Un votante inestable, harto, descreído que ya probó casi todo y nada parece funcionar, emergió de las urnas sin que las encuestas lo divisaran de antemano. El porvenir de una democracia que cumplió 40 años está ahora en discusión. El 2001 no volvió con un estallido social, sino con la consigna: “Que se vayan todos”, en boca de Javier Milei y en el caudal de votos que obtuvo.
Pero, más allá del discurso “anticasta” que se viralizó en las urnas, las promesas del ganador de los comicios apuntan a propuestas que para la provincia de Santa Fe pueden ser letales, como el libre acceso a las armas de fuego.
En una provincia que 30 días antes de la elección nacional se había teñido de amarillo, con una victoria en todos los departamentos de Unidos para Cambiar Santa Fe, con Maximiliano Pullaro a la cabeza, ahora se volcó por La Libertad Avanza, un partido que prácticamente no existe en la provincia y donde nadie se preocupó por hacer campaña, ni siquiera el propio Milei.
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La gente se rebeló en las urnas sin medir las consecuencias. Lo hizo por fuera de los llamados “aparatos”, como señaló a AIRE el director de la consultora Innova Martín Ostolaza, y sobre todo en “abstracto”.
Las preocupaciones concretas y palpables del electorado, como la inseguridad y la debacle del salario frente a la inflación, no tienen ningún anclaje en el discurso del líder de La Libertad Avanza.
La abstracción de votar a un economista que habla pestes de la justicia social y pretende anular la educación pública, entre otras ideas, sedujo a una población harta del fracaso de la política profesional. De la casta.
En la aparición de ese nuevo escenario, que tiene un rasgo en la historia reciente, fueron claves los fracasos consecutivos de las últimas dos gestiones, la de Mauricio Macri y la de Alberto Fernández, que acentuaron una crisis que a la que no le encuentran una salida, y ayudaron para que eclosionara el huracán que trajo a Milei.
¿Qué respuestas tiene Milei para los problemas más visibles de los santafesinos? Casi ninguna. De seguridad no habla. No sabe del tema, ni tampoco, por ahora, cuenta con equipos que lo puedan asesorar. Un verdadero misterio.
En los problemas cotidianos de la economía tampoco se mete. Habla de dolarizar a un mediano plazo, sin tener presente un contexto atravesado por el deterioro del poder adquisitivo.
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Sobre el campo, un sector clave en Santa Fe, anticipó que pretende eliminar las retenciones y que haya un dólar con un valor unificado. Pero no dice cómo hacerlo ni tampoco nadie se lo pregunta.
Javier Milei es un producto que surgió de los medios de comunicación y su figura ganó peso en las redes a partir de una penetración bastante rápida en los sectores más jóvenes, que entendieron su perfil extremo como parte de una rebeldía contra el sistema.
Argentina no es una isla. Incluso, acá llegó con cierta tardanza la ola más álgida de la derecha en la región y en el mundo. El caso de Donald Trump es el ejemplo más palpable y hasta radicalizado de ese estilo ideológico. Está primero en las encuestas de cara a las elecciones norteamericanas, frente a un presidente como Joe Biden que es la estrella de los memes por sus ataques seniles.
Trump enfrenta cuatro causas judiciales, entre ellas, la toma del Capitolio, y haber conspirado, siendo presidente, contra el propio país. Trump puede ir preso y ser votado como jefe de Estado norteamericano.
Milei podría a ir hacia el estilo de Nayib Bukele en seguridad. El diputado de la provincia de Buenos Aires Nahuel Sotelo fue quien viajó a El Salvador para reunirse con funcionarios del gobierno que dispuso en ese país un régimen de excepción y creó cárceles especiales para las maras que tuvieron en vilo a ese país durante décadas. Bukele es acusado de implantar una dictadura en El Salvador, donde tiene un respaldo popular muy grande.
El líder de La Libertad Avanza propone la libre portación de armas. Plantea desregular el mercado legal para la tenencia de armas de fuego y “proteger su uso legítimo” por parte de los ciudadanos. Una vez más, y sin vueltas, los libertarios proponen implementar “una doctrina de Seguridad Nacional” que promueva “la reafirmación soberana nacional en todas las áreas geográficas donde se viera amenazada o peligre la supervivencia del Estado garantizando y manteniendo la seguridad territorial y estilos tradicionales de vida”.
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“Aquellos Estados que tienen libre portación de armas, le guste o no a la progresía, tienen muchos menos delitos (que) donde vos tenés obligados a estar indefensos a los honestos”, planteó en la campaña MIlei.
Uno de los problemas de Santa Fe son los homicidios con armas de fuego. Según el Observatorio de Seguridad Pública, más del 80% de los crímenes se llevan adelante con armas.
Hay un enfoque entre los especialistas que señala que, lejos de generar protección para los ciudadanos, el acceso a las armas de fuego “facilita o agrava hechos de violencia, lo cual ocurre aún más cuando hay derechos de portación de armas”.
En Brasil, Jair Bolsonaro generó un acceso más sencillo a las armas de fuego por parte de la población civil. El número de licencias de armas se disparó en ese país en el año 2020 al aumentar un 205% la emisión de permisos para portar pistolas y fusiles.
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Según el Monitor de la Violencia del Foro Brasileño de Seguridad Pública, durante la gestión de Bolsonaro se produjo un aumento del 7% en los homicidios en Brasil.
Las armas que se compraron legalmente, a raíz de un acceso más fácil, terminaron en los grupos criminales. “Entre el 30 y el 40% de las armas incautadas por la policía fueron compradas originalmente por personas sin conexión con el crimen, que luego las vendieron o se las robaron”, señala el informe.
En la provincia de Santa Fe, donde la tasa de homicidios es más del doble del promedio nacional y Rosario carga con estadística peores –cuatriplica la media del país– el acceso a mayor cantidad de armas sería una catástrofe, porque la raíz de la violencia que supura del negocio narco tracciona en base a sangre.
La política, ajena a los debates, todavía no se puso a pensar qué podría pasar si un candidato presidencial, que salió primero en las elecciones, llega al poder y pone en práctica este tipo de medidas.
Nadie quiere discutir porque tiene miedo que el discurso “anticasta” se lleve puesto todo, como ya ocurrió el domingo pasado.
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