miércoles 19 de enero de 2022
Política | Elecciones legislativas de Argentina de 2021 | Macri | Peronismo

El desafío luego de la derrota: el Gobierno debe hacer en dos años lo que prometió en cuatro

El Frente de Todos perdió y gobernará sin mayorías parlamentarias, Alberto Fernández no podrá reelegir y convocará a una oposición mezquina que quiere un pacto para –como dijo Macri violando la veda- "ordenar la transición".

Pasó algo notable con ésta segunda vuelta y que cientos de periodistas políticos y jefes de redacción de revistas, diarios y portales podrían corroborar con certeza: el esqueleto (sin cabeza pero con copete), cuerpo principal, bosquejo argumental o simplemente el borrador de las notas destinadas a analizar lo sucedido en las elecciones generales, empezó a escribirse hace 48 horas. “Héctor no me deja mentir” ni al presidente ni a mí (él miente impunemente y por cuenta propia), por lo que pasamos a listar las cosas que –para éste escriba- estaban y están confirmadas mucho antes de las cero horas de éste lunes.

- No es cierto que cualquier resultado dé lo mismo porque después del vendaval seguirá gobernando el peronismo por dos años. Pero sí que el remanido “peor que perder una elección es perder el rumbo” define la preocupación principal de buena parte del FDT. Y el rumbo sigue en experimentación y debate.

- Sobre el famoso pacto de los 10 puntos o ejes de coincidencias políticas impulsado por Massa y que hoy se llama Plan Económico Plurianual para el Desarrollo Sustentable -y que encarna en la histórica fantasía de la Moncloa española o la reedición del GAN del tercer peronismo- ya hemos escrito en Aire. Es una idea con más de 50 años de edad, que en éste caso incluye los términos del acuerdo con el FMI y que suelen agitar oficialismos en estado de debilidad y por lo tanto en los términos que más convienen a los opositores. El verdadero líder –candidato es otra cosa- de la oposición (y que no es Larreta ni mucho menos Milei, sino Macri), hizo lo que más naturalmente le sale: violó una Ley (la electoral en éste caso) y expresó brutalmente lo que otres escamotean con frases oblicuas sobre lo que puede esperarse de un pacto en éstas condiciones: “Vamos a ayudar a una transición ordenada” para comenzar una “nueva era guiada por la verdad y la sensatez”.

- Insert que no se ahoga en la coyuntura: Macri es el cuadro más honesto de Juntos x el Cambio, blanquea (no su fortuna escondida) sino que el FMI violó su propio estatuto y él la Constitución Nacional y la Ley de Procedimientos Administrativos y Administración Financiera, para financiar los dos últimos años de su gobierno y que los bancos y fondos de inversión puedan completar la bicicleta dólar-pesos-Leliqs- dólar y obtener la divisas verdes para irse del país. Y lo hace porque sabe que éste gobierno, que jamás impulsaría seriamente causas en su contra, no implica una amenaza sea cual fuere el delito que hubiera cometido y que difícilmente le cobre siquiera la multa por haber violado la veda ayer mismo. La impunidad de Macri, más que la dificultad para controlar inflación y los precios de la canasta alimentaria, es un indicador directo de las limitaciones del gobierno nacional –y aunque a Alberto no le guste- de las posibilidades reales del FDT de cara a las elecciones de 2023.

Elecciones 2021: ¿dónde y a qué hora votará Alberto Fernández?
El presidente Alberto Fernández aseguró que la deuda con el FMI es uno de los escollos más importantes que enfrenta su gestión.

El presidente Alberto Fernández aseguró que la deuda con el FMI es uno de los escollos más importantes que enfrenta su gestión.

- El arreglo con el FMI –por más que Sergio Chodos asegure lo contrario- es impagable incluso con una economía creciendo al 10% y no va a mejorar en sus condiciones esenciales. Habrá unos meses para sellar un acuerdo con la oposición –marzo 2022 es el tope- para y encontrar los modos para “venderlo” y anunciarlo. No estamos al tanto de las intenciones finales de Larreta, pero hay un cálculo de lógica elemental: no tiene sentido que acepten una convocatoria para compartir los costos del arreglo con el FMI; si se trata de enfrentarlo no firmarán al pie porque ellos piensan igual que el Fondo y si es para aceptar las condiciones actuales del acuerdo tampoco, porque si la idea es derrotarlo en dos años, los costos económicos y sociales del mismo tienen que cargarse a la cuenta exclusiva del gobierno.

- Alberto no piensa hacer ningún cambio trascendente incluso si se perdía por la misma o más diferencia de setiembre, ni en los nombres ni en el cariz de las medidas a tomar. Lo único distintivo parece ser la decisión de “institucionalizar las diferencias” dentro del Frente, es decir naturalizar las contradicciones y cruces en los 25 meses venideros y utilizar las PASO 2023 para que cada sector presente sus candidaturas y todes queden conformes y adentro, según el apotegma que reza “el que participa y pierde en una justa limpia, acompaña”. Alcanza? No, el peronismo unido también será vencido, pero por lo menos retiene los votos propios y permite ir pescar más ordenadamente a los que nadan fuera la pecera.

