Cuando el 15 de enero a las 21.30 B. salió de su casa del barrio Tío Rolo, en el extremo sur de la ciudad para dirigirse a su trabajo, jamás imaginó que la vida le presentaría semejante situación. Menos aún dentro de un colectivo donde se supone que cualquier ciudadano se siente algo más resguardado y aliviado de los peligros que presenta la noche. Este no fue el caso.
Luego de transitar un primer tramo en un coche de la línea 132, llegó a la estación de servicio Shell de Batlle y Ordoñez y Ovidio Lagos, donde funciona la punta de línea de esa empresa. El conductor le avisó que terminaba su horario, y que se debía bajar para hacer un trasbordo en otro coche. La joven ascendió al interno 93 de la misma línea para proseguir viaje. Era la única y solitaria pasajera, y se ubicó en un asiento trasero, pero el conductor le sugirió que sentara adelante porque “le podrían robar”.
Según denunció ante la Unidad de Delitos Sexuales del Ministerio Público de la Acusación, a partir de ese momento comenzó su calvario. Extrañamente y por fuera de lo que indican los protocolos, el chofer arrancó con las luces interiores del colectivo prendidas pero a los pocos metros las apagó y realizó una primera parada en la oscuridad que derrama el puente de Circunvalación que cruza Ovidio Lagos.
Como la ella se negó, el chofer nuevamente se acomodó en su asiento, y con total impunidad prosiguió el recorrido manejando con los pantalones bajos y el cinto desabrochado.
En ese instante el servidor público, un hombre robusto, lanzó una frase inquietante. “Vas a tener mis servicios gratis”, le dijo a la chica con tono obsceno e imperativo, y prosiguió el viaje. Siempre con el habitáculo en penumbras y sin levantar pasajeros, volvió a detener la unidad en Ovidio Lagos al 5200. Allí trabó las puertas para impedir que la pasajera se bajara.
De repente B. lo tenía a su lado. “Se le acercó y comenzó a darle besos en las mejillas, y en toda la cara, la sujetó fuerte de los brazos y forcejeó con la joven. Se bajó los pantalones y el calzoncillo e intentó sacarle la calza que tenía”, describió la fiscal Nora Marull sobre la dramática situación, y que se expuso en la audiencia imputativa desarrollada el jueves en el Centro de Justicia Penal (CJP) de Rosario.
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Perverso
Como la ella se negó, el chofer nuevamente se acomodó en su asiento, y con total impunidad prosiguió el recorrido manejando con los pantalones bajos y el cinto desabrochado. Siempre con las luces interiores del micro apagadas, llegó a la zona del Club Provincial, en 27 de Febrero y Ovidio Lagos. Otra vez trató de sacarle las calzas e intentó abusarla, pero ella se resistió. El chofer volvió a su lugar, mantuvo las luces del habitáculo apagadas y siguió el recorrido.
Como si lo anterior no hubiese sido espantoso, la pasajera soportó la peor vejación. El colectivero se detuvo nuevamente en Dorrego y Virasoro, y orilló hacia la vereda debajo de un árbol en un contexto de absoluta oscuridad. En esa instancia arrinconó a B. en el espacio reservado para los discapacitados, la obligó a inclinarse, se puso más agresivo, la insultó y le vociferó: “Enferma, hija de puta, dale que tengo que hacer un rapidito de cinco minutos antes de que llegue el otro colectivo que viene atrás”.
Con su mujer presente en la sala, quien rompió en llantos con los detalles del caso, el colectivero se abstuvo de declarar. El único contacto que hubo entre la pareja fue un cruce de miradas, cuando el chofer se dio vuelta y pareció balbucearle la palabra “perdón”.
La víctima soportó la arremetida. Pero él prosiguió, se masturbó y la seguía insultando. Luego le ordenó que no dijera nada, encendió las luces y empezó a levantar pasajeros. Mientras, la chica quedó aturdida, aterrada, llorando y temblando dentro de la unidad. Quiso descender pero las puertas del colectivo estaban cerradas. Ya con mayor cantidad de usuarios, pudo bajarse en Maipú y San Luis. De inmediato se dirigió a la casa de una amiga y luego a un centro de salud donde le aplicaron suero y la asistieron por severos ataques de pánico.
