Hasta el martes, cuando el presidente de la Nación lo convocó a la Casa Rosada para bendecirlo como nuevo jefe del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, el nombre de Germán Martínez era desconocido para la gran mayoría de los argentinos por fuera de los ámbitos de la política.
Sin embargo, las apariencias engañan. Lejos de ser un recién llegado, Martínez es un militante peronista de cuna, acostumbrado al bajo perfil y a no figurar en las primeras planas.
Hay que decir que su trayectoria política está íntimamente relacionada a Agustín Rossi y al espacio que éste lidera: La Corriente de la Militancia. No es, como muchos dijeron, un dirigente “cercano” a Rossi: Martínez es Agustín Rossi.
Siempre un paso atrás del Chivo. Mientras Rossi sacaba las mejores leyes del kirchnerismo en el Congreso o se ligaba los huevazos por defender la Resolución 125, Germán Martínez estaba ahí, aunque pocos los supieran.
Los comienzos
Rosarino, hijo de trabajadores, alumno del Colegio San José e identificado con esa comunidad salesiana, cuando a los 17 salió del secundario con el título de técnico siguió vinculado como preceptor durante unos años. En paralelo, estudiaba la licenciatura en Ciencia Política en la UNR, donde conoció a su esposa, una licenciada en Relaciones Internacionales con la que tienen dos hijos.
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En 2001, con 26 años y en medio del “que se vayan todos”, junto con militantes universitarios de otras facultades, idearon una movida multipartidaria que consistía en dar charlas-talleres a alumnos de quinto año de la secundaria sobre cómo votar. Una movida de las juventudes políticas por recomponer la confianza en un sistema político desacreditado que hacía agua por todos lados. La llamaron Jóvenes para el Ejercicio del Primer Sufragio y de esa época quedó este folleto de promoción que da testimonio.
Muchos de esos veinteañeros militantes de distintas fuerzas universitarias hoy ocupan lugares y roles conocidos: además de Martínez (Juventud Peronista), Joaquín Blanco y Esteban Lenci (Partido Socialista), Gisela Scaglia (ex diputada nacional y vicepresidenta del PRO de Santa Fe), Rodolfo Di Pollina (presidente de Rosario Central), Martín Lucero (en ese entonces radical, actual titular de Sadop Rosario), entre otros.
La vida política de Martínez cambió en 2005 cuando un joven Agustín Rossi llegó a la Fundación para la Integración Federal (Funif), que tenía entre sus referentes a Jorge Garnero, ex ministro de Economía de Jorge Obeid en su primer mandato, en busca de cuadros militantes y conocimiento para fortalecer su candidatura a concejal. Martínez y otros universitarios peronistas participaban de la Funif, se formaban y hacían sus primeras armas en gestión. Manejaban el Plan Nacional Familias, antecesor del Jefes y Jefas de Hogar, para lo cual era necesario conocer de llenado de planillas, gestiones, armado de papelería, etc.
En realidad, 2005 sería un año inesperado para Agustín Rossi y, en consecuencia, lo fue para Germán Martínez. Néstor Kirchner había decidido romper con el duhaldismo y asumir el liderazgo del espacio gobernante. Nacía el kirchnerismo y se lanzó al armado en todo el país. En Santa Fe pateó el hormiguero peronista y buscó sus propios referentes por afuera del reutemismo y del obeidismo. Eligió a Agustín Rossi, que ese año pasó de querer ser concejal a encabezar la lista de diputados nacionales, y sin escalas a la presidencia de la bancada oficialista.
Martínez hizo el mismo trayecto que Rossi, pero desde las sombras. Es decir, conoce la principal liga de la política argentina desde adentro y a sus protagonistas, pero acompañando a su jefe político como asesor y sin exposición pública.
Entre 2005 y 2012 fue la mano derecha de Rossi en la Cámara de Diputados de la Nación. En la formalidad, se desempeñó como jefe de asesores de la Presidencia de bloque y secretario administrativo entre enero y junio de 2013, fecha que el grupo es mudado al Ministerio de Defensa, donde Martínez se hizo cargo del manejo administrativo.
A la par de su labor político-institucional, Martínez adquirió mayor gravitación dentro del espacio del Chivo, que a esa altura era una figura reconocida a nivel nacional y con aspiraciones en Santa Fe.
Cuando Luis Rubeo se despegó de Rossi, fue Martínez quien asumió la tarea de armador electoral y operador político. Consolidado como su mano derecha, Rossi propuso su nombre para integrar la lista de diputados nacionales en 2019.
Ya en su banca, sus convicciones se pusieron a prueba cuando le tocó votar la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Lo hizo a favor, convencido y sin sentir que lo pudiera condicionar su pertenencia a grupos religiosos en su juventud ni su identificación con la comunidad salesiana.
Mientras cultivaba perfil bajo hacia afuera, hacia adentro de la cocina oficialista creció su relación con Sergio Massa y con Máximo Kirchner, su antecesor inmediato. Con ambos mantuvo buen diálogo. Sumado a que conoce a los personajes, la técnica legislativa y la gestión política de las leyes, parecieran razones suficientes para justificar su designación.
Tal vez su vocación por el trabajo silencioso y no priorizar la exposición pública conformen un perfil adecuado para las actuales circunstancias que enfrenta el oficialismo en la Cámara baja, donde sobran referentes y desacuerdos.
En los meses previos a las elecciones de 2021, Martínez usó mucho una frase tan ingeniosa como abarcativa que viene como anillo al dedo para las actuales contradicciones que enfrentan a los socios del Frente de Todos. “Somos peronistas y kirchneristas sin contradicción”, decía para diferenciarse de la ambigüedad del perottismo.
Desafíos
Su tarea tiene varios desafíos. Primero ocupar una silla caliente que dejó nada menos que el hijo de la vicepresidenta. Segundo tomar las riendas de un bloque sometido a profundas tensiones que no son propias de los diputados sino que reflejan el estado general del Frente de Todos. Tercero, su prueba de fuego será en menos de dos meses, cuando haya que votar por sí o por no al acuerdo con el FMI.
A la vez, la elección de Martínez implica varias cosas juntas:
- Ratifica una mayor cercanía del rossismo con el presidente Alberto Fernández en la interna del Frente de Todos. Esto no es novedad, pero había quedado en una nebulosa después de las Paso que enfrentaron a Rossi y al gobernador Perotti, que contaba con el apoyo del gobierno nacional y la vicepresidenta.
- Ahora Martínez es el articulador del presidente en Diputados. Pasa a ser un hombre clave en esa cámara después de Sergio Massa. Y de Máximo Kirchner, que seguirá siendo el referente de un espacio con capacidad de veto.
- En ese sentido, el resultado de su tarea dependerá mucho de cómo jueguen La Cámpora y los sectores más afines a Cristina Fernández. Con respecto a ese sector, un primer desafío es desandar las valoraciones y descalificaciones de la carta de renuncia, así como las declaraciones de Leopoldo Moreau, que parecieran poner al cristinismo en un lugar de no acompañamiento del acuerdo con el FMI. Y luego deberá administrar una coexistencia que exigirá mucha dedicación y diálogo. Siempre sabiendo que hay posicionamientos que se definen en otros ámbitos, afuera del bloque de diputados.
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