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Y lo más importante de todo y directamente relacionado con el último punto: es catártico y esencial para el futuro de la coalición gobernante y la propia tropa del Frente de Todos asumir lo que hace rato es una evidencia: Alberto –al igual que Cristina- no conduce a la totalidad del peronismo, ni siquiera a la CGT del día después (que festeja el día de la Lealtad el 18 de octubre, se moviliza a favor del presidente un día después de las elecciones y probablemente festeje el día del trabajador el 2 de mayo venidero). Alberto no conduce como Perón, no enfrenta las correlaciones de fuerzas desfavorables como Néstor, tampoco tiene la intensidad ni la osadía de Cristina y se cansa de recordarnos que, con ella y todo, él es el presidente de les argentines. Y es muchísimo mejor que Macri o Larreta; es un buen presidente para la transición (¿cuántos nos tomamos en serio esa definición cuando él mismo lo dijese en la cumbre del G20 de noviembre de 2020?), incluso cuando la pregunta que sigue flotando en el aire (no de Santa Fe sino del país entero) sea: ¿la transición hacia qué?

La respuesta puede no conformar a muches pero sería más o menos la siguiente: un peronismo liberal, pragmático, con moderados niveles de inclusión social y reparto de la riqueza encarnado por Massa o una reedición aggiornada de los años felices kirchneristas conducida por Axel Kiciloff (si es que su aporte no consiste en intentar retener PBA) o por una Cristina que fue pedida por la militancia en el bunker del FDT y que –a falta de un candidato más competitivo contra el Frente Gorila de Masas- no tiene ni pide descanso. Antes de que nadie lo sugiera, no hay ningún gobernador “exitoso” que mida más de un dígito a nivel nacional y Máximo asegura a íntimos y conocidos que no piensa en ser presidente.

La inflación se come cualquier mejora salarial y pulveriza toda chance de que los índices de recuperación macro impacten en la micro y el humor social de les argentines.

Perder con Alberto para ganar con Alberto

Si bien pide demasiados permisos para gobernar o tomar decisiones arriesgadas y abusa del diálogo con quienes no tienen planeado consensuar absolutamente nada (que lo aleja del modo de ejercer el poder de casi todos los gobiernos peronistas anteriores), Alberto siempre intervino en el debate público sin consultas previas ni preocuparse demasiado por las consecuencias de lo que dice. Si tiene que rectificar lo hace, si tiene que disculparse también y no encarga focus group para medir las pérdidas, sea con Nora Cortiñas, el personal de salud en plena pandemia, los brasieños, sus votantes o la sociedad argentina en general. No es –como asegurara el notable Eduardo Blaustein- un líder carismático ni un caudillo, tampoco una figura excepcional en un tablero donde no abundan figuras excepcionales.

El gobierno hizo los cambios que el presidente consideró pertinentes (incluido Manzur como nuevo Jefe de Gabinete y que finalmente aportó más reunionismo que productividad), la economía funciona a niveles similares a los de 2018, se recuperaron el 85% de los puestos de trabajo formales perdidos durante la pandemia (de sostener éste ritmo, recién en abril 2022 se llegaría los niveles de febrero de 2020) y la capacidad instalada registra una suba interanual del 12%. Pero la inflación se come cualquier mejora salarial y pulveriza toda chance de que los índices de recuperación macro impacten en la micro y el humor social de les argentines.

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Esto también se sabía y estaba escrito de antemano, ninguna de las correcciones implementadas por el gobierno nacional iba a tener impacto en los números de la segunda vuelta. Lejos de los niveles de participación de las mejores PASO de la historia (78,6% en 2011), se recuperaron 6 puntos respecto de las primarias y tal parece que los peronistas que castigaron al FDT votando en blanco o quedándose en sus casas, acudieron al llamado de “darla vuelta” o achicar la diferencia. Se empató técnicamente la PBA pero no alcanzó y se cosecharon 2 millones de votos menos que en 2019. Para no seguir a la deriva, alguien deberá tomar nota de algunas cosas importantes: la épica que impulsó la victoria de 2019 ya no existe, el contrato electoral entre el FDT y sus votantes está virtualmente roto, urge definir un proyecto claro y consistente con impacto real en las condiciones materiales de vida de los que menos tienen y fundamentalmente que los progresismos moderados enfrentan sin éxito ni eficacia un cambio cultural y antropológico de dimensiones monumentales, de escala continental y planetaria. No importa cuán “horribles” ni crueles sean las gestiones pasadas o los discursos presentes de las derechas neoliberales o fascistas, a les electores no parece importarles.

Allá por abril de 2017, distendido y flanqueado por las guitarras que le regalase el autor de “Canción sin puñales”, el actual presidente le aseguraba a éste escriba que “soy peronista porque es el espacio político que más se ha preocupado en representar a los que menos tienen, pero en mi vida influyeron muchas otras cosas: Walt Withman, Nebbia, el flaco Spinetta, Joan Báez o Bob Dylan”. No será de ellos, de su vasta obra artística, que obtenga las claves para llevar a buen puerto una gestión en la que toma las decisiones fundamentales, y no somos nadie para recomendarle volver a ciertas lecturas doctrinarias juveniles. Tampoco sabemos si ésta es su canción favorita de Dylan (Bob, no el perro), pero que parece escrita para éstas horas, para alumbrar algún futuro mejor:

Vengan escritores y críticos,

quienes profetizan con sus plumas.

Y mantengan sus ojos abiertos.

Las oportunidades no vendrán otra vez.

Y no hablen muy rápido

porque la rueda sigue en movimiento

y no hay forma de decir quién

Para nombrarlo

Porque los perdedores ahora

serán los ganadores después.

Porque los tiempos están cambiando.

Vengan senadores y congresistas,

contesten las llamadas.

No se queden parados en la puerta,

no bloqueen los pasillos.

Porque el que sea dañado

será el que se quede en el camino.

Hay una batalla afuera

y está empeorando.

Pronto moverá tus ventanas

y hará vibrar tus paredes

Porque los tiempos están cambiando.