En el masculino mundo de los motores eléctricos, una mujer hizo la diferencia en Santa Fe. Se trata de María Carina Ayub, quien quedó al mando de Motores Czerweny SA tras el fallecimiento de su esposo, dueño de la empresa desde la década de los 90'. Sin conocimientos previos, pero en un intento de sacar lo mejor de sí ante la adversidad, asumió la responsabilidad de continuar con la compañía y la hizo crecer a niveles exponenciales.
Tiene 51 años y nació en Amenabar, una localidad ubicada en el sur provincial. En una entrevista con AIRE recordó que cuando era joven vivió en Rosario, donde estudió Analista en Sistemas y formó una familia con Hugo, su compañero, pero cuando falleció su papá volvió al campo a trabajar. En paralelo, su marido compró la empresa que fue fundada en 1941, de la que ella formaba parte en la gestión de eventos sociales y recursos humanos. Pero a veces sucede que la vida da giros inimaginables: estaba con su familia de vacaciones en un barco en las Islas Caimán, y Hugo tuvo un infarto del que no sobrevivió.
"Mi marido tuvo un infarto fuera del país y cuando volví pensé que no podía permitir que la empresa muera. Si pude salir de ese barco, podía enfrentar cualquier cosa", dijo. Cuando llegó, al lunes siguiente, se puso a disposición de la fábrica. Reunió a sus empleados y les fue sincera: "Les dije que no sabía cómo hacer las cosas, pero que íbamos a salir adelante y tuve el apoyo de muchísima gente también", relató.
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De estar en su casa con sus hijos, pasó a viajar 260 kilómetros todos los días -entre la ida y la vuelta-, ya que vive en Funes y la empresa está en Gálvez. "Me levantaba a las 4 de la mañana y volvía a las 6 de la tarde. Todo ese sacrificio me ayudó y la gente lo valoró", dijo. A pesar de que "es un rubro muy masculino", poco a poco comenzó a ponerle su impronta, llenó el lugar de plantas, exigió orden e incorporó por primera vez en la historia de la empresa una tornera egresada de una escuela industrial.
Mira para atrás y no sabe cómo pudo salir adelante, pero cree que no tuvo opción: "Era ir y ponerme al frente de la empresa, o venderla. Pero lo hice por mis hijos", dijo. Ante la adversidad, trajo al presente lo que aprendió de su marido al escuchar lo que pasaba en la fábrica, pero afirmó que "al no ser una profesional o no tener en claro un montón de cosas me costó. Pero con sacrificio se pueden lograr las cosas".
Por su condición de mujer la subestimaron muchas veces, pero supo poner límites. "Muchas veces me dijeron, 'si estuviera Hugo esto no pasaba', pero me enojé y respondí 'no está, estoy yo', y no lo hicieron más. Siempre busqué el consenso, nunca fui autoritaria, pero la subestimación por ser mujer me pasó mucho. Con mis pares y con integrantes de la empresa", confesó.
Hay otro ejemplo que recuerda con claridad. "Cuando murió Hugo uno de los jefes se preguntó con esta mujer a dónde vamos a ir a parar, sin no sabe nada, y está a la vista que se pudo". Y en otra oportunidad un colega se sentó y le preguntó: "Che piba, ¿Cuándo viene el gerente?". Quedó helado cuando le dijo que era ella quien estaba a cargo de la compañía.
A pesar de esto, la empresa no solo continuó sino que hubo un crecimiento importante. Desde el 2018 participa en el mercado de energías renovables, con productos de captación eólica o solar, y su aplicación en bombas de pozo profundo, bombas autocebantes de piscina, y para autoconsumo eléctrico. Y también realizó cambios en la sustitución de importaciones.
Para Ayub, la mirada diferencial que aporta a la empresa como mujer tiene que ver con la sensibilidad, con ver las cosas desde otro lugar: "A mí muchos me dicen la 'jefesita' y la 'mami', me consultan como si fuera una madre, es eso, el ser más sensible, más humana, y hace bien saber que no soy la primera ni la última. Hay muchas mujeres en situaciones similares", dijo.
La entrevistada aseguró que siempre fue de esas madres muy presentes con sus hijos, que les cocinaba todo casero, no tenía a nadie que la ayude y se encargaba de todo. Pero cuando su vida cambió tuvo que modificar todas esas dinámicas y consideró que fue "muy duro" para ella y para sus hijos, que por ese entonces tenían siete y 13 años. "Ellos me ayudaron mucho, fueron mi sostén. Y también lo hice por ellos, para demostrarles que la vida seguía y que había que enfrentar lo que sea, de hecho mi hija se tatuó en un brazo 'resiliencia'", contó.
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Al liderazgo que tenía en su interior lo descubrió frente a la adversidad. "A veces uno no sabe el potencial que tiene y hay que pasar por un dolor inmenso para sacar lo mejor de vos", dijo. "Jamás pensé ocupar el cargo que tengo, me conformaba con ser madre y estar en mi casa, era mi satisfacción, pero hoy la empresa me llena de felicidad", agregó.
La Federación de Cámaras Empresarias del Comercio de la provincia de Santa Fe (Fececo) y la Cámara de Mujeres Empresarias y Emprendedoras Santafesinas (Camees) distinguieron la semana pasada a diversas mujeres comerciantes y empresarias de la provincia, entre las cuales Ayub estuvo presente en la categoría de empresaria inspiradora.






