Sandra Myrna Díaz nació el 27 de octubre de 1961 en Bell Ville, provincia de Córdoba, y se convirtió en una de las referentes más destacadas de la ciencia a nivel mundial. Sus investigaciones acerca de la importancia de la biodiversidad y el rol funcional de las plantas en el cambio climático la llevaron a ganar un reconocimiento internacional extraordinario.
De Córdoba al mundo
La Dra. Díaz inició su carrera en la Universidad Nacional de Córdoba, donde obtuvo un doctorado en Ciencias Biológicas con honores. Posteriormente, realizó investigaciones en Inglaterra y se unió al Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), liderando evaluaciones de ecosistemas sudamericanos. Junto a un distinguido equipo de trabajo y al exvicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, obtuvo el premio Nobel de la Paz en 2007.
Su amplia trayectoria incluye innumerables iniciativas internacionales con foco en la pérdida de vegetación y sus consecuencias devastadoras para el cambio climático, así como múltiples premios y reconocimientos.
Fue la primera argentina en ingresar a la Academia de Ciencias de Estados Unidos y Francia y se sitúa hoy entre el 1% de científicos más citados, según Web of Science.
Participa también en la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) creada en 2012 con el objetivo de “fortalecer la interfaz científica-política en biodiversidad y servicios ecosistémicos para la conservación y uso sostenible de la biodiversidad, la salud humana a largo plazo y el desarrollo sostenible”.
Además, Díaz sigue representando a su alma mater, donde aún se desempeña como Investigadora Superior y docente. Desde allí, dirige el núcleo internacional de científicos Diversus, dedicado a generar conocimiento de alta calidad en temáticas de ecología y sustentabilidad, buscando contribuir a problemáticas socialmente relevantes y con énfasis en Latinoamérica y el Caribe.
La función de las plantas
El principal aporte de Sandra Díaz en materia científica fue describir y demostrar que la importancia de las plantas radica principalmente en sus rasgos funcionales, los cuales ha catalogado para unas 200.000 especies. Estos rasgos permiten medir el rol funcional que cumplen las plantas en ecosistemas, permitiendo predecir, en gran medida, qué funciones se pierden al eliminar o reemplazar la vegetación.
Estas funciones se conocen como “servicios ecosistémicos” o, como prefiere Díaz, “contribuciones de la naturaleza a las personas”, los cuales se agrupan en:
- Materiales, relacionadas directamente a la producción de materias primas.
- Inmateriales, vinculadas a la calidad de vida de las personas y la sociedad.
- De regulación, aquellas que sostienen o modifican indirectamente a las demás, tales como el ciclado de nutrientes o la regulación de la temperatura.
Sus hallazgos sobre los roles funcionales de las plantas revolucionaron la ecología al complementar la visión clásica de la biodiversidad, cuyo foco estaba en la riqueza de especies.
Esto contribuyó a predecir las consecuencias del deterioro ambiental, y a optimizar iniciativas para contrarrestar sus efectos. En 2019, recibió un premio Princesa de Asturias por sus aportes científicos en materia de biología vegetal y cambio climático.
El año pasado, durante su discurso en el Festival Internacional de Ciencia "Passion for Knowledge", destacó: “Para la mayoría de las personas las plantas son sólo un telón de fondo, existe una ‘ceguera vegetal’” y agregó: “Las plantas son la base de nuestra supervivencia física, son nuestro alimento, la base de las economías y también de nuestra cultura e identidad”.
Mujeres, ciencia y cambio global
Díaz fue destacada como personalidad de la ciencia y “guardiana de la diversidad” por la revista científica Nature en 2019, en un listado de diez personas que incluyó a la ecologista Greta Thunberg, con la cual comparte su dedicación a la concientización sobre el cambio climático y la demanda de respuestas efectivas ante la crisis global.
Durante 2022, en diálogo con ONU Mujeres, la Dra. Díaz habló sobre su perspectiva acerca del impacto del cambio climático sobre la población general, y en particular sobre las mujeres. En la misma, mencionó la inequidad entre quienes contribuyen al deterioro ambiental, y quienes deben sufrir sus consecuencias, principalmente “las mujeres pobres, ancianas, niñas, y las encargadas de las tareas de cuidado”.
A su vez, destacó la labor de otras científicas en campos de la ciencia como la restauración de ecosistemas, las soluciones basadas en la naturaleza, el desarrollo de tecnologías de eficiencia energética, entre otras.
Díaz reconoce que, si bien se ha consolidado la participación femenina en todas las áreas del conocimiento, existe todavía una gran desigualdad en el acceso a puestos de mayor jerarquía.
Claves a futuro: el tapiz de la vida
En 2022, Díaz publicó en la revista Science una serie de reflexiones de cara al futuro del planeta. La idea central es un llamado a pensar la vida como un entramado, un tejido, un tapiz. Esta visión propone situarnos como humanidad dentro de ese entramado, exponiendo nuestra dependencia directa con el resto del mundo vivo y nuestra influencia hacia él.
Lejos de ser una mera metáfora poética, Díaz considera que este concepto podría contribuir a un cambio en el diseño de políticas públicas y estrategias orientadas a que las sociedades vuelvan a tejer este tapiz, enfocándose en las conexiones entre la producción, el consumo y la manera en que nos relacionamos con los ecosistemas.
En sus palabras, “una metáfora útil, oportuna y viable para facilitar el cambio transformador”.
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