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Ciencia

Volvieron de la Nasa y hablaron con Aire Digital: “Nunca pensamos que iba a ser así”

Albertina Risso y Santiago Ciprian fueron seleccionados por la Nasa para viajar al impresionante campamento espacial que tienen en Huntsville, en Alabama (Estados Unidos). Los jóvenes santafesinos vivieron de todo en una semana inolvidable. Realizaron misiones espaciales, vivieron la noche de Saturno y experimentaron lo que es la gravedad cero, entre otros desafíos.

Por Astrid Galetti

“Cohetes”, dice Santiago que es lo primero que vio cuando llegó al Space Camp de Huntsville, en Alabama (Estados Unidos). “Un cartel enorme con un astronauta”, agrega Albertina. Y Santiago insiste: “Y atrás, un montón de cohetes”.

Santiago Ciprian y Albertina Risso fueron seleccionados por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa), para viajar a uno de los campamentos que la agencia espacial estadounidense tiene en el sureste de ese país.

Los chicos vivieron una semana como verdaderos astronautas junto a otros estudiantes adolescentes de Australia y Costa Rica.

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El 22 de septiembre al mediodía, Santi y Alber (como los llaman sus amigos) pusieron un pie en el Space Camp y fueron sorprendidos por un scanner que les repasó el rostro para poder hacerles un seguimiento individual a cada uno durante toda la estadía. Esto era sólo el comienzo.

Space Camp. Alabama, Huntsville (EE. UU.)
Space Camp. Alabama, Huntsville (EE. UU.)

“Al final del campamento, cuando querías comprar tus fotos, sabían exactamente quién eras por ese escaneo que te habían hecho al principio y te daban tus fotos”, cuenta Santi queriendo transmitir la misma sorpresa que él se llevó en ese momento.

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Albertina Risso y Santiago Ciprian en Aire de Santa Fe. Foto: Gonzalo Gorosito.
Albertina Risso y Santiago Ciprian en Aire de Santa Fe. Foto: Gonzalo Gorosito.

 

Divididos en grupos, junto a sus otros 48 compañeros argentinos, se les asignó sus “hábitats”, (las habitaciones) y se les fijó un mentor.

“Las habitaciones eran chicas, a lo militar”, dice Santi. Sin embargo, el campamento era enorme. “Como el polideportivo de avenida Galicia, el CEF”, compara y luego de hablarlo con Alber explica que tenía unas seis cuadras. La inmensidad del lugar les hizo perder las nociones del espacio ya que en el frente no había más que árboles.

“Al lado había un bosque que se llamaba Área 51 y otro espacio verde más en donde se practicaban actividades relacionadas a la aviación”, cuenta Alber. “Ahí hacíamos desafíos”.

Uno de los uniformes que usaron durante el campamento de la Nasa. Foto: Gonzalo Gorosito.
Uno de los uniformes que usaron durante el campamento de la Nasa. Foto: Gonzalo Gorosito.

Las actividades comenzaban a las 7 de la mañana, tras un desayuno americano, y terminaban pasadas las 23. La luz después de ese horario no se encendía más.

“Tenías hasta las 23:20 para bañarte. Si no llegabas ¡chau! A dormir. No podías ni secarte el pelo porque hacía ruido y había chicos de Costa Rica que se acostaban a las 20”, cuenta Alber.

A lo que Santi agrega: “Cinco minutos antes pasaban y te decían ‘guys, five minutes’”.

A Santiago le tocó compartir su habitación con dos argentinos y dos australianos. Uno de ellos eligió dormir en el ropero por tres noches. “Durmió en posición fetal tres noches”, cuenta con sorpresa y aclara que después, desde la dirección, le pidieron que no lo hiciera más.

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Por las mañanas, lo primero que hacían era tomar un vaso de agua. Literalmente, los obligaban. Había frutas en abundancia. Si bien el desayuno era americano, había opciones para los que preferían comenzar el día con tostadas y café.

 

Los días se dividían en charlas informativas sobre las misiones que iban a realizar y por la tarde, la acción.

