Se cumplen tres años de aquel momento en el que el rover Perseverance de la NASA se posó sobre el planeta Marte. Lo hizo gracias a la colaboración de la ingeniera argentina, Clara O'Farrell, que diseñó un paracaídas supersónico que permitió que el robot pudiera descender sobre el planeta rojo sin dificultades el 18 de febrero del 2021 a las 17.55 horas.
Este rover Perseverance es el quinto rover que la NASA envía a Marte y el más sofisticado de la historia. Está en el planeta rojo realizando experimentos para prepararle el camino a los humanos que vayan a explorarlo en los próximos años.
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En California, desde donde O’Farrell siguió el amartizaje, eran las 13.55 horas. Ella se encontraba en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (NASA'S Jet Propulsion Laboratory), donde trabaja, cerca de Los Ángeles.
“Estábamos todos en el centro de control, y cuando nos enteramos que se había abierto el paracaídas no te cuento el alivio. ¡Salió todo bien! ¡No arruinamos la misión!”, le dijo O'Farrell a AIRE.
“La atmósfera de Marte es muchísimo menos densa que la de la Tierra, como 100 veces menos densa. En Marte no tenemos el lujo de poder desplegar un paracaídas lentamente, como los hacen, por ejemplo, las cápsulas de SpaceX cuando regresan a la Tierra. Si nosotros esperáramos a pasar la barrera del sonido… ¡sonamos! Crearíamos un cráter más en Marte”, explicó.
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Para la ingeniera, que trabajó desde el 2016 en la elaboración del paracaídas supersónico que permitió que el rover de la NASA se pose en Marte, la mejor imagen de la misión, al menos hasta hoy, es la del despliegue a la hora del descenso.
“Fue la primera vez que llevamos cámaras que estaban tomando fotos y videos del paracaídas. Las veces anteriores sabíamos que el paracaídas había funcionado porque habíamos aterrizado. Esta fue la primera vez que vimos al bebé en Marte. La primera vez que vi ese video estaba en casa y empecé a llorar”, relató.
La misión del rover Perseverance de la NASA y el paracaídas supersónico
El 30 de julio del 2020, en plena pandemia, la Nasa envió a Marte una importante misión para continuar con la exploración del planeta más prometedor para la ciencia espacial. El proyecto fue fruto de un trabajo de una década. El rover Perseverance fue a buscar rastros de vida microbiana, para lo que recorrerá más de 465 millones de kilómetros, según indicó a AIRE en una entrevista exclusiva el director de Diseño de Misión y Navegación y subdirector de Operaciones de Vuelo del proyecto Mars 2020 Perseverance de la Nasa, Fernando Abilleira.
El rover fue lanzado a bordo de un cohete Atlas V desde Cabo Cañaveral en Florida, Estados Unidos, a las 8.50 horas de Argentina. En California, donde trabaja la ingeniera aeroespacial argentina Clara O’Farrell, de 35 años, que formó parte del equipo que desarrolló el paracaídas supersónico que ayudó al amartizaje del rover, eran las 4.50 horas.
“Normalmente, muchos nos hubiéramos ido a Florida a ver juntos el lanzamiento. Nos hubiéramos juntado en algún café, pero por la pandemia tuvimos que estar todos en casa”, contó O’Farrell en un reportaje con AIRE.
“El lanzamiento fue muy temprano. Creo que me levanté a las 3.30 de la mañana ese día. ¡Unos nervios que no te cuento! Fue lindísimo”, agregó. La ingeniera, oriunda de Argentina, contó que siguió el despegue junto a su esposo y sus dos perros, mientras tomaba mate.
“Sabés que los que se ocupan de la fase de lanzamiento lo tienen todo muy claro e hicieron todo lo que tienen que hacer. Pero, por otro lado, el proyecto en el que venís trabajando hace casi diez años está, literalmente, arriba de una pila de combustible que vas a encender. Y, si sale todo bárbaro… estás camino a Marte, y si no, hasta ahí llegaste”, dijo entre risas.
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El rol de Clara empezaría siete meses después de ese momento, cuando el rover tenía que descender en tierra rojiza y, para eso, debía abrir su enorme paracaídas de 21 metros y medio de diámetro, en medio segundo. “Una vez que llegamos a Marte, la nave está yendo a una velocidad increíble, más o menos cinco kilómetros y medio por segundo y, de esa velocidad increíble, tiene que llegar a la superficie de Marte bajando la velocidad hasta menos de un metro por segundo para tocar tierra”, explicó la ingeniera.
Ese proceso de descenso dura siete minutos. La pieza clave está en desplegar un paracaídas muy grande cuando se está yendo a una velocidad más rápida que la del sonido. A esa operación, la controló el rover de forma automática. “Las señales tardaban 14 minutos en ir ida y vuelta de la Tierra a Marte. No había manera de estar con el joystick, como si estuvieras jugando a la Play, apretando los botoncitos”, explicó O’Farrell.
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“El paracaídas está hecho de nylon más que nada. Es un nylon muy parecido al que usas si tenés un rompe vientos. Y después, todas las partes de la estructura es kevlar, el material con el que se hacen los chalecos anti balas. Un material muy resistente y muy liviano”, detalló la ingeniera.
“El rover pesa más de una tonelada. Tiene, más o menos, el tamaño de un Fiat 1”, agregó.
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El rover lleva ya tres años en Marte buscando rastros de vida microbiana y realizando experimentos para prepararle el camino a los futuros astronautas que vayan a explorar el planeta.









