límite.

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