Los jueces de la Cámara de Apelaciones Fabio Mudry, Alejandro Tizón y Roberto Reyes confirmaron la condena a 18 años de prisión impuesta al transportista escolar Jorge Ulises Pereyra, acusado de haber abusado sexualmente de su sobrina durante años.
Pereyra fue condenado como autor de los delitos de abuso sexual con acceso carnal calificado por la guarda, en concurso ideal con promoción a la corrupción de menores calificados por la edad de la víctima y la guarda.
La resolución de los camaristas avala todo lo resuelto en primera instancia por el tribunal de juicio, rechaza el planteo de prescripción de la defensa y confirma la calificación legal, el monto de pena y todo lo declarado por la denunciante. Por su parte, el abogado defensor Diego Lorefice confirmó a AIRE que recurrirá la resolución de los camaristas y presentarán un recurso de inconstitucionalidad.
El juicio oral y público a Pereyra se realizó en junio de 2023 en los tribunales santafesinos y la audiencia de apelación tuvo lugar seis meses después. Tanto en los fundamentos de la sentencia como en el fallo de la Cámara, los magistrados valoraron la credibilidad de lo sostenido por la denunciante.
La causa fue tramitada por los fiscales de la Unidad de Violencia de Género, Familiar y Sexual Roberto Olcese y Alejandra Del Río Ayala, y la denunciante se presentó como querellante en la causa con representación de los abogados Agustina Taboada y Carolina Walker Torres.
Condena confirmada
La resolución de la Cámara, a la que tuvo acceso AIRE, destaca que en la sentencia de primera instancia, y sus fundamentos, “hay una consideración de la prueba, inclusive de los argumentos de la defensa, que constituyen un análisis lógico, razonable y ajustado a la sana crítica para luego llegar a una sentencia”, y que “no puede considerarse arbitrario por falta o deficiente fundamentación como sostiene la apelante, sino mas bien todo lo contrario”.
Los abogados defensores de Pereyra insistieron en que los hechos no ocurrieron; en relación a esto, los camaristas destacaron que “el relato de M.G.S. es creíble y es coherente con otros elementos de prueba vinculados a la causa”.
Los camaristas valoraron la declaración de M.G.S., que aportó detalles sobre la ocurrencia de los abusos, que comenzaron cuando tenía 6 años, y destacan que no hubo contradicciones en su relato.
“Cuando la víctima habla de "tío copado" lo hace en tiempo pasado, "fue un tío copado", para de manera inmediata hacer mención a los tocamientos y luego la violación”, remarcaron. Al dar cuenta de los abusos, la denunciante detalló “circunstancias que confieren absoluta credibilidad a la declaración”.
La resolución de la Cámara de Apelaciones analiza también los testimonios de familiares y profesionales que intervinieron en el proceso, “que con precisión corroboran y confieren un contexto de credibilidad al relato”.
Y agrega que “los hechos acontecieron en un escenario de marcada asimetría de poder que es compatible con el relato de los abusos que seguían ocurriendo y el contexto de amenazas que sufría la víctima para develar lo que ocurría en ese ámbito intrafamiliar”.
Para los jueces de la Alzada, así como para el tribunal de juicio, el relato de la víctima es creíble y coherente con otros elementos de prueba vinculados a la causa: “Han quedado también acreditadas en el debate las circunstancias temporales, es decir desde cuando comenzaron los tocamientos -a los 6 años de la víctima- para evolucionar hacia la consumación del abuso sexual con acceso carnal (a los 8 años), que se tomó habitual y recurrente hasta los 17 años de M.G.S. fecha en la cual a raíz de una discusión con su madre sale a la superficie lo que estaba oculto, es decir los abusos perpetrados por el imputado”.
Finalmente, los camaristas destacaron que “también son importantes y a tener presentes las circunstancias que menciona la víctima sobre el mandato familiar expresado por la abuela de no develar los hechos, cosa que cumplió en tanto reveló lo que pasaba luego del fallecimiento de aquella”.
Por último, en cuanto al planteo de prescripción sostenido por la defensa, los jueces remarcaron que “para dejarlo absolutamente claro, ha quedado establecido que M.G.S. fue abusada por el imputado desde el año 1998 (a los 6 años de la víctima) hasta el mes de octubre de 2009 (a los 17 años de la víctima).
La denuncia de los hechos fue presentada en fecha 25 de septiembre de 2020 y la atribución imputativa de los hechos a Pereyra se le hizo en fecha 8 de julio de 2021. Conforme lo que dispone el artículo 62 inciso 2° del Código Penal, el plazo máximo de prescripción de la acción penal ocurre a los 12 años y la atribución imputativa que interrumpió la prescripción se hizo a 11 años y 8 meses de ocurrido el último abuso”.
