A pocos días del 28 de abril (fecha en que se celebra el Día Mundial de la Salud y Seguridad en el trabajo) publicó un informe titulado “Garantizar la Seguridad y Salud en el trabajo en un clima cambiante”, afirma que el cambio climático -ese que según la ultrederecha anarco-capitalista no existe- afecta a más de 2.400 millones de trabajadores y trabajadoras (de una población activa total de 3.400 millones) que está expuesto al calor excesivo. Esto quiere decir que el 70,9% está afectado por éste factor de riesgo, que suele estar acompañado por otro que también implica exposición laboral: las radiaciones ultravioletas, que afectan a 1.600 millones (el 47% del total de la fuerza laboral del planeta).
Acerca de la mortalidad y las secuelas incapacitantes producidas por la exposición a calor excesivo, el informe señala que se pierden 18.970 vidas por año y que las 22,8 millones de lesiones atribuibles al calor generan la pérdida de 2,09 millones de años de vida de los y las trabajadoras afectadas.
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En el caso de las radiaciones UV, la OIT señala que producen más de 18.960 muertes anuales relacionadas con diferentes tipos de cánceres de piel. Ya a fines de 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS), estimaba que 1 de cada 3 muertes por cáncer de piel no melanomatoso que se registraba a nivel mundial, se debía al trabajo que realizan expuestos a sol directo y que el total de los expuestos en relación a la fuerza de trabajo mundial era de casi un tercio, un 28% de personas que se desempeñan en tareas tales como agricultura y ganadería, construcción, distribución y reparación eléctrica, pesca en altura, tareas portuarias, reparación de rutas y caminos, minería a cielo abierto y extracción de hidrocarburos.
El Director General de la OMS, Dr. Tedros Adhanom, asegura que “hay soluciones eficaces para proteger a los trabajadores de los rayos nocivos del sol y prevenir efectos letales, muchos de los cuales no son costosos, en muchos casos se trata de las reticencias de los empresarios para invertir en el principal recurso de las empresas, el que genera las riquezas con su trabajo”.
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Según un informe del INDEC, la construcción es la segunda actividad económica con mayor cantidad de trabajadores no declarados (467.000), expuestos al calor y las radiaciones UV, pero fuera de la prevención y cobertura del sistema de riesgos laborales.
Pero el trabajo también cuantifica la exposición y daños de otros factores de riesgo que podrían considerarse del medio ambiente de trabajo. Tales como los Fenómenos Meteorológicos Extremos, que afectan a bomberos, personal médico, personas que participan en tareas de limpieza, trabajadores agrícolas y de pesca; que entre 1970 y 2019 produjeron 2.06 millones de fallecimientos.
Otro de los factores calificados en el informe es la Contaminación del aire en los lugares de trabajo, que produce 860 mil muertes anuales y al que están expuestos 1.600 millones de trabajadores y trabajadoras que realizan sus tareas al aire libre. También se señalan como factor de riesgo agravado por el cambio climático, las Enfermedades Transmitidas por Vectores, tales como el paludismo, la enfermedad de Lyme (infección bacteriana por picadura de garrapatas), la equistosomiasis, el chagas y el dengue. Este último con un brote de particular en nuestro país, que acumula al cierre de ésta nota 315.942 contagios y 228 muertos, muchos de los cuales se produjeron por exposiciones vinculadas a las zonas de labor o los traslados desde o hacia los lugares de trabajo.
Hace poco más de un año, con poco más de 93.000 contagios y 56 muertes (muchísimo menos de lo acumulado en los primeros cuatro meses del año) publicábamos en AIRE una nota sobre la posibilidad de denunciar contagios como enfermedad profesional no listada.
Cambio climático: la culpa es del otro, pero el problema es de todos
Pasa algo notable con las ideologías ultracapitalistas y neoliberales: sus líderes (Trump, Abascal, Le Pen, Milei) niegan responsabilidad alguna de las formas extractivas y productivas capitalistas –no hay otras para culpar desde 1989– y con ellas la de las empresas que producen niveles de contaminación que afectaron gravemente los patrones climáticos a través de la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), el desmonte de tierras y bosques y la contaminación con pesticidas que generan nuevos desiertos.
