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Economía trabajadores | inflación | salarios

Los trabajadores privados perdieron $13 millones en los últimos ocho años

Fueron al ancla inflacionaria estable gobierne quien gobierne y hoy un 35,8% de los trabajadores públicos y privados están debajo de la línea de pobreza.

Varios informes de Centros de Estudios y monitores estadísticos privados señalan un dato que amerita algunas interpretaciones, pero no cualquiera. El salario promedio del sector de trabajadores privados -que a duras penas se sostenía colgado de la línea de pobreza, que con paritarias sin techo corría detrás de la inflación- está en su peor momento desde el año 2002, desde el fin de la convertibilidad, que produjo un estallido social que hoy parece lejos de manifestarse, para felicidad y asombre del presidente y los funcionarios que están poniéndole el gancho a un ajuste votado y feroz.

En el mes de febrero y medido por el INDEC, el salario formal registrado fue de $619.007,5, mientras que la canasta básica para un hogar compuesto por dos adultos con 2 hijos menores alcanzó los $690.901,75. Dos aclaraciones importantes: cuando decimos salario formal registrado estamos dejando afuera -y con un promedio salarial aún menor- a 5.613.000 personas (el 43,3% del total de puestos laborales) y cuando decimos canasta básica, excluimos del costo servicios y alquileres, lo que dramatiza el cuadro de situación social que presentan las cifras difundidas por la “Cuenta de generación de ingreso e insumo de mano de obra” del organismo estadístico estatal.

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Según sondeos de la firma WTW, los empresarios tienen contemplados aumentos salariales del 180% contra una inflación del 192/200% para 2024.

Según sondeos de la firma WTW, los empresarios tienen contemplados aumentos salariales del 180% contra una inflación del 192/200% para 2024.

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Está claro que casi todos en este país están al tanto de esos valores, ya sea porque los pagan o los perciben, pero hay un dato no tan difundido y que sirve para estimar de manera indirecta “cómo reconocen los países a quienes generan las riquezas vendiendo su fuerza de trabajo”. Dejemos al INDEC en paz por un momento y relevemos el informe publicado hace menos de una semana por la consultora Focus Market. En ese trabajo se concluye que el ingreso medio -no promedio sino el salario más común, el que más se percibe por parte de los y las trabajadoras en una economía determinada- es de USD 196 ($175.224 al último cierre del oficial); para el ingreso per cápita santafesino las cifras están por debajo del promedio nacional con USD 143,55 ($138.382,2), es decir que está por debajo de la línea de indigencia para el mismo mes en que se publicó el estudio ($290,149,86) y la comparación es vergonzosa si lo medimos contra la línea de pobreza ($684.753,66).

Este es salario medido en dólares más bajo desde 2015 y representa mucho menos que la mitad del que registran la economía brasileña (USD 574), la chilena (USD 580) y la uruguaya (USD 810), en una comparación gruesa que por supuesto excluye el costo de las canastas alimentarias y el costo de vida total en cada uno de ésos países y el tamaño y características de cada una de ésas economías tanto en términos productivos como financieros.

Y ya que hablamos de 2015 convendría recuperar dos testimonios de campaña, es decir previo a que los y las argentinas votaran un cambio (el primero, no el de ahora). Fueron anticipos de lo que iba pasarle a los salarios de los y las argentinas, en boca de Mauricio Macri y Jorge Triaca, quienes a la postre fueron presidente y Ministro de Trabajo. Macri decía que “hay que bajar los costos y los salarios son un costo más” (ya como presidente subiría la apuesta al decir “cada uno debería estar dispuesto a cobrar lo mínimo por lo que hace”); Triaca le confesaba a Carlos Pagni que “el salario promedio de Argentina está por encima del resto de Latinoamérica, tenemos el desafío de recuperar la competitividad que tiene el resto de los países”. ¿Cómo? Bajándolos tanto de hecho que -como bien señala Emanuel Álvarez Agis- no hace falta ninguna reforma laboral que precarice las condiciones de trabajo, no hace falta que el radicalismo parlamentario conducido por Rodrigo De Loredo profundice la pérdida de derechos contenida en la Ley de Bases original, sino que “la tarea sucia” ya está hecha.

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En el mes de febrero y medido por el INDEC, el salario formal registrado fue de $619.007,5, mientras que la canasta básica para un hogar compuesto por dos adultos con 2 hijos menores alcanzó los $690.901,75.