Abusos, denuncia y destape: cómo fue el relato de la víctima del Caso M
Pereyra fue condenado por abusar sexualmente de su sobrina durante años: las agresiones sexuales comenzaron cuando la niña tenía seis años, en 1998, y culminaron once años después. Durante años, M. no quiso radicar la denuncia; recién en 2021 se presentó en la comisaría de la Mujer para denunciar a Pereyra. Así se inició una investigación que se tramitó en la Fiscalía de Violencia de Género, Familiar y Sexual y que estuvo a cargo del fiscal Roberto Olcese, quien ordenó detener a Pereyra y luego lo imputó por abuso sexual con acceso carnal calificado por la guarda y en concurso ideal por corrupción de menores.
Tras quedar en prisión preventiva, M. brindó una entrevista a AIRE, y recordó que los abusos comenzaron cuando tenía 6 años con "cosquillas, que luego eran manoseos”. Luego narró que la primera violación fue una noche en la que se quedó a dormir en lo de sus primos. "Mi tío me sacó de la cama y me llevó al baño de madrugada, en donde se concretó el abuso sexual con acceso carnal”, dijo. El mismo relato fue brindado por M. durante más de dos horas ante los jueces, en el primer día del juicio a Pereyra.
Los abusos continuaron en la casa de sus tíos y en los distintos vehículos que Pereyra utilizaba para realizar su trabajo como transportista escolar. “Empezó en un auto Peugeot creo, después en una Kangoo y luego una tráfic con una ventana hexagonal con solo dos asientos adelante, uno en cada puerta. Me acuerdo de que él pasaba por el medio. En todos esos vehículos me llevaba”, recordó la víctima y aseguró que los ataques sexuales sucedían luego de que su tío dejaba a los otros chicos que buscaba por las escuelas.
Además, destacó que en casi todas las ocasiones en que su tío abusaba de ella, su tía estaba presente. “A la madrugada yo estaba siempre pendiente de la luz roja de la computadora que veía en la oscuridad, esa que tiene cuando está apagada. Si la dejaba de ver o titilaba era porque él pasaba caminando”, añadió. “Cuando comencé cuarto grado empecé a salir más tarde uno o dos días a la semana. Durante la secundaria, los abusos se concretaban todos los días”, explicó M. “Todos los días que me traía, paraba en algún descampado o en algún lugar cuando yo quedaba sola en la camioneta con él”, agregó.
La joven explicó a su vez que su tío repartía a todos los chicos de Rincón y después a los de Arroyo Leyes. “Yo me daba cuenta de lo que iba a hacer, cuando no me dejaba, cuando no doblaba para venir a casa. Sabía que íbamos para el norte y sabía lo que pasaba. Una vez llegué a tirarme de la camioneta en movimiento porque sabía lo que se venía. Y recuerdo el miedo que tenía porque al día siguiente me iba a volver a pasar a buscar y encima iba a estar enojado. Cuando esto pasaba, los abusos eran más violentos”, recordó.
En tanto, explicó que su tío la amedrentaba para que no contara nada de las violaciones sufridas. “Me amenazaba con que si contaba o decía algo le iba a hacer lo mismo a mis primos y a mi hermana”, sostuvo. La joven cursó hasta noveno año en la misma escuela. Repitió octavo y volvió a hacer el año, pero cuando repitió noveno, se cambió de escuela. En ese momento frenaron los abusos en las camionetas del transporte, pero siguieron en los encuentros familiares o cuando ella iba a la casa de su tía.
Durante años, M. nunca pudo contarle a nadie sobre las violaciones sufridas por parte de su tío político. Solo logró decirles a sus padres, en medio de una discusión, que Pereyra la manoseaba. "No podés conciliar el sueño, porque se te vienen esos momentos a la cabeza. Y pensás que si lo denuncias te van a juzgar y no te van a creer. Además, tenés en la cabeza a sus hijos y a toda la familia. Son cosas que se tan van apareciendo cuando pensás en hacer la denuncia", aseguró.
Tras contar lo que pasaba en su entorno familiar, los padres de M. cortaron toda relación con el hombre investigado y el último contacto que tuvieron fue en 2009. Por su parte, en 2016, cuando la abuela de la víctima se enfermó y estuvo grave, Pereyra la fue a visitar a su casa. Después, en 2020, cuando la mujer falleció, Macarena lo volvió a cruzar en el velorio.
“Mi abuela me había pedido que no dijera nada hasta que ella falleciera”, destacó la joven. La mujer falleció en julio y en septiembre M. juntó valor e hizo la denuncia. La chica explicó que al principio su abuela no creía lo que le había contado, pero un día, mientras miraban televisión, la mujer le dijo: “Te creo porque lo conozco y ya lo había hecho antes, pero denuncialo cuando yo me muera”.
Unos meses después de la muerte de su abuela, y con la ayuda de una amiga, M. tomó el valor para hacer la denuncia, aunque eso la llevó a recordar una y mil veces lo que vivió durante los años en que su tío cometió el delito, y también provocó amenazas a su familia y dudas sobre lo que ella contaba.
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