En la Casa Rosada respiran con alivio: la decisión de Juntos por el Cambio de facilitar en el Congreso la aprobación del acuerdo con el FMI por la renegociación de la deuda –sea con su abstención o con su voto positivo– garantizaría que el país no caiga en default el mes próximo, cuando debe afrontar un vencimiento de U$S 3.200 millones con el organismo internacional. En el oficialismo son optimistas: calculan que en la Cámara de Diputados el acuerdo se aprobará con 145 votos, de los cuales unos 80 serían abstenciones.
Los líderes del principal espacio opositor se reunieron este jueves para sentar una posición frente a las negociaciones que, por estos días, encara el Gobierno con el FMI. Los dirigentes más duros del espacio, entre los que se cuenta la jefa de PRO Patricia Bullrich, mutaron su discurso inicialmente reacio a acompañar el acuerdo a otro que confluye con la postura enarbolada por la UCR y la Coalición Cívica. “No vamos a empujar a la Argentina al default”, enfatizó Bullrich a la salida del encuentro de Juntos por el Cambio. Si bien insistió en que el oficialismo debería exhibir una postura unificada en apoyo al acuerdo, ya no será un condicionamiento que PRO exija a la hora de sentarse a votar.
Igualmente, los opositores advirtieron que Juntos por el Cambio no avalará un pacto que implique una suba de impuestos. Este es un punto que despierta dudas, no solo en la oposición sino también en el oficialismo. ¿Qué incluirá el texto que enviará el Poder Ejecutivo al Congreso para su aprobación? ¿Se limitará a reflejar las premisas generales que ya esbozó el ministro Martín Guzmán al anunciar el principio de acuerdo con el FMI o, por el contrario, detallará las medidas de ajuste que prevé adoptar el Gobierno para cumplir con las metas comprometidas?
“El texto del proyecto se limitará a describir el programa de repago de la deuda que tomó el gobierno de Mauricio Macri en 2018, y la autorización para tomar nueva deuda. Y como anexo, el memo del entendimiento al que se arribe con el FMI. No habrá detalles finos sobre aumentos de tarifas o de impuestos”, adelantó a AIRE una importante fuente oficial.
En suma, lo que evalúa enviar el Gobierno al Congreso es un marco del acuerdo con el FMI, aunque sin entrar en el detalle sobre las medidas que adoptará el Poder Ejecutivo para cumplir con las metas pautadas. Esto facilitaría su aprobación en el Congreso: si bien hay consenso general en facilitarle al presidente Alberto Fernández la aprobación de la herramienta que necesita para cerrar las negociaciones con el FMI y evitar el default, ni los legisladores oficialistas y, menos aún, los opositores, quieren quedar pegados a un eventual ajuste del gasto.
El Gobierno aún no decidió por cuál cámara del Congreso ingresará el texto del acuerdo, aunque todo indica que arrancaría por la Cámara baja, donde Sergio Massa tiene asegurados los votos para su aprobación. En el Senado, presidido por Cristina Kirchner, el panorama no está tan claro. Es que el kirchnerismo quedó en un estado de convulsión interna tras la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de diputados del Frente de Todos; muchos interpretan que el malestar del primogénito de la vicepresidenta –que se abstendrá en la votación parlamentaria– es compartido también por su madre, quien no oculta su desconfianza con las negociaciones que encara el ministro Guzmán.
La renuncia de Máximo Kirchner cayó como una bomba en el bloque de diputados oficialistas. Su sucesor, el santafecino Germán Martínez, tomó la posta y, de inmediato, inició un raid de charlas personales con los miembros de su bloque para contener el daño y mantener la unidad. Máximo Kirchner hizo lo propio y explicó personalmente a sus compañeros de bancada el motivo de su decisión. “No estoy de acuerdo con las negociaciones que encara Guzmán ni con este principio de entendimiento; mal podría defenderlo en el recinto y, menos aún, intentar disuadir a los compañeros más renuentes a votarlo”, explicó.
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Máximo Kirchner se abstendría en la votación en general y lo propio haría una treintena de diputados que se cobijan bajo el ala camporista y kirchnerista. “No va a haber ruptura”, garantizan en las trincheras kirchneristas. Sin embargo, la unidad es precaria. Tal vez la sangre no llegue al río ahora, pero las medidas que necesariamente deberá adoptar Guzmán para cumplir con las metas de reducción del déficit acordadas con el Fondo auguran un escenario conflictivo más temprano que tarde.
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