Su escuela se hizo viral en estos días a partir de un video en el que se vio a la comunidad educativa en el acto del 25 de Mayo cantando el Himno Nacional con pictograma, en una estrategia para incluir así a los alumnos con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
AIRE dialogó con la docente sobre esta propuesta que trascendió los límites de la institución, recorrió las redes sociales, fue replicada en medios nacionales y se transformó en una invitación a la acción para la sociedad en general y la comunidad educativa en particular.
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“Nosotros veníamos trabajando en el tema de los actos para incluir a los niños neurodivergentes, algo que es muy difícil en nivel inicial; no aplaudíamos, utilizabamos un volumen bajo, teníamos orejeras aislantes. Siempre con la idea de hacerlos parte”, explica la directora, quien asegura que el momento fue muy emotivo.
“Todos seguíamos las imágenes en la pantalla, incluso los adultos; a todos se nos quebraba la voz para cantar y los que querían cantar un poco más fuerte no podían hacerlo porque no les daba la voz de la emoción. A mí también me costó decir unas palabras al final”.
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María Florencia García, docente y directora del Jardín de Infantes Nucleado A De 02 de la ciudad de Buenos Aires.
Respecto a la difusión que tuvo la propuesta en las redes, asegura que la tomó por sorpresa: “No me imaginé la repercusión que tuvo el acto porque para nosotros esto es algo cotidiano y sencillo, que no implica ni una gran producción ni un gasto de recursos, solo una pantalla y un proyector. Ojalá que esto sirva para que haya muchísimas réplicas, para que esta acción se multiplique y que el 20 de junio, al menos todas esas personas que pusieron ‘me gusta’ y comentaron, lleven la idea a su escuela”.
Trabajo con el docente
El himno nacional cantado a partir de pictogramas es solo una parte de un proyecto escolar inclusivo mucho más amplio que María Florencia García lleva adelante desde que asumió como directora del jardín hace poco más de dos años y que tiene como objetivo brindar oportunidades para que las docentes comprendan las necesidades de los niños y niñas con TEA, tengan herramientas para aumentar su bienestar emocional, potenciar sus aprendizajes y facilitarles la inclusión escolar y social, sin barreras.
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Al hablar de este trabajo explica que cuando se habla de inclusión, se piensa en los alumnos, pero para que ellos estén incluidos es necesario contar con docentes que estén bien anímicamente, que se sientan capacitados y motivados. “Cuando llegué me encontré con maestros que estaban estresados y frustrados, y así no se puede trabajar por más que haya un proyecto institucional basado en una enorme bibliografía. Ahora ocupo otro rol, pero no me olvido de que estuve en una sala, sé que es horrible sentarse y que te digan ‘sería mejor si vos hicieras las cosas de tal manera’, o que vengan con una recetita mágica que es imposible de aplicar en un salón con 35 chicos”, reflexiona.
A partir de esa inquietud, la directora comenzó a trabajar en varios sentidos, en primer lugar armó un glosario para sus maestras en el que incluye conceptos que aparecen en el trabajo diario del jardín, pero que no siempre son conocidas por el docente como CUD (Certificado Único de Discapacidad), mutismo selectivo o el nombre de diversos trastornos.
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“Hay un estigma con la salud mental –reflexiona García– que tiene que ver con que no se manifiesta de forma visible. Si tenemos en la sala un niño en silla de ruedas, no nos ponemos como objetivo que a fin de año pueda correr; entonces, ¿por qué esperamos que un niño con TEA logre en unos meses estar sentado quieto? Cuando nadie explica las cosas, el docente tiende a pensar que está haciendo las cosas mal o que el niño tiene problemas con él. En el jardín rompimos con ese paradigma, el de la normalización; fue un trabajo muy grande, pero lo hicimos con muchas ganas y tenemos los resultados, por ejemplo, se redujeron totalmente las licencias docentes en la institución”.
El proyecto
Cuando María Florencia García se puso al frente del Jardín de los Poetas, la institución tenía cinco niños con autismo en su matrícula; actualmente ese número llega a 37. Su proyecto, que busca el compromiso de toda la escuela con la inclusión, atrae a muchos padres cuyos hijos con TEA no ingresan en los escalafones de las escuelas especiales de la ciudad de Buenos Aires. “No tienen lugar porque el mismo sistema los expulsa y llegan por el ‘boca en boca”, explica.
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El jardín adoptó un Sistema Alternativo y Aumentativo de Comunicación (SAAC) –el mismo que se utilizó para entonar el Himno– que, a través de pictogramas, permite sortear dificultades lingüísticas y comunicativas al incluir símbolos gráficos y también gestuales. Este sirve además como estrategia anticipatoria, algo fundamental para el trabajo con niños neurodivergentes. “Poco a poco fuimos colocando pictogramas en toda la escuela, algunos los descargamos de internet, otros los creamos nosotras con fotos de las salas o de las caras de las docentes. Así fuimos preparándonos para cada momento de la vida escolar”.
Las familias también son parte fundamental de esta propuesta de trabajo. Semanas antes de que empiecen las clases les ofrece la posibilidad de que ingresen a la escuela para que los niños la recorran. También se les envían fotos de todos los espacios para que los alumnos las trabajen previamente con sus terapeutas para, de alguna manera, anticiparles el camino.
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García asegura que las prácticas que llevan adelante como institución son sencillas y están al alcance de cualquier escuela: “Nosotros pertenecemos al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, no somos un jardín privado; a veces tenemos que ceder algunos recursos para tener otros, como por ejemplo comprar unas hamacas TEA que envuelven a los niños y les permiten autorregularse. Vamos todos los meses por algo más, así fuimos creciendo”.
“Este proyecto es exitoso –concluye– porque puso a toda la comunidad educativa a trabajar en equipo, a comunicarse, a repensarse, a salir de su zona de confort y formarse. La inclusión no es una tarea individual”.
Video: el Himno Nacional, en imágenes