La participación plena en la escuela de los niños con discapacidad y otros trastornos del desarrollo, especialmente la de aquellos casos que presentan mayores desafíos, tiene un actor fundamental: el acompañante terapéutico. Se trata de un profesional que interviene en la vida cotidiana de los chicos desde un abordaje psicoterapéutico y en equipo con otros profesionales de la salud también involucrados en sus tratamientos.
“Nuestra función es una construcción que no se puede determinar a priori, sino que se va realizando con la persona acompañada y su situación particular. Si bien tenemos datos e información previa que nos orienta, en un principio el objetivo principal es establecer el vínculo acompañante-acompañado. Luego sí se puede comenzar a trabajar en la estrategia por la cual se pensó nuestra inclusión”, explican los técnicos en Acompañamiento Terapéutico, Malena Arlettaz, Melisa Busca, Evelyn Siboldi y Ángel Sebastian García en diálogo con AIRE.
En el aula, hacer equipo
La figura del acompañante terapéutico cobra protagonismo en la escuela, donde se suman a los equipos que asisten a niños y jóvenes con discapacidad a partir del pedido de sus familias, de un profesional de la salud como un neurólogo o psiquiatra o de las escuelas a las que asisten.
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“Destacamos que no estamos formados para suplir las funciones pedagógicas, no somos maestros de educación especial ni psicopedagogos, tampoco somos cuidadores. Nuestras funciones están comandadas desde un abordaje psicoterapéutico”, aclaran.
“En el acompañamiento terapéutico en el ámbito escolar —agregan— es muy importante la comunicación y el vínculo con las familias, ya que dentro de la escuela se inician o se da continuidad a estrategias y tácticas que luego se tienen que acompañar dentro del hogar. De esta manera se pueden reforzar y así lograr movimientos y otras formas de transitar la trayectoria escolar”.
Con respecto al dentro del aula, los profesionales explican que las actividades se construyen en equipo —acompañante, escuela, docente, profesionales que acompañan al niño y escuela especial— según las demandas y necesidades de cada alumno. En un inicio se plantea el encuadre, en donde se presentan los objetivos que más tarde se plasman en un plan de tratamiento que establece días, horarios, incumbencias y límites.
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“Especialmente con los docentes se da un trabajo cercano, ya que compartiremos más tiempo, actividades e intervenciones. La docente de grado es quien está en contacto diario con el niño o adolescente que acompañamos y es quien puede observar diversas cuestiones que puedan ir surgiendo con relación a su aprendizaje y también a lo relacional con sus compañeros”, destacan.
Un marco necesario para la profesión
A pesar de tener un rol tan relevante en la vida cotidiana de los niños y jóvenes con discapacidad, dentro y fuera de la escuela, la actividad de los acompañantes terapéuticos no está regulada. Por esta razón, diversas organizaciones nuclean a los profesionales que la ejercen con el objetivo de lograr reglamentaciones que regulen su trabajo. En el caso de Malena, Melisa, Evelyn y Ángel, ellos forman parte de la organización Acompañantes Terapéuticos Autoconvocados de Santa Fe (Atasfe).
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Entre los puntos destacados de su reclamo, los acompañantes apuntan a la necesidad de estar incluidos en el nomenclador nacional como profesionales de la salud. Al respecto, García explica: “A diario vemos que las obras sociales mal informan a las familias y solicitan otros profesionales como psicólogos, terapistas ocupacionales o psicopedagogos para llevar a cabo el acompañamiento con la excusa de que, de lo contrario, la prestación no será autorizada. Esto se debe a que los técnicos en acompañamiento terapéutico no estamos inscriptos en la Superintendencia de Servicios de Salud, ni incluidos en el nomenclador de prestaciones básicas de discapacidad, por lo cual el dinero de nuestros honorarios tiene que emanar de las mismas obras sociales y no de la Superintendencia, como en los otros casos”.
Otro punto importante que se exige por parte de los profesionales es el que establece como requisito para el ejercicio de la actividad el título terciario o universitario habilitante. La Ley N° 13.970 de “Regulación del Ejercicio de la Actividad Técnica de Acompañante Terapéutico” fue sancionada por la Legislatura santafesina en noviembre de 2019 y publicada en el Boletín Oficial en febrero del 2020 determina esta condición; sin embargo, aún no está reglamentada por lo que no tiene operatividad práctica ni puede desplegar todos sus efectos y alcances jurídicos.
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“No estamos hablando de un trabajo de cuidador, sino de un trabajo de salud mental profundo, nosotros estamos luchando para que todos se profesionalicen y se capaciten”, explican los acompañantes.
“En muchos lugares -alertan- se dan cursos o diplomaturas de solo tres meses cuando nuestra carrera es de, como mínimo, tres años y tiene un nivel universitario. Por eso hacemos mucho hincapié a las familias en que busquen técnicos universitarios o licenciados en acompañamiento terapéutico. Estos son los profesionales que verdaderamente van a poder dar respuesta a lo que los chicos necesitan”.
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