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Cuestionar los mandatos de masculinidad: las consecuencias de no expresar los sentimientos y una posible salida

El luchador Paddy "The Baddy" Pimblett, la nueva sensación de la UFC, sumó su noveno triunfo por sumisión en su carrera profesional y al terminar, frente a las cámaras, brindó un mensaje sobre salud mental. "Por favor, eliminemos este estigma y que los hombres empiecen a hablar", dijo, y reivindicó la necesidad de preguntarse por los mandatos que pesan sobre los varones.

Un luchador de UFC se despierta a las 4 de la mañana con un llamado. Del otro lado, una voz le informa que Ricky, su mejor amigo, tomó una drástica decisión: la de quitarse la vida. Cinco horas después, se pesa, compite en artes marciales y gana. Con un estadio ovacionándolo tras la victoria, y los ojos del mundo sobre él mediante los medios de comunicación, aprovecha la cámara para difundir un importante mensaje sobre la salud mental: "Por favor, eliminemos este estigma y que los hombres empiecen a hablar”. Esto le sucedió a Paddy “The Baddy” Pimblett, y sus palabras que se hicieron virales pusieron en el centro del debate la necesidad de cuestionar los mandatos de masculinidad, las consecuencias en los hombres de no poder expresar los sentimientos y las posibles soluciones.

Para abordar esta problemática, AIRE habló con el psicólogo rosarino Ignacio Rodríguez, coordinador del Dispositivo de Atención con varones que ejercen violencia de género, integrante del Área de Género y Sexualidades de la Universidad Nacional de Rosario, e integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social. El especialista explicó que cuando se habla de la masculinidad en singular, se refiere a la hegemónica o normativa, y que implica una determinada cantidad de mandatos que fueron transmitidos intergeneracionalmente, a través de la familia, la educación, la cultura, que producen desigualdad, violencia, y relaciones de poder entre los géneros y entre los mismos varones.

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"Ricky... Esta va por ti. Hay un estigma en este mundo, de que los hombres no pueden hablar. Escúchenme bien, si eres hombre y sientes un gran peso sobre tus hombros, y piensas que la única forma de resolverlo es suicidándote, por favor habla con alguien. Habla con quien sea. La gente te escuchará. Hay un estigma en este mundo de que los hombres no pueden hablar. La gente preferiría, yo preferiría, que mi amigo llorara en mi hombro, en lugar de ir a su funeral la próxima semana. Entonces, por favor, eliminemos este estigma, ¡Y los hombres empiecen a hablar!”, dijo el deportista británico de 27 años, con un dolor muy grande en su mirada. Pero no hay que irse a otro continente para observar que es un problema que atraviesa a todas las sociedades.

A fines de 2020, el jugador del Club Atlético Colón, Ramón "Wanchope" Ábila, en aquel momento aún en Boca, contó que Gastón, su sobrino -al cual refirió como su hermano-, se quitó la vida en su casa por una depresión "que nunca avisó y que le pasa mucha gente”. Por esos días, el futbolista dejó un fuerte mensaje para todos los que transitan una situación similar: “Quiero darle el mensaje a esa gente para que pida ayuda, porque hay gente que seguramente va a querer ayudarla y va a tener la necesidad de ayudarla a salir adelante", expresó ante las cámaras.

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Estos mandatos están vinculados a los modos de un "deber ser" para considerarse varón, a figuras del hombre como el proveedor, el fuerte, el autosuficiente, el creador, y por eso, no tiene permitido ser emocional. Para Rodríguez, hablar de los sentimientos está asociado comúnmente a la debilidad, a la vulnerabilidad y entonces no se condice con la manera "correcta" - entre muchas comillas- de cómo debe ser un hombre.

En esta línea, consideró que las consecuencias para la salud mental del impedimento de no poder expresarse, puede implicar en muchas ocasiones, patologías del acto. "Con esto me refiero a los suicidios, a la violencia, o al consumo problemático de sustancias, entre otras. Ahí donde no se puede hablar, se buscan formas de silenciar o tapar", dijo. "Esto es transversal a todos los géneros, pero si uno busca estadísticas, por ejemplo, en consumo problemático o en los ataques cardíacos por estrés no tratado, es mayor en los varones", agregó.

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Para Rodríguez, hablar de los sentimientos está asociado comúnmente a la debilidad, a la vulnerabilidad y entonces no se condice con la manera "correcta" - entre muchas comillas- de cómo debe ser un hombre.

Para Rodríguez, hablar de los sentimientos está asociado comúnmente a la debilidad, a la vulnerabilidad y entonces no se condice con la manera "correcta" - entre muchas comillas- de cómo debe ser un hombre.

Para cambiar esta situación y que habitar la masculinidad deje de ser un mandato represivo, explicó que es importante generar espacios donde los varones puedan hablar de lo que les pasa con otros varones. "Muchas veces los hombres asumen que las mujeres pueden escucharlos porque están conectadas de otra manera a la sensibilidad, pero es importante hablar entre varones sin que eso signifique una pérdida de los espacios de identidad masculina", dijo.

En este sentido, consideró que es fundamental empezar a hablarlo en los grupos de amigos, sin quedar como el "cortamambo", o el "mala onda", sino comenzar a plantear otras charlas y debates diferentes a las que se habla habitualmente en WhatsApp o los encuentros. "Hay que empezar a visibilizar que también estamos atravesados por padecimientos, problemáticas, tristezas o alegrías", sostuvo.

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Por último, Rodríguez se centró en el término tan escuchado en los debates feministas: "deconstrucción". Sobre este concepto, remarcó que no hay que tomárselo a la ligera, y que significa poder revisar estos mandatos de masculinidad con una mirada crítica. "Significa poder elegir otra forma de habitar la masculinidad, y que eso implique también generar relaciones más igualitarias, sanas y diversas entre hombres y mujeres", concluyó.

De la fuerza que cobró el movimiento feminista en esta época contemporánea surgió, en gran parte, la interpelación hacia los varones sobre la necesidad de nuevas masculinidades, de nuevos debates, de nuevas formas de pensarse a uno mismo y los vínculos con los demás. Se trata de una verdadera necesidad de romper con el modelo tradicional impuesto que perjudica a todos los géneros de distintas maneras, y de deconstruir para construir una verdadera transformación cultural en la que los hombres puedan ser personas vulnerables, sensibles y amorosas.