Gabriel Sanabria, un suboficial de 26 años de la Brigada Motorizada, lucha por su vida tras ser atacado con diez disparos de ametralladora en un control policial en la zona sur de Rosario. Este hecho gravísimo que tiene como víctima a un efectivo oriundo de San Javier, que hace seis años trabajaba en Rosario, conmovió a sus colegas en la fuerza y marcará un mojón en la Policía, que hasta ahora parecía indemne de los enfrentamientos con grupos narcos, que generan terror en la ciudad del sur provincial.
Sanabria fue blanco de un ataque que no estaba dirigido a él, sino a la Policía como institución. La forma en la que se produjo el tiroteo contra este joven suboficial, con disparos a mansalva con dos ametralladoras desde dentro de un auto, que el agente de la brigada Motorizada pretendía controlar, abre la hipótesis de que las cinco personas –entre ellas dos menores– que estaban en el Peugeot 206 blanco habían saldo a matar, a generar pánico social, una estrategia que la banda de Los Monos aplica desde 2018, cuando empezaron a atentar contra jueces y edificios judiciales.
A esas maniobras violentas, ensayadas con la rusticidad propia de esta organización, el Estado las enfrenta con policías que no están preparados ni entrenados, ni cuentan con los medios para este tipo de enfrentamientos, porque hasta ahora habían estado al margen de esta pelea, e incluso, como lo indican varias causas judiciales provinciales y federales, aparecían como cómplices.
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Sanabria es víctima también de esas falencias y complicidades de sus superiores. Un policía que viaja más de seis horas desde su ciudad natal a otra donde debe trabajar 24 horas ininterrumpidas, varias de ellas arriba de una moto, no puede enfrentar un contexto complejo de violencia que protagonizan bandas que no tienen prejuicios a la hora de atacar. La Policía también naturalizó, como la propia población de Rosario, una violencia que se lleva todo lo que tiene enfrente.
Cinco días antes del ataque contra Sanabria se produjo una balacera contra el llamado Order, en 27 de febrero al 7800, donde estaba alojado Máximo Cantero, el fundador de Los Monos, que horas después fue trasladado al penal de Piñero. Fue baleado un móvil policial que hacía custodia en el lugar, según la escasa información oficial que se difundió.
Cantero y su expareja Patricia Celestina Contreras fueron detenidos el 27 de abril pasado, por una causa amplia en la que se investigaban delitos de “conmoción pública” que se habían perpetrado en noviembre pasado en el contexto de las elecciones nacionales, cuando atacaron dos escuelas y varias estaciones de servicio. El objetivo de esos ataques era generar pánico. ¿Contra quién? Contra todos. Los ataques los llevó adelante con sus soldaditos un preso que está en el penal de Coronda, Nelson Aguirre, alias Pandu. “La señora te va a dar una moneda. Y cuando hagamos lo de las escuelas, te va a dar otra”, le avisaba –según una escucha telefónica de la causa que investigaron los fiscales Valeria Haurigot y Franco Carbone– el recluso con su celular a uno de los “soldados”. Se sospecha que el que financió esos ataques fue Guille Cantero desde el penal de Marcos Paz.
Después de la detención de su madre, que estaba en prisión domiciliaria con una condena a diez años por narcotráfico, el líder de Los Monos estalló de ira en el pabellón de Marcos Paz –según personas ligadas al clan–, que sólo comparte con Nelson Rojas, conocido como Loko, quien dice ser el líder del Primer Comando Capital de Frontera, en Misiones.
La reacción del gobierno de Santa Fe por el ataque de Sanabria fue dura y rápida, ante el malestar que provocó en la Policía la balacera contra el suboficial. Hasta ahora no era frecuente en las tramas narco que se produjeran enfrentamientos con policías. Lo que evalúan en el Ministerio de Seguridad de Santa Fe es que este caso puede marcar un cambio en materia criminal. “Podrían haber tomado la decisión de matar al que se pone enfrente”, señalaron fuentes de la Policía de Santa Fe.
El sábado 21 de mayo se produjo otro hecho violento que tuvo a un prefecto como víctima –resulto herido en su cabeza, pero su casco logró salvarlo– de un ataque a tiros en un allanamiento contra una banda narco en Fray Luis Beltrán, al norte de Rosario. En el operativo, en el que se realizaron 19 allanamientos por orden del fiscal federal Javier Arzubi Calvo, detuvieron a varios integrantes de una banda narco que tenía estrecha vinculación con policías de la región.
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Tras conocerse el ataque contra Sanabria, la jefa de Policía de Rosario, Margarita Romero, se mostró consternada y aseguró: “No nos va a amedrentar”. El ministro de Seguridad Jorge Lagna consideró que se trató de “un ataque salvaje y cobarde” contra el suboficial, que durante la tarde del viernes 27 de mayo fue sometido a una segunda operación, tras sufrir una descompensación.
