menu
search
Sociedad Redes sociales | infancias | tecnología

Redes sociales: entre la prohibición y el acompañamiento a infancias y adolescencias

Australia impide que los menores de 16 años usen redes sociales y reavivó una discusión global. Por sí sola, la prohibición ¿resuelve los problemas?

¿Está bien prohibir? ¿Es efectivo? La decisión de Australia de impedir el acceso a redes sociales a menores de 16 años generó impacto mundial. En Faro Digital, organización no gubernamental que trabaja en estos temas, consideran que “la medida abre una conversación necesaria: que los Estados nacionales empiecen a involucrarse activamente en cómo las plataformas impactan en las infancias y adolescencias”.

“Nos parece positivo que, por primera vez en mucho tiempo, la pregunta pública no sea únicamente ‘qué hacen chicos y chicas en las pantallas’, sino qué hacen las plataformas para acelerar la incorporación temprana y sostener prácticas digitales que no siempre son compatibles con su desarrollo”, expresaron Santiago Stura, coordinador de Comunicación Institucional, y Milagros Schroder, coordinadora de Educación de Faro Digital.

LEER MÁS ► Teléfonos celulares: soltarlos también es difícil para los adultos

El acceso de niñas, niños y adolescentes a las redes sociales es un tema de preocupación mundial. Desde el miércoles pasado, en Australia, quienes tienen menos de 16 años no pueden abrir cuentas en Facebook, Instagram, YouTube, TikTok, Snapchat, Reddit, Kick, Twitch, Threads y X.

redes sociales.png
Especialistas prefieren hablar de conexión y desconexión más que de “prohibición”.

Especialistas prefieren hablar de conexión y desconexión más que de “prohibición”.

Regulación y diseño

“Desde Faro Digital venimos insistiendo en la necesidad de construir consensos cronológicos: discutir colectivamente a qué edad da cada pantalla, cada plataforma y cada tipo de contenido”, siguen los especialistas.

Y consideran que “ese debate no puede quedar en manos de las familias de forma aislada, ni de las escuelas en soledad, ni tampoco únicamente en un enfoque de responsabilidad individual. Necesita incluir al Estado, a las plataformas, a la comunidad educativa y a quienes trabajan con infancias y adolescencias”.

La regulación de Australia ¿será fácil de vulnerar por un chico que pueda fraguar su fecha de nacimiento? La misma ley contempla multas millonarias para las plataformas que lo permitan.

LEER MÁS ► El dilema de los celulares en las escuelas: ¿distracción o herramienta pedagógica?

“En ese sentido, la regulación australiana tiene algo valioso: nombra y problematiza explícitamente las estrategias de diseño de experiencia de usuario que buscan generar continuidad ilimitada —scroll infinito, estímulos neurosensoriales, mecanismos de recompensa— y que hacen difícil para chicos y chicas autorregular el uso. Que eso entre en agenda pública es un avance”, analizan Stura y Schroder.

Y si bien ponderan esa iniciativa, prefieren hablar de conexión y desconexión más que de “prohibición”.

adolescentes pantallas celulares
Se indica que es necesario regular esta relación de niños, niñas y jóvenes con las redes.

Se indica que es necesario regular esta relación de niños, niñas y jóvenes con las redes.

“Lo prohibido suele volverse silencioso, clandestino y difícil de acompañar. Nosotros necesitamos justo lo contrario: más palabra, más conversación, más presencia adulta en los territorios digitales. La regulación puede ordenar, pero no reemplaza el acompañamiento”, argumentan desde Faro Digital.

¿Prohibir o educar?

En el mismo sentido se pronuncia Gabriel Brener, licenciado en Ciencias de la Educación por la UBA, especialista en Gestión y Conducción de Sistema Educativo por la FLACSO y profesor de Enseñanza Primaria. “La prohibición es algo más para aliviar al mundo adulto de su impotencia que una buena solución”, apunta Brener.

“Porque solo contempla la dimensión punitiva y lo que necesitamos con los recién llegados son límites que no clausuren solamente, sino que ayuden a aprender, y no castigos que incluso alimentan la transgresión”, alerta sobre lo atractivo que puede volverse algo prohibido.

