La acusación del fiscal Diego Luciani contra Cristina Kirchner en la causa Vialidad desató un estado de conmoción dentro del Frente de Todos que no tardó en propagarse a todos los sectores de la vida política e institucional. El kirchnerismo está decidido a aprovechar el clima de agitación que provocó, en las bases del peronismo, el pedido de condena a 12 años de prisión contra la vicepresidenta y, de la mano de su hijo Máximo, prepara el congreso partidario se realizará el sábado 3 de septiembre en la localidad bonaerense de Merlo. La “invitada especial” del encuentro será, obviamente, Cristina: nadie más que ella podrá capitalizar políticamente la supuesta “persecución judicial” en su contra, pregonan los organizadores.
Este estado de movilización al que convocó el peronismo no puede serle más funcional a Sergio Massa que, en silencio, practica un severo ajuste fiscal. El ministro de Economía, obsesionado con fortalecer las reservas del Banco Central para evitar una devaluación de la moneda, aun no logra un acuerdo con el sector agropecuario para la liquidación de divisas. Se esperan definiciones para los próximos días. Entretanto, prepara su viaje a Estados Unidos, previsto para el 6 de septiembre próximo.
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En el kirchnerismo duro, las medidas de Massa generan cierto malestar, aunque no lo harán público: Cristina Kirchner ordenó a La Cámpora no hablar del ajuste fiscal, que por ahora presentó una suba de tarifas y una poda de 210.000 millones de pesos en las distintas jurisdicciones ($70.000 millones en Educación) que la vicepresidenta no le había permitido al exministro de Economía Martín Guzmán.
Por esa razón, no pudo ser más oportuno para el kirchnerismo este estado de agitación que provocó en sus bases electorales el alegato del fiscal Luciani: con la épica de la persecución judicial y la dialéctica del enemigo común –la Justicia, los medios, la oposición–, los kirchneristas intentarán que el ajuste y la inflación pasen a un segundo plano.
“La idea es ir haciendo muchas marchas, instalar la consigna de la movilización permanente y terminar en una movilización grande”, señalan en el oficialismo. Alberto Fernández, jefe formal del PJ, propuso realizar una marcha el 16 de septiembre próximo; sin embargo, su idea no prendió en el kirchnerismo, que optó por realizar un congreso partidario el 3 de septiembre. Otro desaire al Presidente.
En rigor, la decisión de organizar un acto más acotado –y, por ahora, no convocar a una marcha masiva– obedecería a las dificultades que hoy tiene Máximo Kirchner –jefe del PJ bonaerense– de asegurar una manifestación masiva y compacta. La crisis económica y la falta de respuestas al alza de la inflación impactan de lleno al electorado afín al peronismo, que hoy se sentiría desmotivado a movilizarse, admiten en las usinas kirchneristas. A ello se suma que los movimientos sociales que responden a la Casa Rosada y no al kirchnerismo –como el Movimiento Evita–, los cuales suelen engrosar las marchas, aún están molestos por las estocadas que les propinó Cristina Kirchner, partidaria de que los planes sociales sean controlados y manejados por gobernadores e intendentes.
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Mientras La Cámpora despotrica contra los poderes fácticos que persiguen a Cristina Kirchner, Sergio Massa prepara su viaje a los Estados Unidos para renegociar el acuerdo con el FMI, buscar financiamiento del Banco Mundial y del BID y atraer inversiones en energía, petróleo y minería, en especial el litio.
Massa se mantendrá al margen de la discusión político-judicial y se concentrará en la gestión. En cambio, Alberto Fernández decidió meterse de lleno en el debate público y no solo recibió una andanada opositora, con pedidos de juicio político incluidos, sino también la reprimenda de los que habitan en las cercanías de Cristina. “El Presidente tiene que hablar menos”, aconsejó Hebe de Bonafini, una exégeta de la vicepresidenta.
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