El telescopio Hubble, que estuvo en servicio durante más de 30 años en el espacio, no funciona desde hace varios días, según anunció la Nasa, indicando que continúa "trabajando para resolver el problema".
"El telescopio en sí y los instrumentos científicos gozan de buena salud", aseguró la agencia espacial estadounidense.
Pero la computadora que controla estos instrumentos "se detuvo el domingo 13 de junio" al final de la tarde, hora de Estados Unidos. Una prueba para reiniciarla falló al día siguiente.
Según las primeras indicaciones, el problema radicaría en un módulo de memoria dañado. También falló un intento de cambiar a un módulo de memoria de respaldo.
El sistema de esta computadora fue desarrollado en la década de 1980. Se encuentra a bordo de un módulo que fue reemplazado en 2009 durante una misión de mantenimiento al telescopio.
Hubble, lanzado en 1990, revolucionó la astronomía y nuestra visión del Universo, registrando imágenes del sistema solar, la Vía Láctea y galaxias lejanas.
Un nuevo telescopio espacial, el James Webb, se pondrá en órbita a finales de 2021. Presentado como el "hermano mayor" del telescopio Hubble, permitirá observar el Universo distante con una precisión incomparable.
El Hubble, rodeado de basura espacial y de impactos
Durante sus 30 años en órbita alrededor de la Tierra, el Telescopio Espacial Hubble de la Nasa/ESA ha sido testigo de la evolución de los vuelos espaciales, con un cielo cada vez más lleno de satélites, el lanzamiento de la Estación Espacial Internacional e impactos y explosiones que han dado lugar a nubes de desechos en rápido movimiento.
El propio Hubble ha sufrido el impacto de estos residuos, acumulando minúsculos cráteres en sus paneles solares, que dan cuenta de una vida larga y agitada en el espacio.
Aunque no sabemos exactamente cuándo tuvo lugar cada impacto, estos debieron producirse durante el periodo en órbita del conjunto de paneles. Así, en ellos se encuentran pruebas únicas de su actividad durante la estancia en el espacio.
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Los cráteres de impacto se estudiaron para determinar su tamaño y profundidad, pero también para buscar posibles nuevos residuos. Dado que se conocía la composición química de las células solares, los objetos impactados podrían haber dejado en los cráteres elementos o materiales extraños.
La presencia de metales como el hierro o el níquel sugerirían que un impacto era de origen natural: fragmentos de asteroides y cometas conocidos como micrometeoroides. Sin embargo, los cráteres encontrados en los paneles solares de Hubble contenían pequeñas cantidades de aluminio y oxígeno, indicadores claros de actividad humana en forma de residuos del encendido de motores de cohetes sólidos.
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El equipo de desechos espaciales, como parte de un esfuerzo mayor con socios tanto de la industria como del ámbito científico, fue capaz de identificar la forma y el tamaño de estos cráteres con modelos de encendido de cohetes de la época, y acabó encontrando una coincidencia entre los cráteres observados y los esperados.
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