En el mes de febrero y medido por el INDEC, el salario formal registrado fue de $619.007,5, mientras que la canasta básica para un hogar compuesto por dos adultos con 2 hijos menores alcanzó los $690.901,75.

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Lo que hace falta para bajar salarios y fragilizar las condiciones y medio ambiente de trabajo no son leyes más flexibles, sino gobiernos permisivos, populismos rendidos ante la “correlación de fuerzas” y con escaso poder de fiscalización. Peores leyes hacen falta para ni siquiera pagar los costos de los juicios laborales que -como ya apuntamos en notas anteriores- comparados con los niveles de precarización vigentes, son pocos (400.000 contra 6,5 millones de informales) y baratos (la inflación y los tiempos de resolución de las demandas licúan las reparaciones).

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Para cerrar la línea de desarrollo anterior un recordatorio para el futuro: si hay dice que el salario es un costo y los costos se bajan, que tener salarios altos en dólares no es una ventaja sino una desventaja competitiva o que “primero hay que saber sufrir” no está fraseando un tango, sino que va a bajar los salarios de todos y todas (aunque no realmente pues los salarios de la clase política y los empresarios no fueron alcanzados por la licuadora); que va a homologar paritarias en línea o por debajo de la inflación imperante para garantizar una transferencia de recursos de los sectores que movilizan la economía a través del trabajo y el consumo los dos deciles más ricos del país que, calculada por el Mirador de la Actualidad, el Trabajo y la Economía (MATE) asciende a 1,1 billón de pesos, sólo considerando los efectos de la devaluación de diciembre 2023.

Luego cada uno elige libremente si pagar semejante precio, si “votar mejor para vivir peor”, está justificado por males superiores, tales como “el demonio populista” o lisa y llanamente “el monstruo estatista del peronismo y los sindicatos” que en el peor de los casos tampoco resuelven el atraso en los ingresos de los trabajadores, pero evitan que el país se convierta en un enclave colonial semi esclavista, pero en pleno siglo XXI.

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Las previsiones de las principales empresas del país (abroqueladas en la UIA entre otras gremiales patronales) es la de incrementos salariales del 180% contra una inflación proyectada en un 192%.

Las previsiones de las principales empresas del país (abroqueladas en la UIA entre otras gremiales patronales) es la de incrementos salariales del 180% contra una inflación proyectada en un 192%.

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2025 y sus elecciones de medio término quedan demasiado lejos como para establecer proyecciones serias, pero las previsiones de las principales empresas del país (abroqueladas en la UIA entre otras gremiales patronales) es la de incrementos salariales del 180% contra una inflación proyectada en un 192% y un 213%. Es decir que el retraso vuelve a estar prácticamente asegurado.

Porque la caída es prácticamente ininterrumpida desde 2015 pero no igual, desde entonces importa quién gobierna porque los efectos son producidos o “porque no se supo ni se pudo” o “porque precisamente ese era el plan”. Los y las lectores levantan manos y quejas: “porqué habría que haber votado por el que me ofrecía el ajuste menor o por el que me hizo perder menos”? Tienen razón, pero veamos las cifras que aporta MATE.

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Los últimos valores registrados por la serie y los datos presentados en la nota revelan que el salario que venía recuperándose desde principios de 2023 se desplomó desde las PASO.

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Nadie gana elecciones señalando estas cifras, pero lo cierto es que no hay ni 20 ni 30 años de caída ininterrumpida del salario, ni que todos los gobiernos fueron iguales. Sin contar la suba de salarios que verifica en los tres períodos kirchneristas, la pérdida de $13 millones desde 2015 (a razón de unos $300 mil por mes) no fue igual de vertiginosa en el gobierno de Macri (se perdieron 22 puntos contra la inflación), el de Alberto Fernández (se perdieron 9 puntos) y en los cinco meses que lleva Milei (24 puntos). Los últimos valores registrados por la serie y los datos presentados en la nota revelan que el salario que venía recuperándose desde principios de 2023 se desplomó desde las PASO (una pérdida del 28%) y hoy cayó por debajo de la línea de pobreza.

Pero como bien dice Alejandro Horowicz, “que ninguno de los competidores de 2019 -podríamos decir incluso 2015- siga en carrera, nos permite saber qué piensa la compacta mayoría” sobre los últimos dos ciclos de gobierno y explica sólo en parte porqué votó mayoritariamente por uno de los dos términos realmente existentes, amenazante y antiutópico pero novedoso en los términos en que el mercado político define la novedad últimamente: el que aún no tuvo la oportunidad de decepcionar y estropearlo todo.