Los medios, las agencias de noticias y los formadores de opinión, en líneas generales, eligieron quedarse con unas de las frases que la vicepresidenta Cristina Kirchner pronunció en su discurso inaugural ante la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat): “Que te pongan una banda y te den el bastón no significa que te den el poder”.
Recortada, la frase parece una crítica desembozada hacia el presidente Alberto Fernández. Y algo de eso hay, por supuesto. Pero la expresión completa, tal como la dijo Cristina, es más larga e incluye otros elementos: “Que te den una banda y te den un bastón un poquito es, pero créanme, y lo digo por experiencia, y ni te cuento cuando, además, no se hacen las cosas que hay que hacer”.
Lo más importante del discurso de Cristina se cifra en ese remate: “No se hacen las cosas que hay que hacer”. ¿Qué quiso decir la vicepresidenta y a quién se dirigió? La respuesta hay que buscarla en la carta abierta que publicó el 16 de septiembre del año pasado, cuatro días después de la derrota del oficialismo en las elecciones primarias intermedias.
Ese texto marca el momento exacto en que salieron a la luz las diferencias políticas entre el kirchnerismo y el albertismo respecto del manejo de la crisis económica. En el centro de la epístola –acaso el género que dio inicio a la tradición del debate político–, hay una apelación directa de la vice hacia el presidente: “Hay que alinear salarios y jubilaciones, obviamente, precios, sobre todo los de los alimentos y tarifas”.
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Siete meses separan la carta post-Paso del discurso ante la EuroLat. Los indicadores macroeconómicos no mejoran. Es cierto: cayó el desempleo y se generaron nuevos puestos de trabajo registrados, pero al mismo tiempo se amplía la brecha de la desigualdad social y la inflación devora a su paso cualquier tipo de recomposición salarial.
“Las cosas que hay que hacer”
Como ocurrió durante el macrismo con los tarifazos –una verdadera política de redistribución regresiva del ingreso–, el aumento sostenido de los precios de los alimentos, de los alquileres y de los servicios básicos está pulverizando el poder de compra de los salarios y arrastran al grueso de los trabajadores y de las trabajadoras a la lucha por la supervivencia diaria.
No en vano, los sindicatos están advirtiendo que los acuerdos anuales cerrados uno o dos meses atrás rápidamente van a quedar viejos y que será necesario encontrar mecanismos que permitan actualizarlos con mayor periodicidad. “Si se mantienen las fechas de finalización de los convenios, el deterioro salarial llevaría a la casi totalidad de los trabajadores formales a tener ingresos por debajo de la línea de pobreza”, adelantó el último fin de semana el economista Ismael Bermúdez.
Cristina lanzó aquella advertencia de “alinear salarios, jubilaciones y precios” hace siete meses y ahora volvió al ruedo, con otras palabras, sobre el mismo tema: “Las desigualdades no nacen por un orden natural e ineluctable, no son un producto de la naturaleza, son el producto de decisiones políticas, o falta de decisiones políticas. La gran discusión que se va a dar es si este proceso capitalista lo conducen las leyes del mercado o las leyes de los estados”.
Una apelación directa (“las cosas que hay que hacer”) y un argumento irrefutable (la desigualdad como producto de la falta de decisión política) componen el verdadero mensaje de Cristina no solo al presidente, sino a todo su gabinete. En otras palabras, la vicepresidenta les pidió audacia y valor a sus propios compañeros de gestión para avanzar en las transformaciones más urgentes. Reducir la desigualdad es una de ellas. Si la política no gobierna la economía, la economía toma el mando a través su mano visible: el mercado.
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Poco después del discurso de Cristina, el Indec publicó el índice de inflación: 6,7% mensual en marzo, 16,1% en el primer trimestre del año y 55,1% en los últimos 12 meses. Es el registro más alto en 20 años. Y el panorama es mucho más difícil para aquellos que apenas tienen para llegar a fin de mes: los alimentos aumentaron 7,2% en marzo, 20,9% en lo que va del año (apenas tres meses) y acumulan un incremento del 59,7% en el último año. Comer es un derecho humano, pero en la Argentina cada vez más parece un privilegio.
El poder, ¿para qué?
Antes de la metáfora del bastón y del poder, la vicepresidenta lanzó una pregunta retórica dirigida, en realidad, a los parlamentarios de distintos países reunidos en Buenos Aires: “Hoy nuestros parlamentos, nuestros ejecutivos, nuestro Poder Judicial –tantas veces cooptado por el mercado y por factores económicos–, ¿cuánto representan del poder tomado como un 100%? Hablamos de poder cuando alguien toma una decisión y esa decisión es respetada por el conjunto”.
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Pocas horas antes, el ministro de Economía, Martín Guzmán, había advertido que el mundo atraviesa un “shock regresivo desigualador” como consecuencia de la guerra en Ucrania y aseguró que desde el gobierno están trabajando en un proyecto para “capturar” la renta “inesperada” del sector primario con el objetivo de “llevar adelante más políticas económicas y proteger a los más vulnerables”.
El gobierno enfrenta un verdadero desafío que va mucho más allá de las rencillas internas: recomponer los mecanismos de distribución de los recursos para asegurar, como mínimo, que todos los argentinos y las argentinas tengan un plato de comida en su mesa. Parece poco, parece básico, pero es un desafío pendiente: una tarea inconclusa.
Desde ambos lados de la grieta oficialista van a intentar bajarle el tono a las críticas de la vicepresidenta sobre el rumbo de la gestión. Al fin y al cabo, Cristina habló este miércoles sobre las debilidades de todas las democracias occidentales y no solamente sobre Argentina.
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Y fue en ese contexto que la vicepresidenta hizo una advertencia que deberían atender todos los gobiernos: “La insatisfacción de las democracias, donde la gente se termina enojando con la política, debería obligarnos a replantear a todos la necesidad de repensar nuestra ingeniería institucional, donde se invista de poder a las instituciones, éstas o las que haya que crear. Estamos a tiempo, antes de que sea demasiado tarde”.
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