Joan Laporta, el presidente del Barcelona FC que dejó ir a Lionel Messi al PSG y que volvió a conducir el club catalán a partir de marzo de este año, fue coprotagonista de una extraña historia en la provincia de Santa Fe, junto con el extitular de la AFA Julio Grondona y otro personaje oscuro como fue Patricio Gorosito, el narco que fue uno de los mayores “exportadores” de cocaína a Europa.
En 2006, cuando Messi no era sólo una promesa sino ya una joya futbolística exitosa, Laporta visitó Real Arroyo Seco, el club que había construido el narco, que –según confesó luego en un juicio- era “testaferro” del entonces presidente de la AFA. Laporta plantó árboles junto con los dos hombres pesados del fútbol y el entonces secretario de Deportes de Santa Fe Carlos Aimar, que nada tenía que ver ni con Grondona ni con Gorosito, su presencia era sólo institucional.
Leer más ► "Sálvense ustedes", la dolorosa frase de Carla Rivas a sus hijos antes de morir envuelta en llamas
La excusa de la llegada de Laporta a ese club fue la firma de un convenio con el Barcelona para crear un “Centro Solidario de Formación y Deporte”, coordinado por la fundación de Fútbol Club Barcelona, para el que iban a aportar 300.000 euros. El que iba a manejar ese dinero era un personaje que once años después fue condenado como uno de los narcos más grandes de la historia de Santa Fe: Patricio Gorosito.
Ese hombre desalineado, buscavidas, que hasta hace unos años vendía vinos en damajuana en una camioneta en Arroyo Seco era la contracara de Laporta, ese catalán que vestía un traje Armani y había llegado al pueblo de 2.000 habitantes a 20 kilómetros al sur de Rosario, con un Audi negro blindado. El dinero y los negocios disimulaban las diferencias.
Gorosito le mostró el club que había construido la empresa Emprendimientos Deportivos, de Mariano Ayerza, yerno de Don Julio. Pasearon por el hotel cuatro estrellas, que hasta ese momento sólo había usado con su amigo y mano derecha Héctor Roberto. Le indicó a Laporta que el predio tenía siete canchas de fútbol de entrenamiento, todas iluminadas y un estadio con capacidad para 12.000 espectadores que podían disfrutar de los partidos sentados en butacas que había comprado en Madrid.
“¿Tienen muchos hinchas?”, preguntó el catalán. Grondona y Gorosito esquivaron el tema. De ciertas cosas no era necesario hablar, aunque tampoco esconderlo, sino hacerse el distraído.
Real Arroyo Seco no tenía un solo hincha; los socios que figuraban en el padrón eran todos truchos. Grondona necesitaba un nuevo Arsenal para canalizar negocios y el Gordo, su socio, debía limpiar mucho dinero. Años después, en un impasse de la audiencia en el juicio que Gorosito enfrentó en Resistencia, Chaco, donde fue condenado en 2015 a 19 años de prisión por narcotráfico, confesó: “Yo fui testaferro de Grondona. Era mi amigo”, apuntó.
"Yo trabajé para él, le llevaba jugadores a Arsenal. Incluso el Club Real Arroyo Seco era de él. Era de Julio Grondona. Cuando se lo vendí a Rosario Central, en 16 millones, la plata se la llevó él y yo me quedé con algo", contó. Gorosito, además, admitió haber llegado a manejar "108 jugadores".
El plan original de Gorosito no era construir ese predio donde hoy entrena Rosario Central, sino quedarse con el Atletic de Arroyo Seco, el club histórico de la zona, donde habían jugado al fútbol los hijos de Gorosito. El Gordo se presentó como candidato en 2002. Prometió que iba a construir un estadio y que el club iba a llegar al Argentino A, gracias a la mano que le iba a dar su amigo Don Julio, pero perdió por seis votos.
El plan B era comprar un predio cerca del templo de los Testigos de Jehová, a unas cuadras de la autopista Rosario-Buenos Aires para construir su propio club. Y así lo hizo. Ahora se terminaba otra etapa. Hacer circular del dinero del verdadero negocio que había tejido con el abogado Carlos Salvatore, que era el contrabando de cocaína a Europa. Habían comenzado en 2005, y todo iba de sobre rieles.
