Parte médico de "Locomotora" Oliveras
La ex boxeadora, Alejandra Locomotora Oliveras, se encuentra con pronóstico reservado, pero clínicamente estable, en asistencia mecánica respiratoria, con monitoreo neurológico, según informó el director del hospital, doctor Bruno Moroni.
Oliveras permanece con asistencia mecánica respiratoria y bajo monitoreo neurológico permanente. Es controlada por un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de terapia intensiva, neurología y neurocirugía, que evalúa minuto a minuto su evolución.
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El equipo médico realiza estudios constantes para evaluar su respuesta neurológica.
Habló el médico que operó a Locomotora Oliveras: el postoperatorio y la evolución del cuadro
“El procedimiento no es para tratar el ACV en sí, sino que es una maniobra de salvataje ante la evolución desfavorable del cuadro”, precisó el cirujano. Oliveras había mostrado signos de mejoría, pero su estado general se agravó debido a una inflamación cerebral generada por la falta de oxígeno en una zona del cerebro.
Ante ese cuadro, el equipo médico del Cullen decidió intervenir para aliviar la presión intracraneal. Según Del Sastre, el objetivo fue dar al cerebro el espacio necesario para estabilizarse. “Se trata de evitar que esa presión siga comprometiendo áreas sensibles. No es una cura del ACV, es un intento por frenar un desenlace peor”, subrayó.
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El médico que operó a Locomotora Oliveras tras un ACV explicó en AIRE cómo fue la cirugía de urgencia y cuáles son los pasos clave en su recuperación.
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Las claves del postoperatorio de Locomotora Oliveras y el monitoreo continuo
Las primeras 72 horas posteriores a la intervención son fundamentales. “El cerebro ya estaba lesionado y ahora sufre una segunda injuria, por eso cada signo es clave”, indicó el profesional. Oliveras permanece sedada y conectada a asistencia respiratoria mecánica, en un coma barbitúrico farmacológico que permite mantener al cerebro en reposo.
El equipo la monitorea de forma permanente mediante estudios como la compupilometría —que evalúa la respuesta de las pupilas— y ecografías doppler transcraneales, que muestran el flujo sanguíneo cerebral.
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Si estos parámetros se mantienen estables, en los próximos días podrían reducir la sedación y realizar las primeras pruebas de respuesta neurológica. Sin embargo, Del Sastre fue cauto sobre el pronóstico: “Hay un infarto cerebral de gran tamaño. Recién después de 72 horas se puede tener una idea más concreta sobre la evolución”.
La intervención, según el médico, buscó evitar un daño irreversible: “Esto no significa que se haya curado, sino que fue una respuesta a una complicación secundaria que puede ser fatal si no se actúa a tiempo”.