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Al otro día presentó la denuncia junto a su madre, que difundió lo ocurrido en las redes sociales. Tras una serie de medidas para constatar la identidad del agresor, la fiscal Marull ordenó la detención de Norberto Gabriel M., un hombre de 36 años, casado con tres hijos y domiciliado en Pérez. El jueves fue trasladado a la audiencia imputativa donde se exhibieron una batería de evidencias en su contra.
La principal fue la ronda de reconocimiento que se hizo horas antes del trámite, donde la víctima identificó claramente a su ofensor sexual. Según dijo la fiscal, en ese contacto visual con el hombre revivió lo ocurrido y sufrió una descompensación, por lo cual debió ser asistida por una médica.
Evidencia contundente
Para sostener la imputación, la fiscal indicó que se tomaron múltiples declaraciones a empleados de El Cacique, se colectó la información del GPS con el recorrido del colectivo, se tomó testimonial a empleados de la estación de servicio, y se relevaron cámaras de seguridad de todo el recorrido. Además, confirmó el hallazgo de gran cantidad de espermatozoides en las prendas la víctima. Por eso solicitó la extracción compulsiva de sangre del colectivero, que servirá para cotejar su ADN con el resultado de las muestras biológicas colectadas.
La funcionaria remarcó el estado de vulnerabilidad de la víctima, que no conocía al chofer, y la gravedad un hecho cometido por un servidor público. Además de adelantar que todavía queda medidas pendientes de producción, Marull solicitó la prisión preventiva sin plazos de Norberto Gabriel M. a quien le achacó los delitos abuso sexual con acceso carnal en grado de tentativa, y abuso sexual gravemente ultrajante, ambos en concurso real, y agravado por el rol que desempeñaba.
Perdón
Con su mujer presente en la sala, quien rompió en llantos con los detalles del caso, el colectivero se abstuvo de declarar. El único contacto que hubo entre la pareja fue un cruce de miradas, cuando el chofer se dio vuelta y pareció balbucearle la palabra “perdón”.
Por él habló su defensora, Silvana Lamas, del Servicio Público Provincial de la Defensa Penal (Sppdp). La abogada no se opuso al encuadre legal del caso pero trató de mejorar la condición cautelar. Dijo que su asistido tiene tres hijos de 1, 7 y 15 años, que está en pareja con su mujer hace 16 años, y que sufre patologías cardíacas. Por eso solicitó la libertad bajo una fianza de 10.000 pesos con controles, o que subsidiariamente se le otorgue la prisión preventiva domiciliaria con monitoreo de tobillera electrónica.
La jueza Paula Álvarez escuchó atentamente los planteos. Tras repasar y evaluar la evidencia, la magistrada resolvió escoger la imputación tal cual la planteó la Fiscalía, ordenó la extracción de sangre del imputado, y resolvió dejarlo en prisión preventiva efectiva por el plazo de ley (dos años).
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Acoso en el transporte público
Luego de que se ventilara el grave incidente, desde la Municipalidad de Rosario indicaron que el acoso en el transporte público es una problemática que “preocupa profundamente”, según la titular del Área de Género y Derechos Humanos, Mariana Caminotti.
“Es una problemática que se ha visibilizado en los últimos años y viene creciendo. Tal vez es función de que tenemos más posibilidad de efectuar la denuncia de situaciones que antes estaban ocultas. Por eso estamos en un diálogo permanente con la secretaría de Movilidad para abordar el tema de género y transporte, que es central. Porque las mujeres son las principales usuarias del servicio”, apuntó la funcionaria.
Y reforzó la necesidad de “garantizar la integridad y seguridad para que se puedan mover por la ciudad con tranquilidad, sin temor a quedar expuestas a este tipo de situaciones”.
Además detalló que se trabajan ejes relacionados a la “revisión de los protocolos y circuitos del tratamiento que se le da a la temática del abuso en el transporte público para agilizar y optimizar proceso de la actuación de la Municipalidad; la planificación del proceso de formación de género y violencia del personal vinculado a la movilidad y el transporte, en el marco de la Ley Micaela”
“Otro puntal es el diseño de un plan más amplio sobre género y transporte que nos permita abordar las situaciones que experimentan las usuarias, y poder dar respuestas a estas problemáticas. La violencia de género debe ser prevenida y combatida desde las distintas áreas de la Municipalidad de Rosario, con respuestas eficaces y efectivas”.
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