Azar aclaró que, a diferencia de los tsunamis tradicionales —provocados por movimientos de placas tectónicas—, el meteotsunami se genera por factores atmosféricos. En este caso, se combinaron un frente frío, fuertes diferencias de presión, corrientes ascendentes y descendentes del viento y un acoplamiento muy particular entre la dirección de las olas y las ondas de presión originadas en nubes de tormenta.
“Para que se produzca este fenómeno tiene que darse un acoplamiento muy preciso: la dirección de la ola y la dirección de las ondas de presión deben coincidir. Si van en direcciones opuestas, el fenómeno no se desarrolla”, explicó el especialista.
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Cómo se formó la ola
Según detalló Azar, las marcadas diferencias de presión generaron ondas de gravedad que impactaron contra la superficie del mar. Cuando estas ondas se acoplan con las condiciones oceánicas adecuadas, logran intensificar una ola normal, que luego se desplaza hacia la costa.
Al aproximarse a zonas de menor profundidad, el agua pierde espacio y la ola crece en altura, alcanzando en este caso cerca de 80 centímetros, una magnitud suficiente para provocar arrastres violentos de personas, daños materiales y situaciones de extremo riesgo, especialmente en playas con escolleras y sectores rocosos.
“El impacto no es igual en todas las playas. Depende mucho del tipo de costa: si hay rocas, escolleras o mayor acumulación de arena, la energía de la ola se manifiesta de manera distinta”, señaló.
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Un evento anómalo y muy poco frecuente
Azar remarcó que se trata de un evento completamente anómalo, con muy pocos antecedentes en el país. Uno de los registros históricos más conocidos ocurrió en Mar del Plata en 1954. “Es incluso más complejo que la formación de un tornado. Tienen que darse muchas condiciones al mismo tiempo”, afirmó.
Por ese motivo, no se trata de un fenómeno habitual ni algo que deba generar temor generalizado entre quienes visitan la costa. Sin embargo, el meteorólogo insistió en la importancia de la prevención.
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La señal clave: cuando el mar retrocede
Entre las recomendaciones principales, Azar destacó una señal fundamental: si el mar comienza a retroceder de manera repentina, es necesario evacuar de inmediato la zona costera.
“Es agua que se va y va a volver. Ese retroceso suele anticipar la llegada de una ola más grande. No da mucho tiempo, pero es una medida preventiva elemental que incluso pueden indicar los guardavidas”, explicó.
Finalmente, subrayó que estos fenómenos son difíciles de prever en regiones donde no son habituales, pero que la observación del comportamiento del mar y la rápida evacuación pueden evitar consecuencias graves.