Lucía Persoglia lo cuenta con la serenidad de quien lleva años acompañando el dolor ajeno sin perder la convicción. Es referente de la Fundación Mateo Esquivo, la organización santafesina que desde hace casi 18 años sostiene algo más que paredes: ofrece refugio, contención y equipo profesional a niños con cáncer y a sus familias.
Un espacio que busca crecer para satisfacer la demanda
En la sede de calle Salta 4201 funcionan siete habitaciones con baño privado, una cocina comunitaria y una sala de juegos. Allí, las familias que llegan desde distintos puntos de la provincia encuentran un lugar gratuito donde quedarse durante los meses que dura el tratamiento. Un servicio que funciona los 365 días del año, las 24 horas.
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La Fundación Mateo Esquivo ofrece refugio, contención y equipo profesional a niños con cáncer y a sus familias.
Maiquel Torcatt / Aire Digital
Cuando pensaron la casa, imaginaron que alcanzaría para una década. Ya pasaron doce años y la realidad cambió.
“Nos encontramos en un momento en el que no estamos pudiendo cubrir toda la necesidad”, admite Lucía. En 2025 atendieron a unas 250 familias y realizaron más de 2.000 intervenciones en áreas como asistencia social y psicología. Son números que hablan de trabajo, pero también de una demanda creciente.
No es que haya más cáncer infantil que antes. Lo que está pasando, explica, es que se está llegando antes al diagnóstico. Y en oncología pediátrica, eso lo cambia todo.
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En 2025 atendieron a unas 250 familias y realizaron más de 2.000 intervenciones en áreas como asistencia social y psicología.
“El cáncer infantil no tiene prevención. Solo tenemos un diagnóstico precoz”, subraya. Que las familias consulten más rápido ante una señal de alarma, que el pediatra sospeche, que el hospital responda a tiempo, impacta directamente en la sobrevida de los chicos.
En la provincia de Santa Fe se registran entre 90 y 110 casos nuevos por año. La atención se divide entre el Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia para el centro-norte y el sector público de Rosario para el sur. Durante años, muchos tratamientos implicaban derivaciones a Buenos Aires. Hoy, gracias a un trabajo sostenido, el Alassia cuenta con un servicio profesionalizado que evita el desarraigo de muchas familias.
“Estamos muy conectados, trabajamos en equipo”, describe Lucía sobre el vínculo con el hospital. La fundación no solo aloja. También impulsa capacitaciones, mejora equipamiento y busca elevar los estándares de atención.
Proyectos de ampliación, acuerdos internacionales y barrileteada
El 2026 asoma ambicioso. El objetivo es duplicar la capacidad de la casa: construir siete habitaciones más, en espejo, para que ninguna familia quede sin un lugar. No es una obra sencilla. Debe hacerse de una sola vez, con construcción en seco, cuidando cada detalle para no afectar la salud de los chicos que están en tratamiento. Eso implica reunir todos los fondos antes de empezar.
“Va a ser un esfuerzo enorme”, reconoce.
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La fundación impulsa capacitaciones, mejora equipamiento y busca elevar los estándares de atención.
A la par, avanzan en acuerdos internacionales. Ya hubo un convenio con el Hospital San Juan de Dios de Barcelona. Ahora trabajan en un vínculo con el Hospital St. Jude, en Estados Unidos, uno de los centros de referencia mundial en oncología pediátrica. La meta es clara: más capacitación, más investigación, mejores protocolos.
En el medio de todo, hay historias. Hay madres que dejan su casa por ocho meses o un año. Padres que aprenden a leer estudios médicos. Hermanos que esperan. Y chicos que, entre una quimio y otra, bajan a la sala de juegos.
Por eso la barrileteada del 15 de febrero no es solo un evento. Es una invitación.
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La fundación se sostiene con el aporte solidario de la comunidad.
Desde las 19, en el Centro de Deportes, habrá murga, actividades y barriletes para que los chicos armen y remonten. No hace falta llevar nada. Solo estar. Sumarse como voluntario. Colaborar económicamente. Acompañar.
La fundación se sostiene con el aporte solidario de la comunidad. Cada habitación abierta, cada intervención psicológica, cada plato servido en la cocina comunitaria depende de ese compromiso colectivo. “El santafesino es muy solidario”, dice Lucía, confiada.
En una patología donde no hay prevención posible, la única herramienta es llegar a tiempo. Y cuando ese diagnóstico llega, que haya una casa esperando puede marcar la diferencia.
El 15 de febrero, los barriletes volverán a subir. Con ellos, también el mensaje: nadie elige atravesar el cáncer infantil, pero como comunidad sí podemos elegir no dejar sola a ninguna familia.