menu
search
Política Elecciones 2023 | Cristina Fernández de Kirchner | Unión por la Patria

Cristina ordena la interna: dos fórmulas, polarizar por la Patria y todo al ganador

Alberto bajó su candidatura para apañar dos y raspar en una interna al precandidato que mejor retiene los votos de Cristina, que lo quiere en la boleta nacional pero aún no se lo pidió directamente. ¿Massa gobernador? ¿Wado al Congreso? Alberto al rincón.

Antes de estamparnos contra la coyuntura (que impone dato o noticia en presente rabioso, despojados de su densidad histórica) y echando mano del mentado aforismo de que “el periodismo es la primera versión de la historia”, enlacemos el presente con el pasado con un hilo indudable y persistente: el del odio al peronismo o –si ustedes prefieren– un neologismo de estreno, la “peronchofobia”.

El viernes pasado se cumplieron 68 años de los bombardeos cívico-militares a Plaza de Mayo, acaso la primera manifestación del antiperonismo fraticida, pero ¿cuál era la progresión del plan? Primero asesinar al presidente que los argentinos habían elegido por el 63% de los votos, instaurar un triunvirato civil integrado por Miguel Ángel Zavala Ortiz (UCR), Américo Ghioldi (Partido Socialista) y Adolfo Vicchi (Partido Conservador), tres partidos golpistas asociados a las Iglesia y a las Fuerzas Armadas, que luego integraron la Junta Consultiva de la Revolución Fusiladora.

Bombardeos 1955 Plaza de Mayo.jpeg
Mural de Andrés Riva, expuesto en el Espacio de la Memoria y los Derechos Humanos (ex ESMA).

Mural de Andrés Riva, expuesto en el Espacio de la Memoria y los Derechos Humanos (ex ESMA).

En una masacre de violencia y magnitud inéditas, un escuadrón compuesto por aviones logueados con la “marca” Cristo Vence arrojó más de 100 bombas y 14 toneladas de explosivos sobre población civil indefensa, centralmente sobre la Plaza de Mayo porteña y sobre la franja que va desde Casa Rosada hasta la Biblioteca Nacional, asesinando a 300 argentines e hiriendo de variada gravedad a más de 1.200.

Esta sería la primera manifestación –la última fue el atentado fallido contra Cristina– de un viejo anhelo del antiperonismo argentino (que como vimos incluye a varios partidos autodenominados republicanos y democráticos, de ayer y de hoy también): suprimir al peronismo, barrerlo del presente ganándole en elecciones libres o suprimiéndolo física y violentamente, incluso las dos cosas juntas si fuese posible, todo vale.

En 1955, en 1956, en 1976, en 2022 y durante la campaña en curso, en la que las proclamas opositoras no piden la muerte de Perón (ya murió), de Cristina (da mal en las encuestas), pero sí el fin del peronismo (porque se sabe que es una metáfora de “que salga tercero” o implosione antes).

LEER MÁS ► A una semana del cierre de listas, guerra campal en Unión por la Patria y en Juntos por el Cambio

Es importante el dato para analizar los discursos de campaña, las promesas y las amenazas, para decidir voto premio o castigo, no sólo para les peronistes, sino para todes quienes quieran un país que honre el pacto celebrado hace 40 años, según el cual nunca más las corporaciones civiles echarían mano de militares y fuerzas policiales para desaparecer, torturar ni asesinar a nadie por conveniencia económica, por razones ideológicas, para construir un país donde pensar diferente no implique riesgo de vida sino que sea un derecho ejercido públicamente, en libertad.

Señalada esta persistencia histórica (el odio gorila, más o menos extremo), analicemos cómo se prepara el panperonismo para convertir una derrota amenazante en una victoria épica.

El proyecto es el candidato y el candidato será lo que resuelva Cristina

En noviembre de 2021 publicábamos una nota titulada “El desafío luego de la derrota: el gobierno debe hacer en dos años lo que prometió en cuatro”.

