La Fundación Mateo Esquivo de Santa Fe convoca a nuevos voluntarios: se buscan manos para sostener corazones

Cuando el mundo se detiene por una noticia devastadora, en Santa Fe existe un lugar para jugar, llorar y amar: la Fundación Mateo Esquivo. Así se vive en este hogar compartido, que este viernes, a las 16.30, espera a quienes quieran sumarse como voluntarios.

La Fundación Mateo Esquivo, ubicada en Salta 4201, frente al Hospital de Niños de Santa Fe, busca nuevos voluntarios para ayudar a las familias que tienen niños en tratamiento oncológico.

La Fundación Mateo Esquivo, ubicada en Salta 4201, frente al Hospital de Niños de Santa Fe, busca nuevos voluntarios para ayudar a las familias que tienen niños en tratamiento oncológico.

Maiquel Torcatt / Aire Digital

En la ciudad de Santa Fe existe un hogar frente al Hospital de Niños donde pueden alojarse los chicos que están en tratamiento oncológico. El edificio tiene muchos colores por dentro y por fuera. Es luminoso y cálido. En la entrada cuelga una foto de Mateo Esquivo con una gran sonrisa. Mateo falleció de cáncer cuando era muy pequeño y sus padres, en su memoria, crearon una Fundación que lleva su nombre.

En esta nota queremos plasmar cómo quienes trabajan en la Fundación, impactan los corazones de las familias que pasan por ahí. Por eso, la protagonista de esta historia de amor y servicio es Carolina, mamá de Valentino Machuca.

La historia de Valentino y su familia

En marzo de 2025, Valentino tenía tres años y comenzó a padecer calambres en las manos y en los pies. Luego de una larga odisea se llegó a un diagnóstico certero, el nene tenía un tumor maligno grande y agresivo en el tronco encefálico y no había nada para hacer.

“Sentí como si me estallara una bomba. A partir de aquel momento mi vida se pausó y todo lo demás pasó a un segundo plano. Durante un año hicimos múltiples estudios y consultas médicas. Cada tres meses se le hacía una resonancia para ver la evolución del tumor. En diciembre de este año se suma a los calambres, una gran debilidad corporal. Los médicos deciden trasladarlo al hospital Garrahan de Buenos Aires para hacerle 15 sesiones de radioterapia con el objetivo de inmunizar los síntomas y darle una mejor calidad de vida”.

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Los niños y sus familias tienen contención y acompañamiento en el momento en que más lo necesitan.

Los niños y sus familias tienen contención y acompañamiento en el momento en que más lo necesitan.

Actualmente Valen perdió la voz y tiene hemiplejia de la mitad del cuerpo del lado derecho. Con cinco años es muy pequeño para tener noción de lo que está sucediéndole a su cuerpo. Le han dicho que tiene unos animalitos en la cabeza y debe luchar contra ellos y así lo hace.

Pequeño gran maestro

Con sólo mirarlo sonreír, Caro aprende de él cómo seguir adelante. “Por más que mi hijo no tenga voz para comunicarse, ni piernas para caminar, posee más fuerza que nadie. Diariamente veo niños luchando por sobrevivir y siento que eso es parte de la vida también. El cáncer te enseña a darle valor a lo realmente importante, como es el estar sano. Ellos soportan estudios, tratamientos, agujas y entregan su cuerpo para lo que sea necesario. Nosotros somos su fuerza y ellos son la nuestra”.

Carolina sufrió la muerte de un bebé de ocho meses hace ya varios años y en ese momento sintió que había perdido la fe. “Pensé que Dios no había escuchado mis plegarias. Sin embargo, hoy vivo un milagro porque el tumor de mi hijo es muy agresivo y, sin embargo, ya pasó un año y medio y seguimos adelante. Ahí está Dios y con ello recuperé mi fe”.

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La fuerza del amor

El matrimonio Machuca es de Reconquista y tiene 4 hijos, de los cuales Valen es el menor. Ambos tuvieron que dejar sus trabajos para trasladarse a Santa Fe y cuidar del niño. Durante mucho tiempo Carolina trabajó en un complejo turístico donde se sentía muy bien y podía ser ella misma.

“Me despejaba de la rutina del hogar y conocía gente nueva. Cuando me fui pensé que en ningún otro lugar podría sentirme igual, se me vino el mundo abajo. Sin embargo, ya alojados en la Fundación Mateo Esquivo, algo cambió. Al llegar fui recuperando mi fuerza aun multiplicada y me di cuenta de que no es sólo un lugar donde poder dormir, comer y descansar, sino que se trata de una segunda familia. Hoy me siento que puedo con todo estando sola o acompañada. Las chicas tratan de mantenerte activa y que sonrías, lo cual sin duda es la mejor cura”.