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Las actividades se basaban el compañerismo, la amistad, la confianza, el trabajo en equipo y la comunicación.

“Hubo una actividad con la tirolesa en el Área 51. Nos pasábamos entre nosotros tablones para ir formando un camino sin soltarnos. Eran actividades difíciles”, relata Albertina.

Una de las actividades en el Área 51. Trabajo en grupo para pasar con dos tablas a 3 superficies distintas, sin tocar el piso.
Una de las actividades en el Área 51. Trabajo en grupo para pasar con dos tablas a 3 superficies distintas, sin tocar el piso.
Albertina y sus compañeros realizando una actividad para fomentar el trabajo en equipo en el Área 51.
Albertina y sus compañeros realizando una actividad para fomentar el trabajo en equipo en el Área 51.

 

Los campistas realizaron tres misiones importantes y llenas de adrenalina. Un viaje a la Luna, la misión Discovery y la ida a Marte. De las tres, el viaje a Marte fue el más largo.

Previo al desarrollo de las misiones recibían estrictas instrucciones para cada rol que iban a ocupar y luego, los largaban.

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“En cada misión tenías un rol”, dice Albertina y explica: “Podías ocupar la base, la nave, ser investigador o hacer experimentos. En la misión de la Luna trabajé como Mission Specialist, en donde me encargaba de fijarme cómo estaba el tiempo, de analizar la tierra de la Luna y hacer experimentos. Por ejemplo, tuvimos que hacer la pasta de dientes de un alien, todo con los químicos que estaban ahí. Tenías un cuaderno con las instrucciones”.

Albertina durante la misión a Marte, que duró 3 horas. Su rol fue el de Mission Specialist.
Albertina durante la misión a Marte, que duró 3 horas. Su rol fue el de Mission Specialist.

“También podían ocurrir desastres médicos”, agrega Santiago.

“En cada misión podía pasar un “ghost” (un mentor fantasma) y vos tenías que hacer como que no lo estabas viendo. Te decía al oído o te daba un papelito que te decía ‘empezas a sentir un dolor de cabeza, te cuesta respirar, te duele el pecho, desmayate’. Tenías que actuar exactamente. Tus compañeros le comunicaban luego al médico, el médico le decía al comandante qué tenía que hacer, y el comandante le comunicaba a tus compañeros para que te traten. Si lo hacían mal, tenías que permanecer así o podías ‘morir’. Por ejemplo, un compañero perdió el brazo derecho en una misión porque lo tratamos mal. Otro quedó medio mal porque el médico se confundió y nos dijo que le inyectemos algo que no era”, cuenta.

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Santi aprendiendo a despegar un avión.
Santi aprendiendo a despegar un avión.

La actividad favorita de Santi fue, además de cuando estuvo colgado de los arneses como flotando en el espacio, la noche en la que observaron a Saturno.

“Fue una de mis noches favoritas, el miércoles”, dice.

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Santi Ciprian: “Con un arnés quedábamos flotando a unos metros del piso y en frente nuestro teníamos lo que simulaba ser una estación espacial. Te daban una serie de consignas y herramientas para trabajar y vos tenías que hacerlo, pero todo esto con el esfuerzo de estar flotando. Además las cosas se te podían caer y las perdías en el ‘espacio’”.

Santi Ciprian: “Con un arnés quedábamos flotando a unos metros del piso y en frente nuestro teníamos lo que simulaba ser una estación espacial. Te daban una serie de consignas y herramientas para trabajar y vos tenías que hacerlo, pero todo esto con el esfuerzo de estar flotando. Además las cosas se te podían caer y las perdías en el ‘espacio’”.

Albertina durante la misión Discovery. Su puesto fue el de EECOM (médica de emergencias).
Albertina durante la misión Discovery. Su puesto fue el de EECOM (médica de emergencias).

“Otra cosa impresionante con el tema de la astronomía fue el planetario ¡Fue una locura! Fue el día uno a la noche”, agrega Santi que, sin dudas, tuvo un inicio inolvidable cuando vio la inmensidad del Universo en sus retinas esa primera noche en Alabama.