Con la chapa del Barcelona y de Laporta, y la infraestructura del Real Arroyo Seco, comenzaría la fábrica de jugadores para ubicar en Europa. Ya tenía 108, que eran –según Roberto- “diamantes en bruto”. Junto a Laporta estaban otros pesos pesados, como Txiki Beguiristan, director deportivo del Barza que después recaló en el Manchester City y Albert Perrín, quien vinculó a Laporta con los clubes del este europeo. Y también estaba Lionel Messi, disfrazado con la camiseta del Real Arroyo Seco, que en la parte de adelante tenía la publicidad de Katrina, el restaurante que Carlos Salvatore, el jefe de la banda narco Carbón Blanco, había comprado en Miami.
En sólo cuatro años, Gorosito vendió el club que había construido. En junio de 2008 traspasó el predio de 21 hectáreas a Rosario Central por 16.100.000 de pesos. El diario La Capital publicó por aquellos días que el acercamiento entre Gorosito y el entonces presidente "canalla" Horacio Usandizaga lo había tejido el ex jefe de la policía de Santa Fe Ricardo Milicic.
Leer más ► Cambios en la cúpula de la URI: asume Martín García y Marcela Muñoz se hará cargo de la policía vial
Los tres protagonistas de esta trama están muertos. Julio Grondona falleció el 30 de julio de 2014. Gorosito partió cuatro años después. Y Salvatore murió en la cárcel de Ezeiza de un problema en el corazón.
A mediados de setiembre de 2015 el tribunal oral federal de Resistencia condenó a 19 años de prisión a Gorosito y a 21 a Salvatore. En uno de recesos, antes de escuchar la sentencia, Gorosito tiró la “bomba”, con la certeza de que Don Julio no podría tener ninguna represalia contra él.
Nunca se entendió a qué apuntó la confesión periodística de Gorosito. Si escondía una estrategia porque lo investigarían por lavado de dinero, como ocurrió con Salvatore.
Con lo que se llamó Carbón Blanco, Gorosito y Salvatore fueron durante 10 años los principales traficantes de droga de la Argentina. Los cargamentos de una tonelada de cocaína salían de los puertos de Rosario, Buenos Aires y Campana. La justicia argentina logró detenerlos, luego de que España y Portugal descubrieran que Gorosito y Salvatore enviaban cocaína en cargamentos de carbón vegetal que salían desde una planta en Quitilipi, Chaco. Desde allí la droga venía a Rosario y luego salía por barco.
Leer más ► Juego clandestino: una causa que expone la descarnada relación del dinero sucio con la política
Uno de los arrepentidos de esta banda en Portugal declaró que a la banda le pagaban con el 10% de la cocaína “exportada”. Es decir, si salían 1.000 kilos quedaban 100 kilos en Santa Fe. Por eso se sospecha que el estupefaciente que movía este hombre obeso de Arroyo Seco sirvió para proveer durante una década a todos los grupos de Rosario y la zona, y a otros grupos pesados del país, como Deflín Castedo.
Tras desprenderse de su “sueño”, el Real Arroyo Seco, los negocios de Gorosito tomaron otro rumbo, apuntaron hacia el norte. Compró un campo de 3.800 hectáreas en Suncho Corral, Santiago del Estero, para producir carbón vegetal.
Pero en Santiago del Estero, Gorosito no abandonó su pasión por el fútbol, algo que le servía supuestamente (como se investiga ahora) para lavar dinero. En 2011 desembarcó en el club Atlético Mitre, donde era una especie de “manager” en las sombras. Vendía sus contactos con Grondona y ofrecía jugadores importantes para la categoría zonal.
El fútbol lo hacía visible, importante, en ese pueblo pobre de 13.000 habitantes. Lo “invisible” iba dentro de los cargamentos de carbón que exportaba a través de la empresa Agroforestal.
Temas
Te puede interesar




