¿Juntar dólares para no devaluar o para devaluar menos de lo que piden los que van a aportarlos? ¿Le preocupa más la brecha cambiaria o la brecha social? ¿Podrá bajar la inflación con una recesión administrada? ¿Llegar a setiembre alcanza para llegar hasta octubre de 2023? ¿A qué vino Sergio Massa, y ustedes: qué esperaban?
Repasemos algunas obviedades, para apartarlas, para depurar el tablero: Sergio Massa (SM) es el único que tenía y podía aplicar sin náuseas un plan de ajuste y recesión planificada y las relaciones suficientes con el establishment para ganar tiempo; es el único que ofrecía un modelo de gestión unificado (en él) que convertía al presidente Alberto Fernández en garante de segunda instancia (el aval de primera es el de Cristina Kirchner) sin que implique un golpe interno traumático; será el test final del modelo patentado por el Frente Renovador –“amigo el enemigo” o “consenso y coso”– al que Alberto Fernández no pudo arrancarle ningún resultado demostrable; finalmente aún puede (con un margen de pifia casi nulo) convertir un gobierno sin rumbo ni destino, en una herramienta electoralmente competitiva.
Las consideraciones políticas las hemos hecho en la primera parte de la extensa (disculpas a les lectores y el periodismo digital todo) que publicamos el domingo pasado, así que vamos con los números. SM es Market Friendly sin dudas, pero el mercado no tiene amigos y es mucho más que Vila, Manzano, Britto, Weiss y De Narváez. ¿Cómo lo trataron en poco más de 10 días de gestión y una docena y media de anuncios? Cifras, no fotos, mensajes ni flores.
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Corrida comercial vs corrida cambiaria
El economista Nicolás Pertierra (CESO Scalabrini Ortiz) sostiene que la corrida que sufre el FDT es comercial y no cambiaria, como la que soportó Cambiemos. “Lo que hoy se verifica es una pérdida de reservas por goteo, la salida sin una devaluación brusca requiere mayores exportaciones, una caída en la demanda de importaciones en sectores que no tengan tanto impacto en los niveles de empleo”. Es decir una recesión inducida y selectiva, un enfriamiento sectorial que debería impactar levemente en las dos únicas cifras que hoy puede lucir el FDT: nivel de actividad y nivel de empleo (especialmente el registrado).
De todos modos el BCRA -que había perdido u$s1.000 millones en julio- cortó el jueves pasado una racha de 10 jornadas consecutivas con ventas en las que acumuló un balance negativo de $1.200 millones. Las recuperaciones por compras fueron exigüas (u$s 5 millones), la corrida no terminó sino que se atemperó por dos razones chequeadas y vinculadas: porque los empresarios, bancos y fondos de inversión que detestan al peronismo que les ayuda a multiplicar sus ganancias saben que es “Massa o mierda” y que si es mierda, la única coalición en condiciones de heredar esa debacle es Juntos por el Cambio, un frente tan gorila como ellos, con un programa neoliberal puro y duro, pero fracturado, con la misma crisis de conducción potencial que expresa el FDT y con un candidato (Larreta Leloir por supuesto) que prefieren pero no logra imponerse sobre el verdadero jefe político del espacio, el incombustible Mauricio Macri. Carrió aporta circo (nunca pan) y embarra la cancha para negociar posiciones expectables para la PyMe electoral conque hace política en términos institucionales.
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La agroindustria, que obtuvo de Massa y Bahillo dos normas a medida para que las cerealeras accedan a cuentas en pesos dólar link y traigan créditos para prefinanciar exportaciones (que le prestarían al BCRA sin pasa por el MULC), sigue expectante y quiere incentivos adicionales para vender la cosecha y liquidar los dólares que Pesce y Massa esperaban en una cantidad que -incluyendo agro, el sector pesquero y minería- alcanzaría a los u$s 5.000 millones. Las cuentas dólar link no despertaron mayor entusiasmo ni tampoco las promesas de dólares intermedios y exclusivos entre el oficial y los paralelos. El sector exportador quiere invertir los términos del programa de SM: devaluar primero para estabilizar después congelando un reparto de la riqueza aún más desigual que el existe en la actualidad.
Stock deuda en pesos
El Ministro de Ministros logró -en su primer canje de deuda en pesos- un nivel de adhesión del 85%, impensado luego de la corrida que desató la operación de default impulsada por los mismos que defaultearon su propia deuda en moneda local y que impulsaron la salida de Martín Guzmán. La operación fue supervisada estrictamente por SM y ejecutada por el vicepresidente del BCRA, Lisandro Cleri y el Secretario de Finanzas, Eduardo Setti. Si bien el 60% de los títulos ofrecidos estaban en posesión del sector público (según la consultora Portfolio Personal Inversiones), y esto subía considerablemente el piso de resultados, el número superó las expectativas de varios operadores y consultoras del mercado. El nuevo perfil de vencimientos de títulos denominados en pesos para el segmento agosto/octubre 2022, redujo el monto a renovar en $ 2.066.740 millones. Esto permite comenzar a recomponer el mercado de bonos en pesos y ofrece una salida para la financiación del Estado en la plaza local, cerrado el grifo de asistencia del BCRA.
Dólar y brecha
El dólar libre/blue/ilegal, que mueve entre 3 y 5 millones en cada rueda pero imanta al resto de los precios de la economía, bajó tras el anuncio de que SM iba a asumir el control de la economía reagrupando ministerios que el loteo que impone el frentismo separó, pero luego se recuperó para cerrar en $295 contra $141 del oficial, con una brecha del 110,33%. Reducción perceptible respecto de los peores registros del gobierno del FDT (122/146%), pero por encima del 100% que tanto molesta al FMI y no es deseable desde ninguna perspectiva ni escuela de economía política.
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Para ponerlo en términos claros, el mercado apuesta muy medido, puso las variables macroeconómicas en stand by, y sabe mejor que nosotros y que ustedes -que imaginamos esperan un shock distributivo que está lejos de ocurrir con una inflación anualizada en tres dígitos- que el fracaso del doble comando entre Alberto y Cristina nos deja en Massa. Sabe que el líder del Frente Renovador pertenece a una coalición nacional + popular que puede implementar un programa provechoso para sus intereses, con la adhesión de mayorías populares que esperan revertir la lógica con que el FDT le licúa las ilusiones. Lo que no saben -acaso no les importe- es qué hará el Massa que juega en la alianza panperonista, cuando los movimientos sociales (que esperan los reciba), la CGT (que banca pero hasta la puerta) y los votantes kirchneristas que aguardan la próxima jugada genial de Cristina, le recuerden que la promesa no fue “gobernar por derecha para que no vuelva la derecha”, que la democracia popular no alcanza para curar, para educar y mucho menos para comer.
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