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Política Sergio Massa | FMI | Cristina Fernández de Kirchner

Emular a Noruega sin pasar por Nigeria: la pulseada de Massa con el FMI

La ocurrencia analógica surge del flamante libro "Desenredar Argentina" del exdiputado santafesino Luciano Laspina, hoy asesor de Patricia Bullrich. El debate de fondo es devaluación brusca o regular la crisis hasta mejorar el frente externo. Qué piensa Sergio Massa y cuándo viaja a Nueva York a desenredar el acuerdo con el FMI.

Hay varias certezas y un puñado de incertidumbres en el Ministerio de Economía. La primera de todas –y pese a lo que se piense de Sergio Massa– es que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es sinónimo de inflación creciente, las cifras no dejan margen para la esgrima ideológica: el 4 de marzo se cumplió un año de celebrado el acuerdo sobre la estafa más grande de la historia, unos u$d 45.000 millones que se convirtieron en deuda exigible.

Aquí sostenemos que no tiene sentido utilizar eufemismos porque es así como se diluye la memoria colectiva y la verdad pasa a ser lo que quienes tienen medios para imponerla quieren que sea: fue una estafa en la que se violaron todo tipo de regulaciones internacionales y nacionales, destinada a financiar la fuga de capitales, la reelección de Mauricio Macri y como objetivo superior, garantizar la dependencia política y económica del país por décadas.

En los primeros 12 meses del acuerdo, la inflación se incrementó a un promedio del 6% mensual y la interanual saltó del 52,3% al 102,5%, es decir que el enorme esfuerzo por cumplir las condicionalidades duplicó la inflación, mientras el dólar y por sobre todas las cosas el salario, siguieron actuando como ancla del esquema macro: a marzo 2023 los salarios acumulaban una suba promedio del 102,4% contra un 104,3% del índice de precios al consumidor.

A esto lo spoileamos repetidas veces cuando analizamos en AIRE los términos proyectados del acuerdo, a pocos días de firmado. También lo decían los economistas de los dos partidos de centro izquierda más contestatarios del FDT (Patria Grande y Unidad Popular) y hay que decir que también Massa y su equipo de asesores económicos, algunos de los cuales hoy integran la delegación que suele reunirse con los directores del FMI en Estados Unidos.

También en éste portal anunciamos hace casi un mes que esa delegación postergaba su viaje para debatir los términos del acuerdo y la liberación de fondos anticipados, porque el Fondo prefiere esperar los resultados de las PASO y negociar con quien tenga crédito político para asumir compromisos. Al día de hoy no hay fecha para ninguno de los viajes, ni el del staff técnico argentino liderado por Lisandro Cleri, ni del Ministro precandidato. “Sergio no va a viajar en una posición de debilidad, ni para traer malas noticias, ni antes ni ahora, hasta ahora llevamos 80 días tratando de recalibrar metas, desembolsos y calendarios de pago, necesitamos resolver eso antes de que se suba al avión”, nos confían desde el MEC.

FMI
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es sinónimo de inflación creciente, las cifras no dejan margen para la esgrima ideológica.

El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) es sinónimo de inflación creciente, las cifras no dejan margen para la esgrima ideológica.

Para que quede muy claro, el peronismo unificado detrás de Massa y Cristina Kirchner supo siempre que la deuda era impagable antes y después del acuerdo, luego del golpe que supuso la sequía más aún. Siempre se trató de evitar un default –según sus cálculos– de consecuencias imprevisibles o devastadoras y se desestimó de entrada investigar e impugnar una estafa sin precedentes. Ahora hay que saldar la deuda macrista con plata del fondo y afrontar otra de igual magnitud sin perder elecciones ni convicciones que sepulten ideológicamente al peronismo.

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En una charla para otra nota, Alejandro Horowicz (Doctor en Ciencias Sociales, brillante ensayista y peronólogo con certificaciones indudables) nos aseguraba “la emergencia del kirchnerismo era el hecho que marcaba la desaparición del peronismo conocido hasta entonces, que ahora el programa del kirchnerismo sea el programa de Massa, y el de Massa sea cumplir con el FMI, marca el fin del kirchnerismo, vamos hacia otra cosa, mal que les pese a quienes se sostienen en esa identificación”.