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A Albertina, sin embargo, la actividad que más le gustó fue experimentar la gravedad cero. Para esto, los equipos descendieron diez metros bajo el agua con un equipo completo.

Albertina experimentó la gravedad cero a diez metros bajo el agua.
Albertina experimentó la gravedad cero a diez metros bajo el agua.

“Fue una actividad para simular la gravedad cero. Entrabas con el tubo de aire, la máscara de oxígeno y los antiparras”, cuenta Alber. Una vez debajo del agua, tomaban una bola de bowling y la arrojaban hacia arriba, pasándosela de mano en mano.

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“Antes te daban una charla para que sepas qué hacer si te dolían los oídos por ejemplo, porque ese era uno de los problemas, la presión en los oídos”, revela Santi.

 

Los jóvenes no sólo hicieron un montón de amigos, sino que se sintieron tratados con “dulzura” en las frías instalaciones de la agencia espacial.

Dice Albertina: “Después de estar allá una semana, hablando todos los días de eso, sentí que me acerqué mucho más al tema. Antes quería estudiar medicina, pero después de tener la charla de medicina espacial quedé enamorada de la carrera. No sabía si me iba a gustar tanto pero cuando caí ahí y vi lo enorme del campamento, cómo estaba toda la gente muy empeñada en su trabajo, cómo te explicaban con dulzura… ¡Me encantó! Estaban muy comprometidos. Querías seguirlos escuchando y aprendiendo. Llegaba la noche y con la linterna me ponía a leer un libro que nos daban con las explicaciones sobre, por ejemplo, cómo armar robots”.

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Albertina, apasionada por el aprendizaje, se inscribió a más becas para seguir teniendo oportunidades inolvidables de estudio. Foto: Gonzalo Gorosito.
Albertina, apasionada por el aprendizaje, se inscribió a más becas para seguir teniendo oportunidades inolvidables de estudio. Foto: Gonzalo Gorosito.

Por su parte, Santi –tan inquieto sobre su futuro como estudiante- cuenta que la experiencia lo orientó mucho. “Volví mucho más cercano a la ingeniería informática, de todas las carreras que me gustan y sobre las que tengo que decidirme. El sistema con el que se manejaban era impecable”, dice convencido.

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Además, el viaje los enriqueció mucho culturalmente. Para esto, se prepararon previamente con charlas sobre intercambio cultural que les brindaron en Buenos Aires el Youth for Understanding (YFU) y la Embajada de Estados Unidos en Argentina.

 

“Yo lloré un poquito, ella lloró un montón”, dice Santi y se ríe.

Santi durante una actividad de trabajo en equipo en el Área 51.
Santi durante una actividad de trabajo en equipo en el Área 51.

 

Finalmente reflexiona: “Somos nada (a escalas galácticas). Ni siquiera algo del cuarto del tamaño del Sol pasa diz veces lo que es la Tierra ¡Imaginate el tamaño que tenés vos en la Tierra! En el planetario el primer día se me puso la piel de gallina, se me cayeron un par de lagrimitas porque el sentimiento que te da de inmensidad es increíble. El señor estaba ahí parado y nos decía ‘bueno, ahora viajemos a Júpiter’ y con un movimiento de dedo llevaba toda la pantalla a Júpiter y vos decías ‘loco no soy nada’ comparado con estos monstruos y te daban ganas de llorar. Una mezcla de emoción, de sentimiento de decir ‘soy diminuto’. Y de entendimiento también. Porque uno quiere entender todo por más que no podamos. Esta impotencia de decir quiero entender todo pero no puedo. Esto es una inmensidad, una locura. Cuando mostraban todo el firmamento visible vos decías ‘puedo estar hasta los 80 años acá y no voy a terminar nunca de verme todo’”. Y cierra, porque no le alcanzan las palabras para describir más lo que le pasó.

 

Roca lunar.
Roca lunar.
Saturno V, por Laurence Norah
Saturno V, por Laurence Norah
Cápsula del Apolo 16 (real). Una de las misiones a la Luna.
Cápsula del Apolo 16 (real). Una de las misiones a la Luna.

 

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