El médico generalista de San Jerónimo Norte Miguel Angel M. continuará en prisión preventiva en el marco de la causa en la que se investigan dos denuncias de abuso sexual de dos pacientes menores de edad.
La audiencia de revisión de la medida cautelar se desarrolló esta mañana en la sala 1 del subsuelo de tribunales por pedido de los abogados defensores del imputado, Raul Ochoa y Gomez y Sebastián Gervasoni, luego de que se realizaran las entrevistas en Cámara Gesell de las dos víctimas, el pasado lunes por la tarde.
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En la audiencia presidida por el juez Pablo Busaniche, los letrados sostuvieron que al haberse concretado ya el testimonio de las dos denunciantes la prueba ya se produjo por lo que no prospera más el riesgo de entorpecimiento probatorio. Además, cuestionaron la calificación seleccionada por la Fiscalía en uno de los hechos, e insistieron que se trató de un abuso sexual simple por lo que podría corresponder una pena de ejecución condicional.
En cambio, los fiscales que investigan los hechos, Alejandro Benitez y Celeste Minniti, sostuvieron la atribución realizada de abuso sexual gravemente ultrajante, remarcaron la vulnerabilidad de víctimas y testigos, y sostuvieron que más allá de los testimonios en Cámara Gesell se deben preservar las declaraciones del resto de los testigos en un eventual juicio oral.
El juez Busaniche avaló la pretensión de los fiscales y mantuvo la prisión preventiva del profesional imputado de cara a la resolución de la causa.
La causa
Miguel Angel M. es un médico generalista que desde el año 2001 está radicado con su familia y trabaja en San Jerónimo Norte. El profesional fue denunciado en marzo de este año por dos hechos de abuso sexual a dos pacientes de 16 años: uno habría ocurrido en el mes de diciembre de 2019 y el otro un mes antes, en noviembre.
La evidencia reunida en la investigación permite sostener que en uno de los casos la menor debió ser hospitalizada por un aparente cuadro de ebriedad. Durante el día, a fines de diciembre, había estado en una quinta pasando el día con una amiga, su novio y la mamá de éste. Habían estado en la pileta y bebido cerveza; cuando la chica se desvaneció llamaron a una ambulancia y en el CAM fue recibida por una enfermera y el médico, donde le realizaron las primeras atenciones y debió recibir suero y oxígeno.
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La joven estuvo acompañada en el centro de salud por su madre y por su novio, quienes aguardaban en la sala de espera. Cuando el médico terminó de atenderla, ambos ingresaron a ver a la chica y ella les contó lo ocurrido: primero a su novio, al oído, y luego a su mamá. Esto motivó que la mujer increpe al profesional frente a una de las enfermeras. El hombre, por supuesto, negó la ocurrencia del hecho.
Pero eso no fue todo. Al poco tiempo la adolescente volvió a contar lo que le pasó: a la mamá de su novio y al equipo de Niñez de la municipalidad local. En todos los casos, el relato fue invariable. En la audiencia de prisión preventiva los fiscales explicaron que la chica y el grupo familiar ya estaban siendo asistidos por el equipo de Niñez, a raíz de algunos inconvenientes que expusieron las autoridades escolares. La adolescente padecía desvanecimientos y convulsiones cuyo origen no se ha determinado, e incluso algunos adultos de su círculo lo tomaban como "simulacros".
El segundo caso denunciado tiene varios puntos en común con el anterior: la víctima también tiene 16 años y era habitual que deba ser atendida en el CAM. En su caso, la chica presenta “crisis subjetivas” originadas en un hecho anterior, le cuesta establecer vínculos sociales y tenía una mala convivencia con su mamá, por lo que se mudó con una hermana mayor.
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Fue a su hermana a quien le pudo hacer una breve referencia de algo que “la incomodó” en la atención recibida por el médico. En un primer momento esta joven, por su estado anímico, no pudo relatar con tanto detalle como la víctima anterior, que sí logró brindar en la entrevista en Cámara Gesell realizada en la tarde del lunes.
En las historias clínicas secuestradas consta que los médicos que las atendían en cada caso era quien se encontraba de guardia en ese momento, por lo que tampoco conocían el nombre del profesional. Las dos chicas, al momento de decir quién fue el agresor, realizaron una descripción física del profesional: un hombre grande, de baja estatura y calvo. Es decir, no surge de la investigación que pueda existir animosidad por parte de las dos jóvenes contra el profesional.
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