“Era una persona fría y acá me enseñaron a expresar mis sentimientos y que un abrazo es mucho mejor que encerrarse en una pieza. Estoy como en casa y eso me tranquiliza el alma. Muchas veces no me quiero ir por la paz que siento. En poco tiempo he creado lazos muy fuertes, nos conocemos y nos queremos”, confesó Carolina.

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Un lugar que se transforma en un hogar, y necesita de más gente que colabore con su tiempo y empatía.

Un lugar que se transforma en un hogar, y necesita de más gente que colabore con su tiempo y empatía.

Los chicos pasan distintos diagnósticos y entre las madres se apoyan para atravesar el dolor. “Si te sentís rota por dentro, las otras mamás y las chicas de la Fundación te arman en pedacitos y te hacen sentir bien”.

La Fundación Mateo Esquivo: la vida como en casa

En Mateo Esquivo, el día transcurre de igual manera que en un hogar. Las familias preparan el desayuno en la cocina con los padres que estén. Al mediodía tienen todo para almorzar, desde utensilios hasta condimentos. Cada uno cocina para su familia. Durante la siesta, mientras los padres descansan, los chicos juegan con voluntarias que vienen a hacerles compañía. Hay elementos para tejer y organizan actividades como un bingo, entre otras.

“Tenemos todo lo que necesitamos en todos los sentidos. El primer día no tenía equipo de mate y acá me dieron uno. Si llueve, por ejemplo, nos dan un paraguas. Los niños tienen una hermosa sala de juegos donde están libremente. Valen cuando podía caminar, iba directo a buscar sus juguetes especiales y al ver el cariño que les tenía, se los regalaron. La comida nos la dan en el hospital, pero en la Fundación siempre hay algo para preparar. Me encanta hacer masas con harinas y cuando lo supieron las chicas me facilitaron los ingredientes para que haga pan. Sé que el objetivo era que me descargue y mantenga mi mente en otra cosa y no en la tristeza o en malos pensamientos. Todas las mañanas se acercan por si tengo ganas de hablar. Me dan el tiempo que necesito sin invadirme. Existe una sala de contención donde podemos ser escuchadas. Saben que en algún momento lo voy a necesitar y me esperan con toda la paciencia”.

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Cómo se puede colaborar

Cuando un niño atraviesa un tratamiento oncológico necesita un lugar, contención y personas que estén a su lado. Este viernes 15 de mayo, a las 16.30, se va a realizar en la sede de la Fundación, Salta 4201, una reunión informativa para nuevos voluntarios. Quienes deseen asistir deben llamar al teléfono 3424 297383.

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Las manos, las huellas de un transcurrir compartido, con corazones en sintonía.

Las manos, las huellas de un transcurrir compartido, con corazones en sintonía.

“Como comunidad, pueden ayudar aportando cualquier cosa que tengan, quieran y sientan. Con mi marido no tenemos que preocuparnos por nada material. He visto que la gente dona juguetes, mercadería, ropa, etc. y todo es necesario. En alguna ocasión he venido sin maleta y tuve que quedarme. Nos dieron todo. Las voluntarias entregan su tiempo, su oído, su voz y todo suma. Tanto en la fundación como en el hospital hemos encontrado personas con mucha empatía, que saben transmitirte las cosas de tal manera que no te dañe y eso es muy importante”, agrega Carolina y relata emocionada una experiencia personal. “En una ocasión nos estábamos yendo en auto al Garrahan y nos quedamos en la mitad del camino. Enloquecí y sin saber qué hacer, llamé a la Fundación. Ellos nos buscaron y se ocuparon de todo. Hace quince días, un lunes me dieron de alta y no podía irme porque Valen tiene silla ortopédica y es muy complicado llevarlo en colectivo. Fueron y vinieron, y el martes a la mañana estaba camino a casa”.

Por último, Carolina quiere darles un mensaje a los padres que estén recibiendo una noticia tan devastadora como la que le dieron a ella con el diagnóstico de su hijo: “Les diría que lo tomen con calma, que no pierdan la fe y todo lo hagan paso a paso, sin pensar en el mañana. Que traten de vivir el presente y disfrutar al máximo cada segundo”.

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