martes 29 de septiembre de 2020
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Escenario incierto: el coronavirus se esparce más rápido en Santa Fe que en Rosario y surgen protocolos "a medida"

Durante la semana previa al anuncio de las restricciones de actividades, la duplicación de casos de coronavirus se producía más rápido en Santa Fe que en Rosario. Sin embargo, algunos sectores exigen cambios en los nuevos protocolos.

Seis meses después de iniciado el alerta por coronavirus en la Argentina y luego de más de 70 días sin ningún caso en la ciudad de Santa Fe, llegó el momento tan anunciado. Paradójicamente, después de tanto esfuerzo y espera, las reservas anímicas, económicas y sociales parecen estar agotadas.

Durante los últimos días, en la ciudad de Santa Fe y en Santo Tomé se percibe un fenómeno comprensible y, a la vez, preocupante y de consecuencias inciertas: el Gobierno dicta normas de prevención ante la enfermedad, pero parte de la sociedad decide conscientemente no acatarlas.

Los comercios del microcentro deberían abrir sus puertas desde las 14, pero en la peatonal San Martín comienzan a atender al público desde antes de las 10 de la mañana y con un "protocolo propio". En la mayoría de los casos, mantienen sus puertas abiertas, colocan una mesa o una silla para impedir el ingreso de los clientes, aunque de todas maneras los atienden fuera del horario permitido.

Este martes, inspectores municipales comenzaron a recorrer la peatonal para notificar cuál es el horario de trabajo permitido y esto generó una manifestación espontánea de los comerciantes de la zona, que se dirigieron a la Municipalidad.

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Los abogados y contadores no están habilitados a recibir a sus clientes en sus estudios jurídicos o contables, pero ya elevaron notas formales al Gobierno para que se revea esta disposición.

En Santo Tomé, dueños de gimnasios y de algunos bares cortaron el tránsito en el puente Carretero durante la tarde del domingo. Pocas horas después, fueron recibidos por las autoridades y se está replanteando la prohibición de abrir sus locales.

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Representantes de hoteles, restaurantes, bares y hasta de canchas de fútbol 5, se manifestaron frente a la Casa Gris, donde fueron recibidos por funcionarios.

Estas son apenas algunas de las actividades que se oponen a las disposiciones oficiales tendientes a reducir la circulación de personas. Mientras algunos piden cambios, otros abiertamente contradicen las medidas y advierten que no modificarán su actitud porque ya no pueden resistir sin trabajar. No quieren subsidios, ni créditos. Piden mantener sus puertas abiertas para generar los recursos indispensables para subsistir.

El peor escenario

El ministro de Gestión de Santa Fe, Rubén Michlig, advirtió que esta situación genera un potencial colapso del sistema de salud y dijo que harán los esfuerzos necesarios para dialogar y convencer a las entidades intermedias que representan a estos sectores.

Sin embargo, parece una alternativa de dudosas posibilidades de éxito. Tanto es así que, en el caso de los abogados, los contadores y del sector gastronómico y hotelero, son las mismas entidades intermedias las que piden dar marcha atrás con las medidas. Y aún más difícil es la situación del comercio, ya que el Centro Comercial pide a sus asociados que respeten los horarios de atención, pero los comerciantes se oponen al pedido y rechazan implementarlo.

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Se trata del peor escenario: frente al riesgo cierto de colapso del sistema de salud si no se logra aplanar la curva de contagios, el impacto de las disposiciones del Gobierno comienza a debilitarse. En otras palabras, el Gobierno toma una decisión, pero es la sociedad la que decide si la acata, si la rechaza o si la adapta a las necesidades particulares de cada sector.

Antes de anunciar el nuevo decreto, existía incertidumbre sobre su acatamiento. Lo que nadie pudo prever, es que abiertamente distintos sectores plantearan una respuesta reactiva y de manifiesta oposición a las restricciones.

¿Era imprescindible restringir las actividades en las ciudades de Santa Fe y de Santo Tomé?

Más allá de las percepciones, de las miradas sectoriales y de las comprensibles necesidades de quienes aseguran que no pueden subsistir si no trabajan, las estadísticas de la pandemia en la ciudad de Santa Fe y en la región arrojan datos alarmantes.

Más rápido que en Rosario

Durante la semana previa a que se anunciara la decisión de restringir actividades en parte del departamento La Capital, la situación de la ciudad de Santa Fe era aún más complicada que la de la golpeada Rosario, donde se produce la mayor cantidad de casos y de muertes dentro de la provincia.

Entre el 6 y el 12 de setiembre, la cantidad de casos de coronavirus se duplicaba en Rosario cada a 13,4 días. Pero en esa misma semana, en la ciudad de Santa Fe el número de enfermos se duplicaba cada 8,6 días.

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Se trata de un dato contundente, incontrastable y que planteó un escenario fatídico en el corto plazo para la ciudad capital. Por eso se tomó la decisión, a pesar de que se sabía que generaría el lógico rechazo de parte de la población. Lo que seguramente no fue posible prever, fue el hecho de que parte de la sociedad desoyera abiertamente las disposiciones oficiales.

A estas alturas de las circunstancias y frente a los hechos de las últimas horas, queda claro que las nuevas medidas no podrán ser aplicadas por la fuerza. La única alternativa viable pasa por el diálogo, el consenso, el equilibrio y la templanza necesaria frente a una crisis inocultable e inevitable.

A partir de esta semana, se inicia una cuenta regresiva clave: en 10 días, aproximadamente, se sabrá si los nuevos protocolos del Gobierno lograron el efecto esperado, si la curva se achata o continúa potenciándose, si los "protocolos a medida" alcanzaron para frenar al virus o si, por el contrario, jaquearon las posibilidades de éxito del último decreto.

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