Sin entrar en otros debates, vamos a la segunda certeza más importante del equipo que conduce Massa y que el Secretario de Programación Económica Gabriel Rubinstein fechó a riesgo y en privado: “Hay actores que no se van a resignar a perder, así como así, sin los dólares adelantados del Fondo no hay modo de evitar una devaluación y eso puede pasar en las próximas seis semanas”.

Acuerdo entre deudores: Argentina y Egipto en el lobby menos pensado

Pagar importaciones y cuotas con el FMI entregando yuanes del swap con China, viabilizar acuerdos multilaterales con sus principales socios comerciales para no utilizar dólares (China, Brasil), incorporación al BRICS para ganar respaldo internacional y acceder a líneas de crédito alternativas y ahora una acción conjunta con la segunda nación más endeudada con el Fondo (la primera es la nuestra, gracias a Cambiemos). Argentina y Egipto representan el 40% del total de dinero que el FMI tiene prestado en todo el mundo. Es así que Massa despliega todas las herramientas que su posicionamiento ideológico y político le permiten, para dos cosas: una que suena natural en él, pues lo ha dicho en varias ocasiones (cumplir compromisos asumidos sin empeorar las condiciones de vida y el futuro de los y las argentinas) y otra que a sus detractores les parece una pose, pero que el Ministro esbozara hace horas, al fustigar el lockout de las patronales del transporte de pasajeros en un acto en la planta de AySA de San Fernando: “seguir haciendo lo que hay que hacer para sacarnos al FMI de encima”.

Ya citamos a Horowicz, nuestros lectores (con los que polemizamos amablemente en los comentarios al pie y en twitter) saben que no nos prendemos en operaciones del tipo “construyamos un Massa kirchnerista”. Pero hay que decir que –aunque parezca mucho– al proponer “sacarse al FMI de encima” el tigrense sonó un poco a Néstor Kirchner, e hizo algo que hasta su propia tropa le criticaba a Cristina, señaló a empresarios que malversaron fondos destinados a pagar los sueldos de sus trabajadores, denostándolos como “parásitos” y haciendo nombres: Ángel Faija, el hombre fuerte detrás de DOTA, un pulpo que controla 180 líneas en el AMBA y controla la producción de carrocerías y seguros y Javier Zbikoski, titular del grupo METROPOL, el segundo operador más importante del país con 27 líneas y más de 4.000 empleados, pero que posee varias concesionarias automotrices en el país y es un próspero terrateniente en la provincia de Mendoza.

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El peronismo unificado detrás de Massa y Cristina Kirchner supo siempre que la deuda era impagable antes y después del acuerdo.

El peronismo unificado detrás de Massa y Cristina Kirchner supo siempre que la deuda era impagable antes y después del acuerdo.

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Nadie conoce a Zbikoski como “el amarillo”, pero Massa sabe de sus preferencias políticas por referencias del Ministro de Transporte Diego Giuliano. Y la convicción de que todos los sectores afines a Juntos por el Cambio van a jugar a fomentar el descontento social con el gobierno si no el caos (los zócalos de A24, Crónica y LN+ lo presentan exactamente así) es la misma que prevé una corrida contra el peso para las próximas semanas, para la cual no alcanzará con alternativas creativas o pagos diferidos de capital previstos en el EFF (Acuerdo de Facilidades Extendidas), sino que resultará indispensable que el FMI se convenza de que Patricia Bullrich (ganadora probable de una interna con Horacio Rodríguez Larreta) es una mala opción y –sin estar empadronado– vote por Massa y Unión por la Patria, y le permita llegar a octubre sin accesorios impresentables sobre el traje, como la soga al cuello con la que hoy hace cuentas; porque “la vida es un instante y el futuro mañana y pasado, a lo sumo el mes que viene”.

Finalmente, Laspina escribió 330 páginas donde muestra a Nigeria como ideal, un país que acaba de eliminar controles cambiarios a pedido del FMI y permite retiros en dólares de hasta u$d 10.000 mensuales. La consecuencia fue una devaluación inmediata del 36% que terminó con la brecha entre el dólar oficial y los paralelos y que pulverizó los salarios de casi 150 millones de nigerianos. “Ese camino no lleva a Noruega” aseguran en el entorno de Massa, sino al desastre.