LEER MÁS ► La infancia está en disputa: por los teléfonos celulares, cada vez se juega menos

Para Brener, “la salida punitiva parece saciar cualquier tipo de ansiedad, pero impide lo primordial, que consiste en la reparación, igual que una sanción en la escuela. Si solo castiga, no habilita la posibilidad de comprender el error o la dificultad o un acto indebido. Incluso puede volver a cometerse en ausencia de quien castiga”.

Es decir que es mejor tener otras estrategias antes que prohibir.

El rol del Estado

Para FARO Digital, si Argentina “decidiera avanzar en una medida similar, sería imprescindible que esté sostenida por una gran conversación pública que explique los motivos, los riesgos y cómo funcionan las arquitecturas digitales que aceleran la incorporación temprana”.

Claro que Argentina parece estar muy distante de una medida similar, ya que el gobierno nacional —alineado totalmente a Donald Trump— apunta a la desregulación de todas las instancias de la vida, ya sea el mundo laboral, la educación o la salud. Mucho más el digital, con su acuerdo estratégico con los magnates tecnológicos.

LEER MÁS ► Santa Fe prohibirá el libre uso de teléfonos celulares en escuelas primarias, secundarias y terciarios

Brener, en cambio, está convencido de la necesidad de acción estatal. “Es necesario regular esta relación de niños, niñas y jóvenes con las redes, especialmente en clave pedagógica”. Pero la clave, para él, “ es la sanción como reparación, tanto en la escuela como en la relación social de la infancia y adolescencia, en este caso con las redes”.

Un horizonte sin proyectos

Al especialista en Educación, lo que más le preocupa es “la ausencia de un proyecto de vida que valga la pena”. Y elogia —tal como los integrantes de Faro Digital— que “temas como este sean parte de políticas públicas”. Esa intervención habla de la “principalidad del Estado para regular la convivencia y cuidar a la gente, especialmente a los más pequeños”.

Y trae un ejemplo mucho más cercano: “Algo así sucede con Brasil”. En septiembre de este año, el presidente Lula Da Silva sancionó una ley que regula la relación de los chicos y adolescentes con las redes.

Esa legislación obliga a las plataformas de internet a adoptar niveles máximos de protección de datos en los casos de niños y adolescentes, lo que incluye “sistemas confiables” de verificación de edad. Además, los menores de 16 años deberán tener una “expresa autorización de sus padres”, quienes deben contar con mecanismos para fiscalizar su uso.

LEER MÁS ► Celulares en las escuelas: ¿prohibirlos ayuda o genera más ansiedad?

Además, se prohíbe el envío de contenidos pornográficos o violentos hacia las cuentas de menores de edad, que tampoco podrán tener acceso a juegos de azar en el espacio virtual.

Brener traza una diferencia con Argentina, donde Javier Milei “intenta pulverizar al Estado en salud, empleo y educación”.

Homeschooling, pantallas y desigualdad

En ese contexto, cuestiona que el proyecto de ley de libertad educativa del gobierno nacional aliente “el homeschooling, que es la escuela en casa” porque esa práctica “además de aumentar la desigualdad que ya existe, fomenta más aún los peligros de quedar atrapados en las pantallas en un sálvese quien pueda, donde se adula la selfie y lo que se hace es erosionar los lazos y el encuentro presencial como forma de aprender humanidad”.

Aún más grave le parece que todo eso ocurra en un contexto que baja a 13 años la invitación y promoción a ser operador bursátil. Aislamiento mientras se impulsa la especulación puede ser una combinación muy dañina para infancias y adolescencias.

El necesario acompañamiento

Desde Faro Digital también consideran que cualquier medida de regulación debe incluir “instancias de escucha y participación de familias, escuelas, especialistas, organizaciones y, sobre todo, de las propias adolescencias”.

No solo eso: esperan que haya “programas de acompañamiento y cercanía para las y los adolescentes, que hoy se sienten profundamente desamparados por el mundo adulto. Una regulación por sí sola no resuelve el malestar ni la soledad digital”.

LEER MÁS ► Prohibir el celular en las aulas equivaldría a cinco días extra de clases al año

Y como vienen pidiendo en distintos ámbitos, que haya una “actualización constante de políticas educativas y de cuidado, que integren alfabetización digital crítica, ciudadanía digital y estrategias de bienestar”.