La investigación, que está a cargo de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), apunta a que el ataque podría estar vinculado a la banda de Los Monos. Las cuatro personas que quedaron detenidas están relacionadas a esa organización criminal. No tienen altos rangos dentro del clan narco, pero sí vinculación a través de hechos violentos. Serían “soldaditos” que son contratados por el grupo liderado por Guille Cantero.
El antecedente más cercano de ataques contra blancos policiales es uno que se produjo el 25 de diciembre pasado, cuando con un fusil FAL fue baleada una camioneta de la Policía de Santa Fe, que buscaban a un narco que se había fugado horas antes. Unas horas antes Luciano Cantero, hijo del fallecido líder de Los Monos Claudio Cantero, se filmó disparando un FAL en el techo de su casa a modo de festejo. Ese fusil se habría usado para atacar al patrullero. En esa oportunidad ningún policía resultó herido, aunque parezca increíble.
Lo que llama la atención a los investigadores es la forma en la que se atacó al suboficial Sanabria, que pertenece a la Brigada Motorizada de la Unidad Regional II. Durante la madrugada se realizaron operativos de control vehicular y de personas en la zona sur de la ciudad de Rosario. Son movimientos de rutina de la Policía. Luego del operativo, Sanabria detectó, según explicó la jefa de la URII, el movimiento sospechoso de un Peugeot 206 blanco. Envió los datos de la patente para verificar si tenía pedido de captura y le respondieron que había sido robado el 24 de abril pasado.
En Arijón al 400, una calle transitada durante el día en el sur de Rosario, el policía detuvo al auto a las 2:20 de la madrugada. Y cuando se acercó, según la versión oficial, para verificar la documentación, desde dentro del vehículo le empezaron a disparar. Fueron 19 tiros.
Los ocupantes del Peugeot 206 tenían varias armas, entre ellas, dos ametralladoras, una PAM3 y otra que tenía un silenciador, que sería de fabricación casera. Sanabria recibió diez disparos a una distancia menor a unos dos metros. A pesar de que el suboficial tenía un chaleco antibalas, las heridas se concentraron en su abdomen y un proyectil dañó su columna vertebral.
El policía fue trasladado un sanatorio y luego, a las 4:30 de la madrugada, al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde horas después fue operado. La intervención quirúrgica duró más de cuatro horas. “Los impactos y estaban concentrados en el abdomen y miembros inferiores. Buscamos generar un control de daños. El estado es crítico”, aseguró este viernes el subdirector del HECA Jorge Bitar. Durante la tarde del viernes volvió a ser intervenido quirúrgicamente, luego de que sufriera una descompensación.
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A la par de la atención médica a Sanabria, la Policía fue en busca de los atacantes. Minutos después del ataque, tras montar un operativo cerrojo en la zona, los efectivos encontraron el Peugeot 206 en la esquina de Hungría y Batlle y Ordoñez, en el sur de Rosario. El auto tenía pedido de captura desde abril pasado, por lo que se sospecha que pudo haber sido robado.
En una casa precaria fueron detenidas cuatro personas –entre ellos dos menores de edad– y se secuestraron varias armas de fuego, que se habrían usado en el ataque, entre ellas dos ametralladoras y dos pistolas semiautomáticas con cargadores –uno de ellos largo, de 30 disparos– y gran cantidad de municiones. Lo que sorprendió a los policías es que una de las ametralladoras era de fabricación “casera”. Tenía un silenciador adaptado, también de manera precaria. La sospecha es que estas armas que usan un mecanismo de pistola 9 mm se están fabricando en Rosario. Un quinto sospechoso escapó y está siendo buscado. Los detenidos serían quienes estaban dentro del auto.
El Peugeot 206 que estaba en manos de los supuestos atacantes tenía varios impactos de bala, que ahora se investigará si son por los disparos de los ocupantes del auto o de la Policía, que aún no está claro si repelió el ataque. También hay disparos que impactaron en la persiana de un negocio, que se encuentra en Arijón al 400, donde se realizaba el operativo policial.
Sanabria, quien se encuentra en estado crítico, vivía en la localidad de San Javier pero cumplía funciones en la otra punta de la provincia, como ocurre con muchos uniformados. Los familiares del policía se trasladaron a Rosario para seguir la evolución del joven que está internado en el Hospital de Emergencias, donde había varios policías y compañeros de la víctima. El hall del Hospital de Emergencias estaba cubierto de desolación por el estado de salud de un joven que fue atacado cuando hacía su trabajo.
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