Bravo llegó a juicio en libertad, y así seguirá hasta que la sentencia quede firme. La condena había sido solicitada por los fiscales Roberto Olcese y Vivian Galeano, y por la abogada querellante Clara Vazquez, quien representa al muchacho denunciante de los hechos.
Los acusadores habían reclamado 13 años de prisión para Bravo, sin embargo, se manifestaron conformes con la decisión del magistrado: luego de conocer el veredicto, los fiscales sostuvieron que “valoramos que el juez haya considerado acreditada la atribución delictiva que realizamos y que haya resuelto condenar al acusado por las mismas calificaciones penales que seleccionamos desde la Fiscalía”.
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Octavio Silva, el juez que impuso la condena
Abuso sexual agravado
Al momento de los alegatos para requerir la condena del acusado Guillermo Bravo, tanto la querella como la Fiscalía sostuvo que pudo acreditarse en el juicio que el abuso fue perpetrado por el pastor; según los acusadores, la prueba permitió demostrar que Bravo perpetró reiterados abusos sexuales a un muchacho de su congregación, siendo dos de ellos con acceso carnal. Los acusadores destacaron que el rol de Bravo como ministro de culto fue un factor clave para perpetrar los abusos y es la base de la agravante.
Otro factor determinante es la “extrema vulnerabilidad” del muchacho y el miedo que lo acompañaba. En el juicio se ventiló que el chico había llegado a la iglesia que presidía Bravo a los 17 años, en una clara situación de vulnerabilidad, buscando ayuda tras haberse ido de su casa por consumir marihuana y sintiéndose culpable. El chico estaba alejado de su familia y buscaba la ayuda de Dios. Bravo, siendo veinte años mayor, ocupó el lugar de una figura paterna que el muchacho por entonces no tenía. Esta situación generó una relación "desigual, asimétrica, atípica" y de "pastor-oveja", haciendo al joven sumamente susceptible a la manipulación.
Fue clave en la causa el rol de Bravo como ministro de culto, líder espiritual y figura paterna; el acusado fue descrito por diversos testigos como pastor, mentor, guía espiritual, maestro y líder de jóvenes, a quien incluso llamaban "papá" o "pa". Esta posición de autoridad fue fundamental para la perpetración de los abusos, sostuvieron los acusadores.
En los alegatos también se remarcó la “ausencia total de consentimiento” de la víctima, y la manipulación psicológica ejercida por el acusado. El muchacho declaró en la primera jornada del juicio y fue enfático en que no consintió los actos de abuso; en tanto, Bravo ejerció una manipulación psicológica constante, aislando al joven de su entorno, haciéndole sentir culpa y miedo, amenazándolo con matarse si se alejaba, e incluso recurriendo a agresiones físicas como un cachetazo, repasó la querella en sus alegatos. Esta manipulación quebrantó la voluntad del chico, quien se sentía "inhibido completamente", "inmóvil" e incapaz de oponer resistencia o "pegarle a un pastor de la iglesia".
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El caso se tramitó en la Unidad Fiscal Especial de Violencias de Género, Familiar y Sexual.
Por último, se destacó el devastador daño psicológico y emocional causado al muchacho: todos los testigos describieron un cambio profundo y negativo; de ser un chico alegre y disciplinado, se volvió una persona cerrada, con saltos de enojo, tristeza, ira contenida, problemas para dormir, aumento de peso y aislamiento social. Perdió su relación con Dios, dejó el deporte y a sus amigos, eliminó sus redes sociales y se despersonalizó.
También tuvo repercusiones en su salud mental, con diagnóstico de depresión y estrés postraumático, todo relacionando directamente los síntomas con las vivencias de acoso y abuso. Este daño fue una consecuencia directa de los hechos y fue descrito como la "quebrantación de la confianza" y la fragmentación de la vida del joven.
El juicio
El debate se realizó en la sala 1 de los Tribunales de Santa Fe; comenzó el pasado jueves con los alegatos de las partes y la declaración del muchacho, quien se explayó acerca de los hechos durante más de dos horas.
También declararon la mamá del joven, el hermano y una tía: fue el núcleo familiar quien se preocupó por el muchacho y lo contuvo tras el hecho, y otros allegados que también pasaron por el juicio.
Pasados los alegatos de clausura, el juez Silva dio a conocer este jueves la condena a Bravo, quien seguirá cumpliendo alternativas a la prisión hasta que la sentencia quede firme.