La responsabilidad de las plataformas

Para Stura y Schroder, hay que delimitar una “responsabilidad clara” para las plataformas, “no solo en términos de verificación de edad, sino en la revisión de las dinámicas de diseño”. Porque no hay nada “inocente” en la forma que las plataformas se plantean: su propia dinámica las lleva a promover la permanencia y sumar estímulos.

Los coordinadores de Faro Digital consideran “valioso que los Estados empiecen a intervenir y que se abran debates sobre límites y edades mínimas”.

LEER MÁS ► Adolescencias e internet: herramientas para prevenir la violencia digital

Pero consideran que “ninguna regulación puede pensarse como una solución mágica ni como sustituto del rol adulto. La clave no es prohibir: es acompañar, explicar, construir criterios comunes y fortalecer los lazos de cuidado alrededor de las infancias y adolescencias. Solo así cualquier medida —australiana o argentina— puede convertirse en una política de protección genuina”. Por eso dicen: “Es necesaria la regulación, sí. Es mágica, no”.

Escuela, encuentros y convivencia

En una lógica similar, Brener plantea que “la plataformización de la vida, incluso de la vida cotidiana, es parte de las actuales condiciones en que vivimos, pero tal como la vivimos parece ser tanto una fuente de supervivencia como un certificado de defunción”.

Lo que considera Brener es que “autonomía es desresponsabilización; dejar que los niños cuando quieran accedan a un celular y a las redes sociales sin control es aceptar el sálvese quien pueda como modo de convivencia. Creo que es fundamental regular”.

Y, como su trabajo está centrado en las escuelas, considera prometedor el Pacto Parental, nacido de un grupo de padres de Mendoza, quienes se comprometieron a no comprar su primer celular a sus hijos hasta los 13 años.

LEER MÁS ► Pantallas, redes y videojuegos: Santa Fe apunta a reducir el uso problemático de celulares entre adolescentes

“Al principio éramos veinte, luego la directora nos propuso ampliarlo y pronto se sumaron cien más. La idea se esparció y en pocos días ya éramos trescientos en el grupo”, contó Ignacio Castro, uno de los padres impulsores.

La propuesta también abrió un sitio web —pactoparental.org— que empezó a recibir adhesiones de padres de Córdoba, Buenos Aires y otras provincias. En esa web se lee que: 95% de los docentes cree que el celular daña la salud mental de sus alumnos, 1 de cada 3 adolescentes está expuesto a pornografía en la escuela, 237 notificaciones interrumpen su día, muchas en plena clase, 35% admite usarlo para copiarse, chicas y chicos pasan entre cuatro y seis horas diarias frente a una pantalla, y desde 2010 —cuando apareció la cámara frontal del iPhone que trajo la selfie y los likes de Facebook— aumentó 150% la depresión adolescente.

Acompañar, no prohibir

“Creo que hay que regular y que en ese sentido, hay que aprender de las experiencias que existen en distintas escuelas y comunidades donde se logra generar nuevas reglas de juego”, sigue Brener.

"La prohibición tiene patas cortas cuando un pibe sale de su casa o de la escuela y ve un cartel gigante con la imagen de Messi que en inglés le dice ‘Nada es imposible’. Entonces, es muy difícil querer que los chicos resuelvan algo para lo que los adultos mostramos nuestra absoluta impericia”, razona Brener.

“Siempre digo que los chicos aprenden mucho más de lo que ven que hacemos que de lo que les decimos que hagan. Por eso es que creo que hay que pensar en regular”.

LEER MÁS ► Prohibición de celulares en las escuelas de Santa Fe: "El aula debería ser un gimnasio cognitivo para el cerebro"

Lo fundamental es que la escuela sea un espacio de encuentro de los cuerpos, sobre todo “teniendo en cuenta lo que fue la experiencia de la pandemia, que nos ha dejado secuelas y daños subjetivos de envergadura”.

Para Brener, lo fundamental es “pensar en aumentar los encuentros cara a cara, cuerpo a cuerpo, aprender a vivir mejor con los otros, a convivir con las diferencias, reponer la palabra allí donde impera inmediatamente el impulso, en una sociedad en la que mostramos que la violencia, la denigración y la eliminación del otro es el modo de una supervivencia”.

Su propuesta es tan urgente como poética: “En este momento hay que practicar el imperativo de la solidaridad como causa pedagógica en cualquier lado, ya sea a nivel Nación, provincia, municipio, en el barrio y en las familias”.