Las dos caras del gobierno de Javier Milei: la economía festeja y la política institucional retrocede
Mientras el FMI celebra el cumplimiento de las metas macroeconómicas, los ciudadanos de a pie no llegan a fin de mes. En paralelo, se suceden las disputas palaciegas por el poder.
La orden que impartió Javier Milei a su tropa de vetar el pliego de la jueza Michelli constituyó una nueva demostración de arbitrariedad.
El país transita este tercer año del mandato de Javier Milei en dos sintonías. La macroeconomía preserva sus signos vitales estables y las expectativas de crecimiento son optimistas, aunque la economía real –la del ciudadano de a pie que no llega a fin de mes– siga sin dar muestras claras de reanimación. En la política, sin embargo, el gobierno libertario no deja de autoinfligirse problemas y tropiezos que impactan, cada vez con mayor virulencia, en las disputas palaciegas por el poder.
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) celebró con entusiasmo el cumplimiento de las metas macroeconómicas acordadas con el ministro de Economía, Luis Caputo. Su portavoz, Julie Kozack, detalló el jueves pasado que desde el comienzo del año el Banco Central de la República Argentina (BCRA) ya compró US$ 10.000 millones en divisas, una cifra que permitió una mejora significativa en la posición externa del país y que la acerca al cumplimiento de la meta fijada para todo 2026 en el marco del programa.
Este robustecimiento de las reservas, que el FMI atribuye a un balance comercial más favorable y mayores ingresos de capitales –principalmente del agro, energía y minería–, permitió que la Argentina tuviera un desempeño “mucho mejor de lo anticipado”, destacó Kozack.
En la misma línea, el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central –elaborado sobre los pronósticos de las consultoras y analistas más destacados del país–, también anticipa expectativas estables en cuanto a la inflación y al crecimiento para este año, con una leve mejora respecto de abril.
Los hombres de negocios sintonizan este clima de época y de ello dan cuenta un puñado de megaempresarios locales –entre los que se destacan Marcelo Mindlin, José Luis Manzano, Miguel Galuccio, los hermanos Neuss y Leonardo Scatturice– que protagonizaron algunas de las operaciones más grandes del país, y avanzaron sobre activos que hasta hace poco estaban en manos de compañías internacionales. El fenómeno se concentra sobre todo en la energía, el sector que más creció.
Así como la constelación empresaria se reconfigura con nuevos protagonistas al calor de los buenos negocios –y de las facilidades impositivas que ofrece el gobierno, primero con el RIGI y ahora con el súper RIGI–, el mapa del poder libertario también se redibuja, aunque a fuerza de peleas y fricciones cada vez menos disimuladas.
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La nueva rebeldía de Patricia Bullrich expuso, una vez más, las tensiones internas. La jefa del bloque de senadores libertarios se rehusó, por “objeción de conciencia”, a avalar la decisión del presidente Milei de vetar la designación de María Verónica Michelli como jueza presuntamente por ser cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. El Senado, en un desaire al Presidente, finalmente dio su acuerdo al pliego en la sesión del jueves pasado, pero Milei tiene ahora en sus manos la posibilidad de no firmar el decreto que efectivizaría a Michelli en el cargo de jueza.
¿Qué hará el Presidente? El daño institucional, por de pronto, ya está hecho. La orden que impartió a su tropa en el Senado de vetar a Michelli –desoída por Bullrich– constituyó una extraordinaria demostración de arbitrariedad, espíritu de venganza, ataque a la libertad de expresión y la libertad de prensa y desconocimiento de la independencia de poderes. Si decidiera no firmar el decreto de designación confirmaría ese sesgo autocrático.
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No parecería que esto amilane a Milei, poco afecto a respetar los límites republicanos. Todo indica que avanzará hasta las últimas consecuencias, aunque ese talante le depare, más pronto que tarde, resquebrajamientos en la fuerza libertaria.