Allí aventurábamos varias cosas: que el presidente no podría reelegir, que indultar a Mauricio Macri le iba a costar más caro que no indultar a Milagro Sala, que el Frente de Todos como experimento se había terminado (ahora simplemente cae la marca, para nominar un nuevo reparto de poder y conducción política) y que el formato de salida bien podría ser “un peronismo liberal, pragmático, con moderados niveles de inclusión social y reparto de la riqueza encarnado por Sergio Massa, o una reedición aggiornada de los años felices kirchneristas conducida por Axel Kicillof (si es que su aporte no consiste en intentar retener la provincia de Buenos Aires) o por una Cristina que fue pedida por la militancia en el bunker del Frente de Todos y que –a falta de un candidato más competitivo contra el Frente Gorila de Masas– no tiene ni pide descanso”.

CRISTINA KIRCHNER KICILLOF
Máximo por las malas, Cristina por las buenas. El gobernador de Buenos Aires que no quiere ser presidente sabe que no tiene margen para desairar un pedido de su jefa política.

Máximo por las malas, Cristina por las buenas. El gobernador de Buenos Aires que no quiere ser presidente sabe que no tiene margen para desairar un pedido de su jefa política.

Cristina se bajó, pero junto con Sergio Massa conforman la nueva mesa de coordinación electoral y política del peronismo. El ministro de Economía es el candidato que mejor mide en todas las encuestas conocidas y el gobernador de la provincia de Buenos Aires el que mejor retiene votos kirchneristas, incluso con margen para recuperar las dos millones de voluntades renuentes en 2021 y que siguen en shock por el renunciamiento de Cristina.

Una aclaración sobre las encuestas de precandidatos no confirmados y a dos meses de las PASO. Más allá de la rigurosidad de los muestreos y el sesgo matemáticamente estimado, del diseño de los cuestionarios y los medios utilizados, en las dos últimas elecciones, quedó claro que tanto como operadoras como predictoras son un servicio carísimo y sin puntería.

LEER MÁS ► Elecciones 2023: polarizar con Milei, la última apuesta del Frente de Todos

La última encuesta reproducida por todos los medios fue la de Management & Fit que determina un empate técnico entre Massa (31,2%) y Larreta (33,9%), ganadores de sus respectivas internas y dueños de los dos tercios mayores. Y si el candidato de Unión por la Argentina (sí, pese al éxito del slogan La Patria es el Otro y el enojo de Cristina por los rechazos, parece que el sustantivo se le devuelve a la derecha) fuera Wado De Pedro, Juntos por el Cambio con Horacio Rodríguez Larreta como candidato ampliaría a casi 8 puntos.

Pero fue precisamente Management & Fit una de las encuestadoras que pifiaron por mucho, tanto los resultados de las generales de 2019 como de las legislativas de 2021, a tal punto que Mariel Fornoni (socia y miembro del directorio) se excusó públicamente culpando al “voto vergozante”, al “voto oculto” y al peso de la economía en las decisiones de último momento.

Sabiendo esto, y pagando de todos modos, la vicepresidenta elabora una jugada que se nutre de insumos varios y de su propia percepción política (plagada de aciertos y anticipos). Tanto ella como Massa diseñan un nuevo frente donde el albertismo deberá superar un piso alto y presentar listas completas en el principal distrito electoral, lo que lo dejará en el mismo lugar irrelevante en el que está ahora, pero sin el poder de vetar o ignorar a los socios principales.

LEER MÁS ► El oficialismo, sin Alberto Fernández ni Cristina Kirchner, ¿todos habilitados?

Con la esperable renuncia de Agustín Rossi a la precandidatura presidenciales, despejar la interna tiene un solo obstáculo, inesperadamente complejo: Daniel Scioli.

La vicepresidenta sabe que es la única que puede torcer la voluntad de Kicillof de competir en Buenos Aires, con una petición directa y va a jugar esa carta, que dejaría conformes a los partidos menores por izquierda (se bajarían Juan Grabois y Claudio Lozano) y aseguraría –según sus estimaciones– un lugar en el balotaje.

El plan B es la candidatura de Sergio Massa –más eficaz en un balotaje contra Milei o Bullrich que contra Larreta– acompañado con un kirchnerista (Wado hará lo que Cristina disponga) o un gobernador disponible que aporte “federalismo” a la fórmula y votos en el interior.

Hasta aquí algunas de las posibles combinaciones, rosca, crochet y Cristina mandando a votar a otros, pero ¿qué es lo que debería pasar para no repetir el error central de 2019? Alberto ya no está, pero el proyecto, la promesa salvífica traducida en un plan de gobierno concreto, tampoco. Alguien debe estar trabajando en eso.