Pero sus votantes todavía responden a estímulos del ambiente, no niegan el cambio climático y pueden señalar como indicadores directos a varios de sus efectos más perceptibles: el calentamiento global, la proliferación de sequías, inundaciones y tormentas catastróficas, la escasez de agua o la disminución de especies en diferentes ecosistemas, más o menos próximos.
Según una encuesta realizada en 2023 por las consultoras Voices! y Win International (que encuestaron a casi 30.000 personas en 36 países, incluida la Argentina), nuestro país está al tope entre los que manifiestan preocupación por el cambio climático como un amenaza para la humanidad, con un 85% de los encuestados.
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Según la OIT, el 70% de los trabadores del mundo está en peligro por la incidencia del cambio climático.
Dato: el 45% de esa cifra cree que ya es demasiado tarde para revertirlo y que vamos hacia una catástrofe inevitable. Chiste: tal vez eso explique el cortoplacismo de la clase política y cierta propensión general a “reventarse contra el presente” o a consumir periodísticamente títulos y bajadas, sin llegar a leer consideraciones como ésta.
También en estas columnas hemos señalado que el sistema de riesgos del trabajo argentino ya contempla muchos de los riesgos agravador por los fenómenos asociados al cambio climático, pero como riesgos físicos del ambiente de trabajo en unidades productivas.
De todos modos, en el Relevamiento General de Riesgos Laborales (RGRL) que debe presentar cada empleador ante la ART -y éstas a su vez ante la Superintendencia de Riesgos del Trabajo- la exposición a temperaturas elevadas o muy bajas, a rayos ultravioletas u otro tipo de radiaciones no ionizantes, debe ser declarada y tiene el peso de una declaración jurada.
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Cierto es también que muchas de las actividades que mencionamos como de alta exposición a esos factores de riesgo tienen una altísima tasa de trabajo no declarado (que deja a miles de trabajadores y trabajadoras fuera de toda política preventiva exigible o reparación legal por accidentes o enfermedades).
Según un informe del INDEC, fechado el 15 de febrero pasado, en Agricultura hay 588.000 personas no declaradas (64%), en Construcción hay 467.000 (47%), la explotación de canteras totalizaba 14.000 en condiciones de informalidad laboral y el sector pesquero unas 3.000.
Otro dato no resuelto por la legislación vigente en la materia son los umbrales de exposición ocupacional o laboral para tareas al aire libre, es decir cuánta carga de calor o radiaciones es razonable para el desempeño continuo o alternado de tareas, sin dañar la salud de los y las trabajadoras. Algunas actividades que suponen exposición a radiaciones UV naturales o artificiales, están listadas en el decreto 658/96 de enfermedades profesionales, pero queda pendiente resolver -además de definir medidas preventivas vinculadas con los Elementos de Protección Personal, descansos e hidrataciones o revisiones médicas periódicas- cuál es la carga admisible de exposición ocupacional.
No hay plata
En el marco de una recesión descomunal –que el FMI cifra con una caída del PBI del 2,8% y una inflación promedio del 249.8% y a la que se agrega una caída interanual de la actividad industrial del 11,9% y del consumo del 19% en marzo–, los gastos en prevención de accidentes y enfermedades de las empresas comienzan a reducirse drásticamente.
“Cuando la recesión y el ajuste en las empresas entra por la puerta, las condiciones de salud y seguridad son arrojadas por la ventana”, asegura Lorenzo Gómez, presidente del Colegio de Seguridad e Higiene de la Provincia de Buenos Aires; pero si además el presidente cruza a la OIT (un organismo supranacional del cual Argentina es socio fundador en 1919) con dos de sus salidas clásicas: “No hay plata” y “el cambio climático es un invento de los zurdos para recaudar impuestos y financiar agendas socialistas”, el cuidado de la salud de los y las trabajadoras deja de ser un imperativo categórico real y pasa a ser una postura declamativa, ideal para semanas como esta en donde las desideratas de organismos públicos y privados seguramente inundarán redes sociales.