Juicio por el crimen de "Pelusa" Farías: revelan que el acusado estaba aquejado por deudas con inversores
El dato surgió del análisis de los chats de whatsapp del prestamista que enfrenta el juicio acusado por el homicidio de Carlos Farías.
Al "arbolito" lo daban por perdido y lo encontraron en un local de ropa de la peatonal de Santa Fe.
En la recta final del juicio por el crimen del arbolito Carlos Alberto “Pelusa” Farías, se reveló que el acusado estaba aquejado por las deudas días antes del hecho, y que tenía que tomar una “medida importante”; los detalles fueron aportados por una perito de la policía que declaró como testigo.
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La agente de la PDI tuvo a su cargo el análisis del teléfono celular del acusado Joaquín “Toti” Monzón, de su novia de entonces y de Farías, y declaró como testigo este martes, luego del médico forense que realizó la autopsia del cuerpo y del dueño del quiosco en el que trabajaba Monzón, y que le servía de “fachada” para sus negocios.
El juicio se realiza ante un jurado popular conformado por 12 ciudadanos, que en las próximas horas deberán definir si Monzón es culpable de homicidio calificado criminis causa, como sostiene la Fiscalía y la querella, o si se trató de una muerte accidental, como argumenta la defensa.
Farías murió el 21 de febrero de 2024 en el interior de un local comercial de la peatonal de Santa Fe, al que ingresó acompañado por Monzón. Del lugar, sólo se retiró este último y el cuerpo de Farías fue hallado un par de días después, tras una denuncia por pedido de paradero de su familia.
Inversiones en un quiosco y préstamos
La testigo leyó varios de los whatsapp extraídos del teléfono celular de Monzón, en los que se presentaba como “prestamista” y también buscaba “inversores” a los que les proponía el siguiente negocio: con el dinero aportado compraba mercadería para vender en un quiosco y les ofrecía recuperar la inversión con intereses.
Este quiosco estaba ubicado frente al local de ropa “California Bay” en la peatonal de Santa Fe, comercio en el que trabajaba la novia de Monzón. Para mediados de febrero de 2024 Monzón ya se encontraba complicado para devolver los intereses prometidos a sus inversores.
El 14 de febrero la novia de Monzón le manifestó su preocupación porque no lograba encontrar la llave del comercio, y el 17 de febrero, “Toti” le comentaba a un contacto que “esta semana” se ponía al día con las deudas y se alejaba de los negocios.
En el juicio declararon también la hija y la esposa de Farías; ambas recordaron cómo fue aquel 21 de febrero, cuando Farías les dijo que tenía un negocio por el que no podía atender una situación familiar, pasado el mediodía.
Con el correr de las horas, y sin tener novedades de Farías, la familia comenzó a preocuparse: llamaban y enviaban mensajes al teléfono celular y no tenían respuestas. Hasta que hubo respuesta, en horas de la madrugada del 22, y eso aumentó la preocupación de la familia: se daban cuenta que quien escribía no era "Pelusa": "A mi me hubiera llamado directamente, yo me di cuenta que no era él", dijo su esposa.
En tanto, su hija aludió a un mensaje enviado por messenger por una prima de ella, que le decía "papi" a Farías: una vez más, la respuesta recibida generó dudas ya que la llamó de una manera que Farías no le decía.
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Su hija recordó también que debió asistir al Centro de Monitoreo de la municipalidad para reconocer a su padre en las imágenes de las cámaras de seguridad, y que horas más tarde la llamaron porque habían encontrado un cuerpo en el centro: "No quería creer que fuera mi papá, lo reconocí por la ropa", explicó.
La testigo también explicó cómo era la actividad de intercambio de divisas que realizaba Farías desde hacía más de 20 años, que llevaba el dinero en un morral verde y que generalmente se manejaban con una suma aproximada en 8 mil dólares: "Si hacía falta más, se iba a buscar a la caja de seguridad".
La caja de seguridad era de titularidad conjunta de Farías y de su hija, y fue abierta en el marco de la investigación: la mujer sostuvo que faltaba más dinero que el habitual, entre 15 y 20 mil dólares.
Juicio por jurado
El caso se encuentra a cargo del fiscal Estanislao Giavedoni que, junto con el abogado Martín Risso Patrón, acusaron a Monzón de haber cometido un homicidio criminis causa, al sostener que el hombre de 24 años mató al cambista santafesino (que oficiaba en Tucumán y San Martín) para poder robarle una suma de dinero.
La defensa, a cargo del abogado Gustavo Abraham, no niega el hecho dentro del local pero si cuestiona el encuadre jurídico que le dio el bloque acusador ya que considera que el deceso se dio bajo otras circunstancias que deberán ser aprobadas en el juicio.
El juicio fue presidido por el juez Pablo Spekuljak y se espera que durante la tarde de este martes se conozca el veredicto del jurado.








