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Política Presupuesto 2025 | Massa | Máximo Kirchner

Una carta que puede marcar un punto de inflexión en la relación entre Alberto y Cristina

En público, el presidente dijo el mensaje de Cristina fue un gesto de apoyo pero en Olivos se interpretó como un intento por tomar distancia. La relación entre Massa y Máximo Kirchner también parece agrietarse.

El gobierno de Alberto Fernández ganó algo de oxígeno tras una semana que se anticipaba turbulenta. Guiado por el pragmatismo y la necesidad política de recuperar credibilidad y confianza en la sociedad (sobre todo entre los sectores empresarios), el Gobierno activó los dos desalojos más conflictivos que tenía –en el de los Etchevehere, en Entre Ríos, y en el predio de Guernica, en Buenos Aires-, y envió señales de previsibilidad al lograr un freno –al menos temporario- en la escalada del dólar blue y con la media sanción del Presupuesto 2021 en la Cámara de Diputados.

Con estas acciones el presidente Fernández buscó recuperar la iniciativa política de su gobierno en momentos de convulsión interna en el Frente de Todos: aunque Fernández la minimice en público, en Olivos se interpretó que la carta pública que la vicepresidenta Cristina Kirchner publicó el lunes pasado fue un intento de tomar distancia de los avatares de la gestión al remarcar que hay “funcionarios que no funcionan” en el gabinete. Fernández no irá al choque con la vicepresidenta pero le marcó la cancha: hizo trascender que por ahora no habrá modificaciones en su elenco de ministros.

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“Cualquier cambio ahora sería visto a la luz de la carta y Alberto no lo hará”, señalan en la Casa Rosada. Tras las críticas solapadas de Cristina al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, éste fue recibido por el presidente en la Casa Rosada y acordaron la agenda: más previsibilidad y racionalidad económica, que comenzó con la media sanción del Presupuesto 2021.

La relación entre Massa y el jefe del bloque de diputados del Frente de Todos no atravesaría por su mejor momento.

Massa se mostró exultante tras la maratónica sesión del miércoles y jueves pasado en la Cámara de Diputados. La sanción de la ley de presupuesto es clave en vísperas de la llegada de una nueva misión del FMI. El proyecto presupuesto se aprobó sin mayores dificultades luego de que la oposición de Juntos por el Cambio se comprometiera a no obstaculizar su sanción; un gesto que no tuvo el kirchnerismo durante la gestión de Mauricio Macri. Massa, de buen diálogo con Mario Negri (UCR) y Cristian Ritondo (Pro), procurará retrasar lo más posible el tratamiento de los proyectos kirchneristas más conflictivos y que todavía están pendientes de tratamiento. Entre ellos el que impone un impuesto a las grandes fortunas, una iniciativa de Máximo Kirchner.

La relación entre Massa y el jefe del bloque de diputados del Frente de Todos no atravesaría por su mejor momento. Kirchner suspendió a último momento su discurso de cierre del debate del presupuesto, una instancia que todos los jefes de bloque oficialistas suelen aprovechar para mostrar unidad y apoyo al rumbo de la gestión presidencial. Máximo Kirchner prefirió el silencio: en el oficialismo explicaron que no quiso exponerse justo en momentos en que la policía bonaerense procedía al desalojo de la toma de Guernica. Más suspicaces, en la oposición interpretaron la actitud de Máximo –quien el lunes pasado evitó mostrarse con el presidente en el acto de homenaje a su padre por el décimo aniversario de su muerte- como una toma de distancia del Gobierno.

Queda por ver si la carta pública de Cristina Kirchner no marca un punto de inflexión en la relación entre el presidente y su vicepresidenta. ¿El presidente dará un giro y mostrará mayor autonomía o dejará –como hasta ahora- que la vicepresidenta se le imponga en su agenda? Por lo pronto, Fernández enfatizó lo obvio –o lo que debería ser obvio-: el respeto por la propiedad privada. El sector privado mantenía sus dudas al respecto. El propio gobierno instigaba esta incertidumbre al no dar señales claras de rechazo a las tomas de tierras. La presencia de funcionarios nacionales en el campo de los Etchevehere junto a Juan Grabois no hizo más que exacerbar las críticas.

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Con el fallo de la Justicia ordenando el desalojo, Grabois recibió mensajes de emisarios del Gobierno para deponer en forma urgente la usurpación. El dirigente social acató, no sin antes embestir, sin nombrarlos, contra Fernández y contra Kicillof por haber “cedido ante los poderes fácticos” y avalar los desalojos en Entre Ríos y Guernica. Fernández no se inmuta: hasta la Iglesia, adonde Grabois siempre encontró apoyo institucional por su vínculo con el Papa, tomó distancia del joven dirigente.

Tras una semana que se anticipaba amenazante, una bocanada de oxígeno parece aliviar las tensiones. El interrogante es si este alivio será el principio de un cambio en el rumbo de la gestión o tan solo la calma que precede la tormenta.

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