Gracias a una intervención quirúrgica de urgencia —una craneotomía descompresiva— se evitó el colapso total de la actividad cerebral, lo que representa, según los especialistas, un punto positivo dentro de un contexto aún muy delicado.
“Lo positivo es que se evitó el enclavamiento cerebral y la muerte encefálica. Esa fue la amenaza más grave en las primeras horas”, explicó el jefe de terapia intensiva del hospital, doctor Néstor Carrizo.
Estado clínico: estable pero crítico
Oliveras se encuentra sedada y con asistencia respiratoria. Según los partes médicos, su situación clínica es estable desde el punto de vista hemodinámico y respiratorio. Sin embargo, su evolución neurológica presenta fluctuaciones. Esta inestabilidad es esperable en pacientes neurocríticos y obliga a un monitoreo permanente.
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“En estos cuadros no hay cambios bruscos ni recuperaciones inmediatas. Los tiempos en pacientes críticos son distintos, se miden en días o semanas”, señaló Carrizo, quien insistió en que el objetivo principal sigue siendo mantener la estabilidad y preservar la mayor funcionalidad cerebral posible.
Zona cerebral afectada y posibles secuelas
El infarto cerebral afectó el hemisferio izquierdo, región clave para funciones motoras y del lenguaje. Se trata de un área crítica, sobre todo en personas diestras como Oliveras, ya que allí se localiza el centro del habla y se controla la motilidad del lado derecho del cuerpo.
“Es demasiado pronto para definir las secuelas. Lo que buscamos ahora es que el resto del cerebro, que no fue dañado por el infarto ni por el edema, se mantenga en funcionamiento”, afirmó Carrizo.
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“Es demasiado pronto para definir las secuelas", señaló uno de los médicos.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Si bien se anticipan consecuencias neurológicas relevantes, los especialistas son cautos. Aún no es posible establecer con certeza qué funciones podrían recuperarse o qué nivel de autonomía podría alcanzar la paciente en el futuro.
Causa probable: una lesión en la arteria carótida
Los estudios realizados indican una alta sospecha de que el ACV fue provocado por una embolia cerebral, posiblemente originada en una lesión ateroesclerótica de la arteria carótida. Ese coágulo habría obstruido la arteria silviana, una de las principales vías de irrigación del cerebro.
Oliveras no tenía antecedentes conocidos de hipertensión, diabetes u otras enfermedades predisponentes. Su caso se suma a una preocupante tendencia: la aparición de eventos cerebrovasculares en personas jóvenes sin factores de riesgo evidentes.