Luego de tramar una fuga cinematográfica con un helicóptero que tenía previsto que lo rescate del patio de la cárcel de Ezeiza, Esteban Lindor Alvarado comenzará a enfrentar las consecuencias dentro del penal. El fiscal federal Oscar Arrigo y la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) pidieron que este narco, condenado a perpetua, sea enviado a una celda individual, donde le prohíben tener algún tipo de contacto con internos procesados o condenados por narcotráfico.
La justicia evaluaba pedir una serie de medidas para incrementar los controles sobre este líder criminal antes de que intentara fugarse con un helicóptero desde el patio del penal la segunda semana de marzo. Los funcionarios de la justicia federal observaban que Alvarado gozaba de mayores libertades dentro del penal que su rival Ariel Guille Cantero, líder de Los Monos, que está recluido en una celda individual desde el año pasado en la cárcel de Marcos Paz.
A pesar de todos los controles más exhaustivos que pesaban, en teoría sobre Cantero, después se descubrió que seguía manteniendo comunicaciones con otros miembros de su banda. Por eso, el 3 de marzo pasado se produjo un operativo en los lugares de detención que ocupan en ese penal federal integrantes de Los Monos.
En el pedido que hizo el fiscal federal Arrigo al Tribunal Oral Federal Nº2 de Rosario pide que no sólo Alvarado sea trasladado a una celda individual, sino que también reclama que ese lugar debe tener monitoreo con videocámaras e inhibidor de señal para evitar que el preso pueda mantener comunicaciones telefónicas por si accede a un celular.
El funcionario del Ministerio Público también solicita que Alvarado no tenga contacto con presos que estén procesados o condenados por narcotráfico y señala a tres del entorno del líder criminal, como Claudio “Morocho” Mansilla, quien protagonizó la fuga de ocho internos de la cárcel de Piñero en junio de 2021; Alan Funes, líder de un grupo narco de La Tablada; y Facundo Muñoz, quien a pesar de que fue absuelto por el crimen de Claudio Pájaro Cantero fue condenado por la justicia federal por hacer maniobras narcos desde el penal de Piñero.
Arrigo también pidió a los jueces del Tribunal Oral Nº2 que los agentes del Servicio Penitenciario Federal realice controles y requisas de manera aleatoria en la celda individual de Alvarado para detectar si posee algún teléfono para comunicarse con otros internos o con el exterior. A la par de estas fuertes restricciones, el fiscal reclamó que el Servicio Penitenciario Federal informe cada tres meses las visitas que recibe Alvarado y un listado de las comunicaciones que mantiene con el teléfono público de la cárcel.
El intento de fuga de Alvarado de Ezeiza, que quedó trunco porque un miembro de la organización lo delató a la justicia, marcó las falencias que existen en el Servicio Penitenciario Federal sobre todo en materia de inteligencia criminal.
La información de que Alvarado había comprado un helicóptero y había conseguido un piloto para que lo saque del patio de Ezeiza surgió de la investigación judicial pero no de las tareas de inteligencia dentro de la cárcel. Actualmente el Servicio Penitenciario Federal, que está intervenido desde la asunción de Alberto Fernández, no posee un área de inteligencia interna, ya que fue desmantelada a raíz del escándalo que se desató tras el llamado operativo “puf”, un plan de espionaje contra presos acusados de corrupción durante los gobiernos kirchneristas.
Los investigadores notaron que Alvarado tenía libertad para usar teléfonos celulares dentro de la cárcel de Ezeiza. Eso quedó al descubierto cuando se descubrió el plan para escapar, que tenía ribetes cinematográficos y hubiera sido la primera vez que ocurre un hecho de esas dimensiones en una penitenciaría argentina.
Con ese plan Esteban Lindor Alvarado quería quedar en la historia. Ver en los diarios el titular: “La fuga del siglo”. Era la primera vez que alguien dentro de una cárcel federal se había animado y contaba con los recursos, dinero y logística, para planear que un helicóptero lo “rescatara” del patio de la penitenciaría.
Pero una casualidad, con un enemigo de por medio, hizo fracasar su ambicioso proyecto. El día D para irse se produjo un allanamiento en los penales de Ezeiza, Marcos Paz y Rawson, contra su rival “Guille Cantero, líder de Los Monos, que lo obligó a posponer una semana su plan, que se frustró tras un operativo de la Policía Federal y la Procunar.
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Según el plan de Alvarado, el helicóptero tardaría unos 20 segundos entre que descendía, se aproximaba al suelo y ellos trepaban por una red hasta los “patines” de la aeronave. Viajarían colgados. En menos de un minuto el helicóptero aterrizaría en un campo en General Rodríguez, donde lo esperarían a Alvarado miembros de su banda armados hasta los dientes, con vehículos para emprender la fuga definitiva, que no logró ser desentrañada en la investigación. Probablemente el destino final era Paraguay.
Nadie se había animado o había tenido los medios y el dinero para proyectar un escape de una cárcel de esa manera. Alvarado quería quedar en la historia, como lo hicieron el estadounidense Joel David Kaplan y el venezolano Carlos Contreras en 1971, cuando con un helicóptero se fugaron de la cárcel de máxima seguridad de Santa Martha Acatitla, en México. Se la conoció como la “fuga del siglo”. Estos dos reclusos, con causas por homicidio, tráfico de armas y narcotráfico, escaparon del patio del penal en un Bell modelo 47. El cine retrató la historia con épica cuatro años después en la película Breakout, protagonizada por un recio de la época, Charles Bronson.
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